miércoles, 2 de julio de 2014

Sartre y Camus ....

A veces me encuentro con frases de Camus que me parecen de  una perfecta cursilería y que dudo que Sartre hubiese podido escribir (y esto lo digo en honor de Sartre). En cierta forma parecen darle la razón a éste cuando criticaba a Camus por ir siembre con un pedestal bajo el brazo (lo cual no significa que Sartre fuera ajeno al vicio pedestalario).

- "Conseguí amar de forma simultánea -y esto no es fácil- a las mujeres y a la justicia"

- "Estaba a la vez en armonía con la vida, adaptándome a ella completamente sin rechazar ninguna de sus ironías, de sus grandezas o de sus servidumbres"

9 comentarios:

  1. Pues si, estas afirmaciones de Camus bien podrían haberlas pronunciado Martina Klein o Eduardo Punset anunciando pan integral. ¿La cultura francófona es más proclive a la pomposidad que otras?
    Daniel G.Q.

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    1. Tine una indudable querencia al pedestal, sí...

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  2. Es curioso como la esencia del prejuicio consiste en enmascararse con la apariencia de veracidad, su disfraz es tan logrado y perfecto que ni el más sabio sabe reconocer y descubrir en sí mismo, si así no fuera no sería prejuicio, y no lo digo por Camus, que como todo el mundo sabe no era perfecto como nadie lo es.

    Es curioso también como usted, señor Luri, le sigue buscando defectos a Camus y comparándolo con Sartre que sólo son comparables porque hay quien se empeña en compararlos una y otra vez, en una constante, según mi parecer, reiteración en el error e intentando en la comparación salvar lo insalvable.

    Seguro que si sigue buscando encuentra más defectos porque seguro los tenía, cada uno tiene sus manías y sus prejuicios, y tampoco me refiero a las de Camus.

    Saludos

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  3. Con todos mis respetos Sr. Luri, Parece que los comentarios del anterior post sobre este controvertido binomio han hecho muy poca mella. Ni los más sabios se escapan de los prejuicios. ¿Se trata de ir buscando con lupa las frases menos brillantes del más brillane de los dos, y además sacadas de contexto? ¿A que viene comparar la alfombrilla por la que pisaba Camus con el pedestal nauseabundo de Sartre?

    Lean el libro “El peso de la responsabilidad” de Tony Judt dedicado a Léon Blum, Raymond Aron y Albert Camus. Nada de pedestales.

    Saludos.

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  4. No se me solivianten, y permitan que yo administre mis lecturas a mi antojo. Este antojo debe ser una de las libertades básicas del hombre. Y permítanme también en consecuencia, que sea yo quien se quede sorprendido o no por lo que se encuentra leyendo.
    Permítanme, incluso, que mi opinión sobre Camus no coincida con la del santo Judt.
    Y ya, puestos a pedir, permítanme de paso que les diga que Camus es un gran filósofo si ser un filósofo tiene algo que ver con ser buena persona. Pero si ser filósofo tiene que ver con una ambición teórica que no conoce la prudencia...

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  5. Le permitimos a usted lo que quiera y guste, señor Luri, faltaría más. Mi comentario no tiene nada que ver con eso, con permitirle o no permitirle nada, está usted en su casa y en su derecho y mi comentario está hecho, igual que el de Belart, con todos mis respetos, los mismos que usted expresa con nosotros. Esto no es más que una conversación civilizada, no una sociedad del mutuo elogio.

    A los filósofos les ocurre lo mismo que a cualquier ser humano que pretende empedrar el infierno con buenas intenciones, en este caso con la falta de prudencia o la soberbia del sabio que conduce siempre, repito, siempre, al desastre y la tragedia y casi a algo peor, al despropósito y al autoengaño que siempre encuentra excusas para sus crímenes.

    La bondad o la maldad personal de Camus y Sartre no son importantes fuera de las personas que los trataron. Ya sabe que muchos torturadores cuando finalizaban su jornada laboral se iban a sus casas para seguir siendo unos amantísimos padres de familia, ellos no encontraban ninguna contradicción entre su vida privada y sus deberes laborales.

    Esa falta de prudencia filosófica de Sartre que usted cita, para mí, lo sitúa al mismo nivel que a toda esa legión de sabios, estúpidos e imbéciles, con grandes CI, que cuentan sus éxitos intelectuales por millones de asesinados.

    Saludos

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  6. Está usted en su casa Sr. Luri, y con todo el derecho, faltaría más. Con sus lecturas, sus opiniones y sus antojos. Sin embargo, desde el momento en que las comparte y permite que coincidamos, disintamos o aportemos otros puntos de vista o ampliemos los que usted expone, también forma parte del juego poder soliviantarse mientras sea educadamente y con cordialidad, como bien decía en otro post el Sr. Eusebi Carbó.

    Dejando de lado las diferencias personales y morales de ambos, mi parecer es que Sartre era un filósofo que además narraba, mientras que Camus era un narrador que filosofaba, lo cual no quiere decir que le dé ventaja filosófica al primero por esa condición.

    Y de la misma manera que expone defectos de Camus, serían muy bienvenidos ejemplos del buen filosofar de Sartre.

    Me temo que la ambición teórica que no conoce la prudencia, lleva muchas veces no sólo a equivocarse, sino a hacer el ridículo, como muy bien ha demostrado Alan Sokal en sus “Imposturas intelectuales”, de filósofos precisamente franceses en sus altos pedestales.

    Cordialmente.

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  7. En fin, Sr. Luri, lamento haberme soliviantado. En estos casos es mejor no comentar nada. Siento de verdad si le he ofendido en algo.

    Pero si como dice usted, ser filósofo a veces tiene que ver con una ambición teórica que no conoce la prudencia, me temo también que la falta de prudencia no es una cualidad sino una temeridad irresponsable en la que solo domina la ambición. Toda actividad requiere de ambición pero también de responsabilidad, y si es pública todavía más. No sé si "Erotismo y prudencia" habla de todo ello a partir de hablar de Leo Strauss...; lo tendré que leer. De hecho, ya hace días que lo tengo en la lista de la compra.

    Cordialmente.

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    1. No, nombre, Sr. Belart, no me ha soliviantado, en absoluto.
      El filósofo en cuanto filósofo no puede ser prudente. La prudencia no es, en absoluto, una virtud filosófica. Otra cosa es que el filósofo en cuanto ciudadano deba tener cuidado de lo que dice.

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