jueves, 6 de julio de 2017

La murga de los deberes de verano y el "Efecto Flynn".

Me llama una periodista interesada por mi opinión sobre los deberes de verano.
- Que quede claro -le digo- que mi opinión es sólo familiar.
- ¿Qué quiere decir?
- Que no tengo ningún consejo que dar. Me parece muy bien que haya familias tan partidarias de las vacaciones que se nieguen a ofrecerle al cerebro estímulos intelectuales durante el verano.
- Bueno... visto así...
- Todo lo que puedo decir es que yo hago deberes con mi nieto de esos tan mal vistos: tenemos un cuaderno de ejercicios.
- ¿De verdad?
- ¡Ya ve usted!
- ¡Pero si son muy criticados!
- Por eso no quiero dar consejos. La verdad es que hay cuadernos de actividades muy buenos y no me imagino a nadie diseñándolos con la intención de hacer infelices a los niños. Pero quizás esté equivocado.
- Las escuelas ya no los aconsejan.
- Eso es cierto. Antes las escuelas aconsejaban a los padres qué cuaderno comprar. Ahora son los libreros. El otro día, cuando fui con mi nieto a comprar uno, me encontré con una madre que parecía sentirse culpable por hacer lo mismo que yo.
- Entonces usted es partidario de los deberes.
- ¡No! Yo soy partidario de los buenos deberes, pero sólo para mi nieto. Y creo que él también. Porque le gustan.

Así hemos estado un buen rato, pero a vosotros, como sois gente de confianza, os hablaré también del "Efecto Flynn" o, como también es conocido, del "efecto de las ganancias generacionales de capacidad cognitiva".

Resulta que el señor Flynn, un importante psicólogo actual, descubrió que los resultados en los tests de inteligencia habían ido mejorando con el tiempo de manera que los jóvenes actuales obtienen resultados significativamente superiores a los de los años 50.  Pero descubrió algo más, y esto es lo relevante: que las capacidades cognitivas han seguido una extraña evolución. Mientras las más abstractas (relacionadas con la capacidad de razonar) han mejorado significativamente, las que tienen que ver con los conocimientos (con aquello con lo que se razona) se han estancado y en algunos países parece incluso, según los últimos datos, que están empeorando. ¿Qué quiere decir esto? En mi opinión quiere decir lo siguiente:
1. Que las capacidades cognitivas pueden mejorar. 
2. Pero han mejorado su potencial, no su operatividad real, porque no les ha acompañado un crecimiento paralelo del nivel de conocimientos.
3. Que aunque la población incremente su nivel cognitivo, estadísticamente las diferencias entre los individuos pueden permanecer estables, como muestra este gráfico.
4. Las ganancias generacionales parece que se deben a un notable incremento de los estímulos intelectuales ambientales. Esto, a su vez, parece indicar que los programas de desarrollo de la capacidad cognitiva sólo funcionan si se integran en nuestras vidas de manera cotidiana, es decir, sin vivimos plenamente en ellos, sin vacaciones intelectuales.

Para más información, acudan a Roberto Colom, que es el que más sabe de estas cosas. Yo sólo me limito a aprender de él... y de Flynn.

Me voy a Jaén