domingo, 18 de enero de 2026

The Nomba

Día invernal, lluvioso, desangelado, que invita a comidas calientes de cuchara y a pasar las horas junto a una chimenea inmerso en el misticismo casero del chisporroteo de la leña. Pero hoy, además, es domingo, y, como cada domingo, me llegan puntuales los versos que me envía un capuchino, poeta letraherido y buena gente, Víctor Herrero de Miguel, que me arrancan a mí chispas de alegría íntima. A falta de sol, buenos son los versos. 


Ayer los geniales inconscientes de The Nomba montaron un grandioso encuentro de 7 horas en Madrid que reunió a más de 6.000 jóvenes en el Palacio de Vistalegre. The Nomba: The no MBA, son hermanos gemelos de mis muy queridos muchachos de It's Time to Think, con cuyos "thinkglaos" intento colaborar siempre que me llaman. Están impulsando una autentica revolución contracultural que está ayudando a dar forma a corriente de fondo que vienen creciendo entre los jóvenes.



sábado, 17 de enero de 2026

Una amante de fidelidad voluble

La «razón victimológica», cada vez más asentada en nuestras sociedades, pretende dar la mayor visibilidad posible a las propias heridas para utilizarlas como artimaña de control de quien se acerque a compadecerme. Quiere hacer de algo que tengo pero hubiera deseado no tener (mi dolor) el escaparate de mi identidad y así poder eludir toda responsabilidad sobre la propia vida. De esta manera, el pasado se convierte en presente continuo y mi padecimiento es la prueba de que los demás me deben mi bienestar. Es el mundo el que tiene obligaciones conmigo. No tengo, pues, iguales, sino personas que me deben abrazos. Ahora bien, el hecho de que mi vida no haya transcurrido como a mí me hubiera gustado, no me convierte en víctima. Solo afirma mi condición de ser vivo. Para estar, además de vivo, sano, debo habitar el presente y sus complejidades, asumiendo que mi vida real es la única vida que tengo. Por supuesto, está bien el consuelo ajeno, pero nadie está obligado a encadenarse afectivamente a mi dolor. No debería convertir mi herida en un reclinatorio para los que se me acercan con su consuelo. La propia victimización es la renuncia voluntaria a la vida adulta. La madurez es la valentía de decirle sí a la vida aunque esta se nos muestre como una amante de una fidelidad caprichosa. 

viernes, 16 de enero de 2026

Vuelta a casa

Vuelves a casa, odiseíllo a cara descubierta, y está tu mujer esperándote en la estación del tren. Pues eso es la vida liviana llamando a las puertas de la felicidad.

jueves, 15 de enero de 2026

Aleteando en Madrid

Comenzó bien el día de ayer, con un largo paseo sin destino concreto por un Madrid que estrenaba la luz del nuevo día, flaneur de despertares. No hacía mucho frío y la ciudad se estaba quitando el sueño de encima. Por la tarde les dije a un grupo numeroso de personas que cuando se sintieran pesimistas sobre nuestro tiempo, madrugasen y salieran a las calles a ver la cantidad de personas que van a trabajar a horas intempestivas para conseguir que sus hijos tengan un plato de comida en la mesa. Esas personas que cumplen sus compromisos con discreción diligente, en silencio, son el sustento cotidiano de todos nosotros. No solemos ser conscientes de ello, pero nos sostienen. Son los maquinistas del mundo de la vida. Tardé en entrar. a una cafetería para desayunar, demorando la vuelta al hotel. A las 10:00 tocaba podcast con la buena gente de Educatio Servanda y a las 12:00 una entrevista con la buena gente de Alfa y Omega. Aquí me encontré, gratísima sorpresa, con Ricardo Ruiz de la Serna, con el que di un paseo por el viejo Madrid. Me propuso comer juntos, pero yo tenía un día peripatético y un poco autista y le dije -la amistad también es decir no- que quería andar sin rumbo por el Madrid de las primeras horas de la tarde. A las 19:00, la presentación de La dignidad del mediocre en la sede de Abante, sobre la Puerta de Alcalá. Descubrí que el día iba de Ricardos. Cuando salí de este último acto me apetecía mucho, de nuevo, estar solo y volver al hotel dando un largo rodeo mientras la ciudad se iba recluyendo en sus casas. Mantuve una larga conversación telefónica con mi mujer, y a la cama. Hay soledades que no son tales porque son, en realidad, la condición imprescindible para sentir el rumor de fondo de la vida cotidiana, sus alegrías, silencios y quehaceres, ese aleteo que nos lleva a todos, sin apenas darnos cuenta, a ponernos en manos de nuestras esperanzas. 

miércoles, 14 de enero de 2026

Prejuicios y amarres

Emilio del Río es riojano y para mí eso es un mérito. Me pueden alegar ustedes que esta es una conducta prejuiciosa. Se lo acepto. Pero es que llega un momento en que uno ama a sus prejuicios conscientemente, como si fueran amarres a la realidad. En tiempos de fluideces y fluctuaciones, un buen prejuicio es cosa seria. A lo que iba. Emilio del río, el riojano, me invitó a participar en un podcast que tiene en RNE -Locos por los clásicos- y yo le dije que encantado. Por eso ayer pasé un buen rato en la Casa de la radio hablando del mito de Prometeo y de La dignidad del mediocre. No sé si se creerán lo que les voy a decir pero hubo un momento crítico en la grabación en que a Emilio se le saltó una lágrima y a mí se me formó un nudo en la garganta. Fue cuando, recordando a Argo, el perro de Ulises, casi caemos en la pornografía emocional. No entraban en el guión ni Argo ni nuestra reacción, pero es que la realidad no cabe en un guión y por eso, de repente, una historia mil veces contada te afecta de manera imprevisible y profunda. Por la tarde estuve cenando en Aravaca, con las dos almas de la Librería Ontanilla. ¿Por qué hay personas que nada más verlas te caen bien y sabes, a los dos minutos de contacto, que estás iniciando una relación de amistad, y personas que nada más conocerlas concluyes que hay que mantener con ellas relaciones higiénicas de distancia? Sin duda, la razón es el prejuicio, luego el prejuicio tiene razones que la razón no entiende, pero cuyo valor la memoria constata. También tengo prejuicios favorables con los murcianos, con los bocadillos de calamares y con mis amigos venezolanos.

martes, 13 de enero de 2026

Hoy ceno con Diotima

Estoy en Madrid. He cogido dos taxis. El primer taxista era venezolano y el segundo ecuatoriano. Nada que objetar. Al contrario. Los hispanoamericanos no son extranjeros. Las dos carreras han sido largas y en las dos la candente actualidad ha sido tema de conversación. Uno de ellos me ha contado que la última vez que estuvo en su país "de origen" (ha puntualizado) lo asaltaron en la puerta de la casa de sus padres. Justo cuando iba a abrirla alguien a su espalda le puso una navaja en el cuello. El asaltante quería sus botas. Al ir a dárselas lo reconoció. Habían sido muy amigos en la infancia. El viaje en tren ha sido amenizado por las rabietas de un niño de unos 12 años, que viajaba con dos adultos y una niña un poco mayor que él. Uno de los adultos, supongo que el padre, se ha quedado dormido nada más sentarse. La madre ha sacado todos los libros sobre Picasso, Dalí y Gaudí que se habían comprado. El niño no ha parado de comer chuches. Únicamente detenía su voracidad para protestar a voz en grito por cualquier cosa. Todos en el vagón estábamos pendientes de sus rabietas, menos su padre, que ha dormido profundamente todo el viaje (o, al menos, lo ha aparentado). He descubierto una nueva librería de viejo, pequeñita, pero muy bien surtida. El propietario me ha dicho que antes del verano la cierra. Hemos hecho buenas migas. Hoy ceno con Diotima.

lunes, 12 de enero de 2026

La vida liviana

Hay días que se esfuman sin que te des cuenta y suelen ser los que discurren a paso tranquilo, sin nada excepcional que venga a alterarlos. Son los que te dejan impresa en el alma la ligereza de la vida liviana que, a mi modo de ver, es superior a la vida feliz.  Entre otras cosas porque aquella es real, mientras que esta es un ideal que con frecuencia se convierte en juez implacable de la vida real. Ante el tribunal de la felicidad, tan inflado por la publicidad, cualquier arañazo existencial es un trauma, cualquier frustración una injusticia. Hagas lo que hagas, la distancia entre lo que te pasa y la vida feliz es inabarcable, con lo cual la vida que realmente vives es siempre deficiente. En cambio, la vida liviana tiene esa intrascendente de plumón al viento en la que nada te aprieta, todo encaja sin aspavientos. La vida liviana es esa poquita cosa a la que no le falta nada. No deja ninguna huella memorable en el calendario de la memoria. No te proporciona ideas para escribir en un blog. Es la vida discreta, como una mañana de invierno sentado plácidamente en la Plaza de Ocata disfrutando de un buen café, un buen libro y de la generosidad regalada del sol benefactor.

The Nomba

Día invernal, lluvioso, desangelado, que invita a comidas calientes de cuchara y a pasar las horas junto a una chimenea inmerso en el mistic...