miércoles, 10 de febrero de 2016

De Balaguer a Sant Hipòlit


Lectura y rumiantes


Arthur Schopenhauer, Parerga y paralipomena: “No se llega a rumiar, y sabida cosa es que, sólo rumiando, se asimila uno lo que ha leído. Si se lee continuamente, sin pensar más en ello, las cosas así leídas no toman cuerpo y raíz en la mente, y se pierden en gran parte”

martes, 9 de febrero de 2016

Hay otras pedagogía, pero están muy lejos



Balaguer. Un lunes por la tarde






Hay dos Balaguer a los que separa el Segre, el moderno, en la llanura, y el antiguo, en las faldas del castillo. En el antiguo, que parece estar erosionándose, los gitanos hacen pintadas contra la invasión de los moros. En el moderno hay moros que llevan a sus hijos a la concertada religiosa.

A la ida nos paramos en el cementerio de Castelleserà, a dejar unos segundos de nuestro silencio en el panteón de los Brufau Civit. A la vuelta, siguiendo el río Sión, hemos entrado en Agramunt, a rendir nuestros respetos a la Mare de Déu del Castell, en la iglesia de Santa María.

El trigo nuevo, los almendros floridos, el cielo muy azul entre las nubes bajas, los pueblos tranquilos, los caminos llanos y el horizonte, nuestro.  

domingo, 7 de febrero de 2016

El futuro

Cuenta Hans Magnus Enzensberger en Tumulto (un libro magnífico) que el escritor francés Armand Gatti hizo un viaje a Pequín junto a un grupo de intelectuales europeos a finales de los sesenta. Todos fueron recibidos por el Gran Timonel, Mao Zedong, que les autorizó a hacerle preguntas. Gatti se interesó por el futuro. Mao metió su mano en un bolsillo, sacó una libreta, buscó una hoja en blanco, la arrancó y se la entregó. Durante meses, Gatti conservó aquella hoja en blanco entre las páginas de un libro. Un día sus hijos sacaron el libro de la estantería, encontraron la hoja y la llenaron de garabatos indescifrables.

¡Si no fuera por la gente!

Es bien sabido que el hombre no suele estar a la altura de lo que esperan de él sus salvadores. Para ilustrar esta resistencia de la normalidad al cambio programado por los utopistas, Hans Magnus Enzensberger escribió este poema:

Sencillamente magníficos
todos esos grandes planes:
la Edad Dorada
el reino de Dios en la Tierra,
la muerte del Estado.
Evidencia manifiesta.

¡Si no estuviera la gente!
Siempre y en todas partes estorba la gente.
Todo lo embrolla.

Cuando se trata de liberar a la humanidad
va a la peluquería.
En vez de seguir entusiasmada la vanguardia
dice: ahora estaría bien una cerveza.
En vez de luchar por la causa justa
lidia con las varices y el sarampión.
En el momento decisivo
busca una cama o un buzón.
Poco antes de nacer el milenio
pone a hervir pañales.

Todo fracasa por la gente.
No sirve para grandes alardes.
Un saco de pulgas no es nada en comparación.

¡Vacilación pequeñoburguesa!
¡Idiotas del consumo!
¡Restos del pasado!
¡No puedes matarla!
¡No puedes machacarla todo el día!
Si no estuviera la gente,
muy distinta pintaría la cosa.

Si no estuviera la gente,
todo se haría en un plisplás.
Si no estuviera la gente,
¡entonces sí!
(Entonces yo tampoco quisiera estorbar aquí.)