miércoles, 18 de enero de 2017

La Transparencia, la última virtud

Entonces se produjo el acontecimiento que este primer siglo del tercer milenio recordará siempre, puesto que todas las cadenas de televisión del mundo dieron cuenta del mismo  y fueron publicados cincuenta ensayos en los días siguientes, ansiosos por informar a todos los que sabían leer.

Una mujer, muy joven, muy hermosa, vestida solamente con un largo velo, se adelantó. Tenía los ojos claros, sus manos parecían de cristal, su progresión era tan clara, tan evidente, su aspecto tan radiante que la Academia, al completo, se levantó.

Con una hermosa compostura, esta mujer habló, y su voz era tan pura como sus palabras. "Yo soy la Transparencia, dijo, la única Virtud de este tiempo y de los que vendrán. Ruego a la Discreción, a la Reserva, a la Modestia, al Respeto, que se retiren amablemente, pues su tiempo ha pasado... Yo soy la Transparencia, la nueva Trinidad, yo soy la Verdad y la Inocencia y la Belleza. Yo soy similar a la imagen, soy la imagen; soy similar a la luz, soy la luz, el sol, desvelo lo oculto, desmonto los misterios, rompo las mentiras, retiro las máscaras".

El Coraje se adelantó y, animados por su ejemplo, hicieron lo mismo la Justicia, la Caridad, la Solidaridad. Juntos se inclinaron ante la más brillante de la Virtudes. La transparencia los atravesó con una mirada fulminante y continuó con su brillante discurso.

"Miradme y pareceos a mí. Quiero que vuestros cuerpos, vuestros corazones, vuestros amores,  vuestros patrimonios sean maravillosamente transparentes. Quiero que aprendáis a ser honestos, a no guardar ningún secreto, a mantener la puerta abierta, a pareceros al cristal, al hielo, a las estrellas. Quiero que aprendáis a desconfiar de vuestros sueños, de vuestros sueños poéticos, artísticos, imaginarios, partidarios de todo lo que conduce a la mentira. ¡Miradme! Yo soy la Verdad, terrible y maravillosa, que no tolera la más mínima sombra. Soy la perfecta inocencia que denuncia a todos los culpables. Yo soy la verdadera Belleza, que retira todos los velos y que se confunde con la luz". 

La Transparencia entonces levantó su dedo, el dedo de la verdad que acercó a sus ojos ardientes, y dijo a los académicos: "No se equivoquen, señoras y caballeros, soy la palabra más bella de su diccionario, la última virtud de un tiempo que ha enterrado a todas los demás ..."

Jean-Denis Bredin, 
Discurso sobre la virtud
pronunciado en la "Académie française" 
el 4 de diciembre de 1997

martes, 17 de enero de 2017

Siltolá. El merendero de Camus

Habría que buscar un lugar cómodo para poner un merendero donde se pudiera hacer carne a la brasa bajo una inscripción que dijera: "Esta revuelta de la carne, es el absurdo".

Seguimos en Siltolá. El cabo de Chateaubriand


Hay en el extremo norte de Siltolá un cabo sin nombre que merecería estar reservado a Chateaubriand. Sería suficiente con una humilde cruz de hierro medio herrumbrosa entre las rocas y esta inscripción a sus pies: "Un grand écrivain français a voulu reposer ici pour n'y entendre que le vent et la mer". Eso sí, el lugar ha de ser agreste y poblado de aves de paso, para que el visitante pueda sentarse a leer junto a la cruz: "Homme, la saison de ta migration n'est pas encore venue; attends que le vent de mort se lève, alors tu déploieras ton vol vers ces régions inconnues que ton coeur demande! Levez-vous vite, orages désirés, qui devez emporter René dans les espaces d'une autre vie!"

A mi amiga B., a la que debo respuesta, 
para que sepa que la distancia no es el olvido.

lunes, 16 de enero de 2017

Misterios de Siltolá


Mi nieto descubrió con emoción el trazado de una cruz en la isla de Siltolá, muy cerca de la Villa Isla del Tesoro. Dedujo que con toda probabilidad señalaba la presencia de un tesoro escondido. Estoy de acuerdo, pero ¿de qué tesoro? Tratándose de una isla literaria, pienso que podría tratarse de la biblioteca perdida del zar Iván IV Vasilyevich (Iván el Terrible). 

En 1472, el abuelo de Iván el Terrible, Iván III, que era un ávido coleccionista de libros, se casó con Soíia Paleóloga, sobrina del último emperador bizantino. Cuando ésta se instaló en Moscú, llevó consigo su biblioteca, que contenía -dicen- una buena parte de la Biblioteca de Constantinopla, así como manuscritos de la Biblioteca de Alejandría.

Ivan el Terrible incrementó los libros heredados de sus abuelos con importantes adquisiciones. Sabemos que en su biblioteca había muchos libros antiguos y modernos en ruso, griego, latín, hebreo, egipcio y chino. La biblioteca se conservaba en el sótano del Kremlin. 

Tras la muerte de Iván el Terrible, dejó de hablarse de la biblioteca. Desapareció. Algunos dicen que fue destruido en un incendio; otros aseguran que está oculta en algún sitio, esperando a que alguien la descubra.

domingo, 15 de enero de 2017

Siltolá

Mi nieto Bruno está fascinado con el mapa de la isla de Siltolá.


No duda de que el mapa es auténtico y de que Siltolá existe y esconde grande tesoros, 


pero no sabe cómo llegar hasta allí. Le he propuesto que comencemos el viaje por Sevilla, quizás en esta ciudad encontremos a alguien que pueda ofrecernos alguna pista. 

Sobre la cama (un domingo por la tarde)

Théâtre des ris et des pleurs
Lit! où je nais, et où je meurs,
Tu nous fais voir comment voisins
Sont nos plaisirs et chagrins.
- Isaac de Benserade


In bed we laugh, in bed we cry;
And born in bed, in bed we die;
The near approach a bed may show
Of human bliss to human woe.

- Traducción del Dr. Johnson