lunes, 21 de julio de 2014

El berenjenal pedabóbico

¡Qué maravilla de claridad, la Enciclopedia Álvarez! ¿la recuerdan?

Pues además de recordarla, si se atreven a leer el siguiente párrafo es posible que hasta lloren de añoranza, a poca sensibilidad que tengan. Me parece a mi que cuando para hablar de si los niños tienen o no que restar llevando, hay que utilizar un lenguaje esotérico, es que algunos han perdido el sentido común y con él, han perdido de vista la realidad escolar. Les reto a que lo lean despacio y si lo comprenden, ya me lo explicarán en el lenguaje con el que suele el pueblo hablar con su vecino, ya que parar dominar este lenguaje llevamos a los niños a la escuela: 
"Se establece en ellos una secuencia de conceptos vinculados del modo siguiente: las asignaturas o materias se concretan en estándares. El conjunto de estándares de cada materia define el perfil de la materia. Diferentes grupos de estándares, relativos a las distintas materias, se hacen corresponder con una competencia determinada que se desarrolla por efecto de la contribución, parcial o total, de varias materias; de modo que, en muchos casos, la contribución de las materias a una competencia dada se producirá no desde sus perfiles completos sino desde fracciones o segmentos incompletos de dichos perfiles. El conjunto de segmentos de los perfiles de cada materia correspondientes a una competencia dada definen el perfil de dicha competencia".

He llegado a este dictamen del Consejo Escolar del Estado gracias al sabio Martín López.

Tony Blair


Esa recomendación de no basar las políticas en una visión delirante del mundo... ¿no es otra manera de decir "y no insultéis a la realidad que no os gusta?"

En The Guardian

domingo, 20 de julio de 2014

Tras leer la prensa del día

Hay progres que creen que la mejor manera de resolver un problema es insultarlo.

Dos cosas

La primera, en la frente, que es de don Ignacio:
Dos amigos judíos en una estación. “¿Adónde vas?” “A Cracovia”. “Eso dices para que yo crea que vas a Varsovia. Pero no me engañas. Tú vas a Cracovia. ¿Por qué no has dicho la verdad diciéndome que vas a Varsovia?

La segunda donde ustedes quieran, que es de Futility Closet:
Scottish writer Alasdair Gray is a practical joker. As his collection Unlikely Stories, Mostly was going to press in 1984, he called publisher Stephanie Wolfe Murray and said, “I want to have an erratum slip inserted.”
She said, “Oh God! What’s wrong? Surely we corrected everything. What do you want to say on it?”
He said, “I want it to say: THIS ERRATUM SLIP HAS BEEN INSERTED BY MISTAKE.”
“Of course we said yes immediately,” remembered Wolfe Murray, “but it was a hell of a nuisance, having to get it inserted into every single book, and expensive probably, but well worth it. All of us thought so.”

viernes, 18 de julio de 2014

De Platón a Nietzsche

En Así Habló Zaratustra, Nietzsche decidió  describirnos a nosotros, los ciudadanos del siglo XXI. Es difícil leer lo que dice sin sentir que "eso es lo que hay":

“¡Ay! Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella. ¡Ay! Llega el tiempo del hombre más despreciable, el incapaz de despreciarse a sí mismo. ¡Mirad! Yo os muestro el último hombre. “¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella?” - así pregunta el último hombre, y parpadea. 
La tierra se ha vuelto pequeña, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive. 
“Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean. 
Han abandonado los lugares en los que era duro vivir: pues la gente necesita calor. La gente incluso ama al vecino y se restriega contra él: pues necesita calor. 
Enfermar y desconfiar se ha vuelto pecaminoso: la gente camina con cuidado. Un tonto es quien sigue tropezando con piedras o con hombres! Un poco de veneno de vez en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para tener un morir agradable. 
La gente continúa trabajando, pues el trabajo es un entretenimiento. Mas procura que el entretenimiento no canse. La gente ya no se hace ni pobre ni rica: ambas cosas son demasiado molestas. ¿Quién quiere gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas. 
¡Ningún pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales: quien tiene sentimientos distintos marcha voluntariamente al manicomio. 
“En otro tiempo todo el mundo desvariaba” - dicen los más sutiles, y parpadean. Hoy la gente es inteligente y sabe todo lo que ha ocurrido: así no acaba nunca de burlarse. La gente continúa discutiendo, pero pronto se reconcilia - de lo contrario, se estropea el estómago. La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero honra la salud. “Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean.”

Leyendo el Fedón

En el Fedón, Platón narra las últimas horas de vida de Sócrates, que estuvieron dedicadas a discutir en la cárcel con sus amigos, mientras el verdugo preparaba la cicuta, sobre la inmortalidad del alma. Tras los argumentos de unos y los contra-argumentos de otros el debate llega a un momento crítico en el que nadie sabe muy bien en qué creer. En esta situación tiene lugar esta conversación entre Sócrates y Fedón:

SÓCRATES: Mañana, Fedón, quizás te cortes esta hermosa cabellera en señal de duelo.
FEDÓN: Es probable.
SÓCRATES: No, si crees en lo que digo.
FEDÓN: ¿Y qué dices?
SÓCRATES: Que será hoy mismo cuando tú y yo nos cortemos el pelo si el razonamiento se nos muere y no lo podemos revivir. Al menos yo, si el argumento se me escapara de las manos, me obligaría por juramento, como los argivos, a no llevar el pelo largo, hasta vencer las alegaciones de Simmias y de Cebes.

Detengámonos en esta referencia a los argivos, que guarda una lección de vida y de política muy adecuada para estos tiempos. La encontramos desarrollada en el  libro primero de la Historia de Herodoto.

Los lacedemonios y los argivos se disputaban el territorio de Thyrea. Como no llegaban a ningún acuerdo, dispusieron que peleasen trescientos hombres de cada parte y que los vencedores se quedasen con la tierra en litigio. Mientras tuviera lugar la batalla, cada ejército se retiraría a su campamento, para evitar la la tentación de ayudar a los suyos. Al caer la noche se interrumpió el combate. De los seiscientos combatientes, sólo quedaban con vida tres, dos argivos y un lacedemonio. Los dos argivos, creyéndose vencedores, fueron a comunicar su victoria a los suyos. El lacedemonio en lugar de retirarse, se dedicó a despojar de sus armas a los argivos muertos, y tras llevarlas a su campamento, volvió al campo de batalla y se quedó allí guardando su puesto. Al día siguiente se presentaron los dos ejércitos para decidir de quién era la victoria. Los argivos decían que suya, puesto que habían quedado dos de los suyos con vida; pero los lacedemonios sostenían que los argivos habían huido y que su guerrero había despojado a los enemigos muertos y había guardado su puesto. Como no se ponían de acuerdo, vinieron a las manos, y tras una sangrienta batalla los lacedemonios se proclamaron vencedores. Entonces los argivos, que hasta aquel día se dejaban crecer el pelo, se lo cortaron, y establecieron una ley que prohibía a los hombres llevar pelo largo  y a las mujeres lucir joyas de oro hasta recobrar Thyrea.

¿Logra, finalmente, Sócrates demostrar la inmortalidad del alma? Hay división de opiniones entre los expertos. Pero hay unanimidad en aceptar que vivió su vida hasta el final de la manera que a él le gustaba vivirla, buscando la verdad. Y para dejar claro que esta, exactamente, es su herencia, Platón aconseja al lector: "No hagas caso de Sócrates, sino de la verdad."

jueves, 17 de julio de 2014

Al pan, pan...

Gracias, Javier.