jueves, 26 de mayo de 2016

Comisarios del pueblo

Sostenía Jean-Jacques Rousseau en Du contrat social que "la souveraineté ne peut être représentée par la même raison qu’elle ne peut être aliénée ; elle consiste essentiellement dans la volonté générale, et la volonté ne se représente point. […] Les députés du peuple ne sont donc ni ne peuvent être ses représentants, ils ne sont que ses commissaires ; ils ne peuvent rien conclure définitivement."

Te equivocaste, Juan-Jacobo. Resulta que los diputados del pueblo sólo lo son del pueblo si son ungidos como tales por los nuevos comisarios del pueblo, que son los que, sin ningún sentido del pudor, se conceden este título al ser iluminados por el fulgor de la verdad emanada de un container ardiendo.



miércoles, 25 de mayo de 2016

Fue un buen día, el de ayer.

Por la mañana hablé de El cielo prometido a un grupo de alumnos de bachillerato, inteligentes, atentos e inquisitivos. Al terminar se me acercó uno de ellos y me dijo: "No sabía que la historia podía ser tan apasionante". Es el mejor elogio que me han hecho en relación con este libro. Y dudo que lo superen. 


A las 19:00 tuvo lugar la presentación, en la librería La Central. Me cuesta ordenar todas las emociones que se fueron sucediendo. ¿Qué puedes decirle a un mexicano que ha venido a escucharte y que te trae un regalo de Yolanda Lazo? ¿Qué le puedes decir a un colombiano que te ha seguido desde el otro lado del Atlántico y que ha aprovechado que está de paso por Barcelona para saludarte? ¿Qué le puedes decir a un madrileño que se ha trasladado a Barcelona para conocerte y que se lleva bajo el brazo cinco ejemplares dedicados? ¿Y a los familiares de Caridad Mercader que estaban en primera fila? ¿Y a los de Carmen Brufau? ¿Y a Tomás Pàmies? A algunos de los que acudisteis hacía mucho que no os veía y me distéis con vuestra presencia una enorme alegría. Otros sois amigos nuevos y, por lo tanto, que traéis alegrías también nuevas. Había también caras desconocidas que me miraban con unos ojos difíciles de interpretar. Gracias a todos.

Allí estaban desde Enyd Negrete, la sobrina de Jorge Negrete, hasta mi amiga Irene Rigau... pasando por Erika Bornay, Pepa Puigdevall, Pedro Azara, mi psiquiatra lacaniano preferido (y señora), el Círculo Hermenéutico Estraussiano de Les Planes, La Reina de los Pulpos, exalumnos, médicos, presidentes de asociaciones de padres de alumnos, maestros, profesores universitarios... hasta mi hijo, Guillem, hizo acto de presencia... perdonadme que no os nombre a todos, aunque de todos mantengo vuestra huella fresca en mi retina.

Te eché en falta, Mariano Brufau, aunque entiendo perfectamente las razones de tu ausencia.

Abrió el acto Francisco Martínez, el editor, con el que ya he quedado para hablar de dos nuevos proyectos. Después, Jordi Amat derramó su generosidad sobre mí con palabras que me gustaría tanto poder merecer... Eduard Puigventós le siguió en el uso de la palabra con el mismo tono... aunque me tiró de las orejas -estaba en su derecho- por poner pocas notas a pie de página.


Lo que intenté hacer yo fue mostraros mi agradecimiento sincero a todos los que me habéis ayudado en la reconstrucción del perfil biográfico de Caridad Mercader. Estoy en deuda con vosotros por vuestra ayuda, pero lo más importante no es eso. Lo más importante es que esa ayuda se ha transformado en algunos casos en una relación cordial y en otros, incluso, ha ido más allá, para teñirse de un hondo afecto.

Si el acto no duró más fue porque La Central tiene una hora de cierre. Si nos hubiesen dejado a nuestro aire... ¡Teníamos tantas cosas que contarnos!

Hasta me hablaron de un agente rumano que había estado en México y que tenía cosas que contarme... La historia, pues, continúa. Yo estoy, obviamente, muy lejos de Caridad Mercader, sin embargo me siento parte de la historia paralela que este libro ha puesto en movimiento y que, por lo que parece, no ha hecho sino echar a andar.

lunes, 23 de mayo de 2016

Martes 24 a las 19:00


Educación, ¿Innovación o retorno? II

Para 1940 la ideología y la retórica progresista (aunque no necesariamente las prácticas progresistas) se habían convertido en la  “conventional wisdom” en las escuelas norteamericanas (Lawrence Cremin, The Transformation of the School, 1961). 

Esa "conventional wisdon" es, dicho de otra forma, el lenguaje pedagógicamente correcto, que el mismo Cremin sintetiza en las siguientes expresiones (y que algunos creen específico de las "escuelas avanzadas"): 
  • Interdisciplinariedad.
  • Respetar las diferencias individuales.
  • “Critical thinking”
  • “Learning by doing”
  • “Solving current social problems”
  • “Relate the school to life”
  • “Teaching children, no subjects”
  • “Social and emotional growth”
  • “Creative self-expression”
  • Motivación intrínseca.

Dada la diferencia entre el lenguaje pedagógicamente correcto y las prácticas pedagógicas posibles (cualquier maestro sabe que no es lo mismo defender la educación individualizada que ponerla en práctica), no es extraño que los pedagogos que generan más entusiasmo sean aquellos que nos prometen que nos podemos reconciliar con nuestro lenguaje, porque -nos aseguran- han encontrado la manera de poner en práctica los principios progresistas. Por supuesto, si ejerciendo el "critical thinking" se te ocurre dudar de estas promesas, serás acusado de querer imponer el aprendizaje memorístico de la lista de los reyes godos.

domingo, 22 de mayo de 2016

Educación: ¿Innovación o retorno?

El 31 de octubre de 1938 aparecía en el Time un artículo titulado “Education: Progressives’ Progress”. Comienza de esta manera: “Hace veinte años la educación progresiva estaba en sus inicios y se reducía a un pequeño grupo de escuelas privadas. Ahora afecta predominantemente a la escuela pública”. 

Los norteamericanos llamaban "educación progresiva" a lo que algunos llaman hoy, con escaso sentido de la objetividad histórica, "escuela innovadora". Sus características, según el articulista, eran las siguientes: 
  • Concede muy poca importancia a los aspectos formales y sistemáticos. 
  • Prioriza el aprendizaje informal, la experiencia y la actividad, buscando el desarrollo de la iniciativa individual del alumno.
  • El maestro no es controlador, sino un guía.
  • La educación no es una mera preparación para la vida futura. Por eso el interés y las necesidades del niño dan forma al programa educativo.
  • El proceso es más importante que el resultado.
  • Los niños aprenden haciendo (construyendo, pintando…) y se hacen demócratas practicando la democracia, resolviendo en la escuela los mismos problemas a los que tienen que hacer frente en la calle. 
  • La educación nace de la propia experiencia, no de la información acumulada en los libros. 
  • En lugar de pupitres fijos, hay bancos de trabajo; en lugar de libros de texto, diarios, revistas, libros de referencia.
  • No se estudian lecciones por asignaturas, sino que se elaboran proyectos. 
  • Mientras aprenden haciendo, los niños aprenden a aprender.
  • Los tratan a sus profesores como amigos. La clase es una comunidad democrática.
  • Los padres están activamente implicados en la educación de sus hijos. Forman parte también de la comunidad democrática.
  • Una escuela progresiva es ruidosa, aparentemente caótica, pero eso significa que los alumnos están ocupados en actividades.
  • Cuando un alumno se muestra indisciplinados o de mal humor, no es enviado al director, sino a un psiquiatra, “que intenta encontrar que es lo que va mal en casa”.
  • Los maestros disponen de un conocimiento global del alumno y valoran su progreso sin necesidad de exámenes. Ofrecen informes narrativos de los alumnos en lugar de notas que cubren todos los aspectos de su desarrollo.
  • La escuela es un instrumento del cambio social. Cada escuela ha de ser un embrión de una sociedad democrática en la que el niño participa como un miembro de pleno derecho.

Aunque el tono general del artículo es laudatorio, hay un par de sombras planeando por el mismo. Primero porque sugiere que a diferencia de lo que había ocurrido a comienzos de siglo, en los años treinta la imagen de la escuela progresiva ya no era la de grandes maestros, sino la de sus propagandistas, “un grupo de jóvenes cuyo trabajo es vender educación progresiva”. En segundo lugar, el articulista reconoce que los alumnos de las escuelas progresistas no acceden a la universidad mejor preparados que el resto, pero tiene el cuidado de observar que “el objetivo de la educación progresiva es más profundo que la cuestión de la eficiencia. El primer principio y la religión de la educación progresiva es la democracia, y su mayor preocupación es la de cómo alcanzarla”.

En realidad la educación progresiva se hundió en los años cincuenta por los malos resultados de sus alumnos. Los demócratas fueron retirándole poco a poco su apoyo y hasta la misma Eleanor Roosvelt llegó a decir que eso de la educación progresiva era una idea que parecía buena, pero que no lo era. Sin embargo algunas escuelas se mantuvieron fieles a su ideal, sin importarles las críticas a sus resultados. Eran escuelas que acogían a los hijos de los conocidos como “limousine liberals”. Los hijos de los Rockefeller, por ejemplo, iban a la Lindon School, la escuela experimental de la Universidad de Columbia. 

Por lo que leo, los actuales revitalizadores de estas ideas parecen estar convencidos de que si hasta el presente han fracasado, no ha sido porque no fueran buenas, sino porque ellos no estaban al mando de las mismas.

sábado, 21 de mayo de 2016

El octavo cuarteto

Compuesto entre el 12 y el 14 de julio de 1960, bajo la fuerte impresión que le causaron las ruinas de la ciudad de Dresde.

En una carta a Isaak Glikman confiesa lo siguiente: "Me dije que cuando muera, nadie compondrá una obra en mi memoria. Así que decidí componérmela yo. Se podría escribir en la cubierta: 'En memoria del compositor de este cuarteto'"

Mientras la componía no paraba de llorar.

Hablo de Shostakovich, que me esta acompañando estos días como un amigo íntimo. Esta misma noche me lo ha traído B. a mis desvelos. Gracias a ella puedo contaros esto. 


viernes, 20 de mayo de 2016

Tomando el camino más largo

Ayer fuimos mi mujer y yo a Manresa a hablar de la relación entre filosofar y caminar  y, como parecía preceptivo, tomamos el camino más largo.  De esta forma pudimos detenernos en Mura y recorrer sus callejuelas.


Encontrándonos en el año Llull, era preceptivo, también, comenzar una charla sobre esta cuestión con una cita de este  "caballero andante del pensamiento", como lo bautizó Menéndez Pelayo. La tomé del Llibre de meravelles,  en concreto de las palabras con que un padre anima a su hijo a iniciar el viaje: "Amable fill [...] ve per lo món, e meravelle't dels hòmens".


José ben Sabarra, autor del Sefer Saasouim, era un médico judío que vivía en Barcelona. Tenía una vida acomodada y muchos amigos, pero lo dejó todo cuando en un sueño un desconocido le ordenó: "¡Despierta, porque el vino rojo brilla". Al despertarse descubrió al desconocido a los pies de su cama. "Acompañadme", le pidió, "y yo te llevaré a otro lugar." Dijo llamarse Natas, un nombre extraño que escondía un secreto que sólo se pondrá de manifiesto a lo largo del viaje: Natas invertido es Satán.


El maestro Eckhart preguntaba a sus monjes: "¿Porque salimos de casa?". Él mismo les daba la respuesta: "Para encontrar el camino de retorno".


Petrarca, Elogio de la vida solitaria:  "Mi espíritu en ningún lugar ha sido más feliz que entre bosques y montañas, en ningún otro lugar mis sentidos han estado más afinados."


En otoño de 1776 Rousseau comienza a escribir Las Rêveries du promeneur solitaire. Al final ha descubierto que el retorno a la naturaleza es la única manera de alcanzar  un "sentimiento de la existencia despojado de cualquier otra afección."  


Shopenhauer llega a la cima del Schneekoppe justo a la salida del sol. "He visto el mundo a mis pies como un caos", escribe. Cuando el sol llega finalmente al valle, lo que ofrece a su mirada es "el eterno retorno y la eterna sucesión de montañas y valles, bosques y praderas, ciudades y pueblos".


En el transcurso de uno de sus paseos, Nietzsche se detuvo junto a una roca situada a orillas de un pequeño lago, disfrutando de los juegos caprichosos de las luces y las sombras en las faldas del Piz Corvatsch. "Había hecho abstracción de mí mismo. Todo era juego, puro juego; todo era lago, luz de mediodía, tiempo sin objeto. Y, de pronto, amigo, Zaratustra pasó a mi lado".


Para terminar recuperé las palabras iniciales de Llull: "Amable amigo, vete por el mundo y maravíllate de los hombres".