jueves, 29 de enero de 2015

El sueño de la democracia...

... es el de la identificación del gobernante y del gobernado.
Por eso mismo las democracias fuertes han desarrollado paliativos políticos para soportar la frustración.


martes, 27 de enero de 2015

Paradoja

"Soy poltrón y perezoso de andarme buscando autores que digan lo que yo me sé decir sin ellos ".
Cervantes

lunes, 26 de enero de 2015

De Péguy a Alexis Tsipras

Decía Charles Péguy que "tout commence en mystique et finit en politique". Vamos a ver cuánto tarde en cumplirse este adagio en Grecia.

Cuando se despertaron

La deuda seguía ahí.

Por cierto: Juan Ramón Rallo recuerda que en 2012 Grecia se benefició de una quita del 73% de su deuda en manos de acreedores privados.

Lo que yo no acabo de saber es si los griegos han votado a favor de Grecia o en contra de Europa.


domingo, 25 de enero de 2015

Pericles ... o la verdad en el discurso

"Tenemos un régimen político que no se propone como modelo las leyes de los vecinos, sino que más bien es él modelo para otros. Y su nombre, como las cosas dependen no de una minoría, sino de la mayoría, es Democracia. A todo el mundo asiste, de acuerdo con nuestras leyes, la igualdad de derechos en los conflictos privados, mientras que para los honores, si se hace distinción en algún campo, no es la pertenencia a una categoría, sino el mérito lo que hace acceder a ellos; a la inversa, la pobreza no tiene como efecto que un hombre, siendo capaz de rendir servicio al Estado, se vea impedido de hacerlo por la oscuridad de su condición. Gobernamos liberalmente lo relativo a la comunidad, y respecto a la suspicacia recíproca referente a las cuestiones de cada día, ni sentimos envidia del vecino si hace algo por placer, ni añadimos nuevas molestias, que aun no siendo penosas son lamentables de ver. Y al tratar los asuntos privados sin molestarnos, tampoco transgredimos los asuntos públicos, más que nada por miedo, y por obediencia a los que en cada ocasión desempeñan cargos públicos y a las leyes, y de entre ellas sobre todo a las que están dadas en pro de los injustamente tratados, y a cuantas por ser leyes no escritas comportan una vergüenza reconocida". 

Conmemorando a los caídos en el primer año de la Guerra del Peloponeso, Pericles se puso retórico y  entusiasmó a los vivos. Los muertos, por supuesto, no le escuchaban. Sí le han escuchado miles de lectores posteriores... creyendo que era verdad lo que Pericles pretendió que fuera verdad. ¿Y qué puede un hecho miserable ante una hermosa verdad?

Había una vez un francés y un español...

Diálogo entre un francés y un español en una comedia satírica anónima rusa de los años treinta del siglo XVIII:

Francés: Serviteur, seigneur (quiero decir que estoy a su disposición).
Español: Señor, no entiendo francés.
Francés: Pues yo no entiendo español. No se ofenda, señor, oigo que está hablando en eslavo. ¿Dónde, señor, ha aprendido esa lengua?
El español quiere eludir la respuesta, pero el francés insiste: Señor mío, me asombra ver a un español hablando una lengua extranjera.
Español: ¿Por qué?
Francés: Porque los españoles viajan poco, no salen de su tierra.
Español: Es que no les hace falta: en su tierra tienen todo lo que necesitan.
Francés (al público): Señores, no se rían; señor mío, no se ofenda, pero en otras tierras hay muchas cosas que en España sería imposible hallar.
Español: No entiende lo que le digo. No me refiero a fruslerías, que en otras tierras hay, sino a la astucia, al arte bélico y a la vida perfecta.
Francés: Que es precisamente lo que en España no hay, pero vuelvo a lo anterior; me gustaría saber dónde, señor, ha aprendido a hablar en eslavo.

Más adelante nos enteramos que el español aprendió eslavo en la guerra contra el turco, cuando "servía al César". 
El francés y el español defienden sus respectivos modelos de vida buena. El francés prefiere vivir atado, pero en un palacio, que libre, pero pobre y vagabundo. El español pregunta: "¿Hay mayor esclavitud que la de un palacio? ¿Hay mayores pecados que los que se cometen en un palacio?", a lo que responde el francés: "Señor mío, no se enfade, pero en la guerra los pecados no son menores". El español le espeta: "Está usted hablando con un caballero español!".
Esta es la respuesta del francés: "No conozco un pueblo más orgulloso y vago que el español; se pone por encima de todo el mundo, y la mayoría, para tener una vida regalada, se mete en un monasterio y allí trabaja para su estómago".


Contra esta herencia peleó el gran Joaquín Costa. Maeztu lo que pretendía era explicar el fracaso de Costa.

viernes, 23 de enero de 2015

Maeztu

Emocionante, la lectura de La revolución y los intelectuales, de Ramiro de Maeztu, un intelectual que en 1910 mira a España con los ojos de quien quisiera ser inglés, pero no puede dejar de ser lo que es. Es un texto doloroso, ácido, despiadado, pesimista, pero que intuye lo que está por venir: la guerra civil. Maeztu no duda de que en España haya unos pocos reformistas, de lo que duda es de que puedan ir más rápido que el pueblo. Para él, lo característico de la aristocracia británica es su sagacidad para introducir las reformas necesarias que impidan las revoluciones anunciadas. Lo característico de España sería la ceguera de las clases dirigentes y la desesperación creciente del pueblo.

Aquí tienen algunas citas:

"El último porqué de la quema de conventos no consiste en haberse dedicado la Iglesia a perseguir liberales y herejes, sino en no haber construido una teología y en no habernos enseñado a vivir moralmente; el último porqué del odio a la plutocracia no consiste en haber acaparado las pobrezas en España, sino en no haber sabido explotar las riquezas de nuestro suelo y de nuestro subsuelo"

"La maldad específica de nuestra oligarquía es su esterilidad"

"Una revolución es un fenómeno de estancamiento: el pueblo marcha; las oligarquías se detienen, en vez de ponerse a la cabeza del movimiento popular; el pueblo entonces se echa encima de ellas. Y a esto llamamos una revolución."

"¡Lo característico, en una palabra, de las clases intelectuales españolas es que no son intelectuales!".

"Mientras creíamos, con Costa, hace diez años, que las clases intelectuales existían, pero que eran retraídas, es decir, inmorales, era lógico que diéramos gritos en la esperanza de despertarlas al deber, y que enronqueciéramos gritando, y que, al sentirnos enronquecidos, nos desalentáramos y echásemos al surco. Pero desde que nos hemos convencido de que nuestras clases intelectuales no existen, de que son retraídas o inmorales porque no son intelectuales, ya no hay para nosotros más caminos que el de estudiar, primero, y el de enseñar, después; el de enseñar hasta que una vida de trabajo sea más entretenida que una vida de ocio y de murmuración."

"Ahora, cuando hemos llegado a la convicción sólida de que el problema de España es el de cultura, y de que la solución al problema depende únicamente del esfuerzo de las clases intelectuales, nos encontraos con que el pueblo se nos ha escapado moralmente, y sólo espera una ocasión propicia: una guerra exterior, una guerra civil, una revolución política, para caer sobre todos nosotros".