sábado, 22 de octubre de 2016

Mi último artículo

Este ha sido mi último artículo en el diario ARA, así que, señores directores, estoy disponible.

Ser abuelo

Tenía intención de escribir otro artículo, mucho más serio, pero mis nietos Bruno y Gabriel (6 y 2 años) están aquí al lado, intentando elaborar lo que llaman "la receta del estofado mareante", y se ríen tanto, que se han apropiado de toda mi atención. 

Las experiencias más importantes de la vida se anuncian haciendo sonar una cuerda en tu interior que produce una música que no sabías que llevabas dentro y de la que ya no puedes prescindir. La música de ser abuelo es bien peculiar. Ser abuelo es redescubrir que sigue siendo divertido jugar por el suelo imaginando que eres un perro... aunque luego te cueste un poco levantarte y al adquirir la posición vertical sientas un leve mareo. Es atreverte a reinventar las posibilidades inéditas que hay escondidas dentro de cada cosa elemental. ¡Qué montón de potencialidades puede llegar a tener una humilde caja de zapatos! O un sencillo palo. O la luz reflejada que chisporrotea en el techo. Ser abuelo es, también, olvidarte del sentido del pudor y la vergüenza. Me di cuenta de esto cuando mi nieto Bruno tenía 6 días. En ese momento los medios hablaban mucho, y de manera muy escandalosa, de la gripe aviar. Y mi nieto tosió. Inmediatamente lo llevé a urgencias.

El escritor Martin Amis dijo en una ocasión que "los nietos son el telegrama de la funeraria". Me tomo sus palabras como la constatación de que los abuelos melancólicos están totalmente contraindicados. Yo veo a mis nietos como un inmenso premio de consolación que me tenía reservado la vida para cuando el oído, la vista, las rodillas y no me quiero acordarme de nada más, me empezaran a fallar. La naturaleza, que a diferencia de la cultura suele ser muy cínica, a veces te sorprende con alguna ironía inesperada, pero muy satisfactoria.

Puedo asegurar que de todas las cosas que me han pasado en la vida, la más inesperada ha sido la vejez, que se presentó sin anunciarse. Recuerdo perfectamente el día que me topé con ella. Fue en un Cercanías de la RENFE, cuando una joven se levantó para cederme su asiento. Bendita sea; ¡pero qué daño me hizo! Ahora bien, todo esto queda compensado con la presencia de los nietos. Si la ocasión lo requiere, suelo dar este consejo: "No tengas hijos, limítate a tener nietos". Obviamente es un consejo irónico, porque lo más maravilloso de todo, incluso más maravilloso que la primera media hora con los nietos, es ver a tus hijos haciendo de padres.

17 comentarios:

  1. Un article bellíssim.
    No sé si és massa indiscreció preguntar-li, Sr. Luri, com és que deixi d'escriure al diari 'Ara'.

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    1. No, no hi ha cap indiscreció per la seva part i vull que tampoco no n'hi hagi per la meva.

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    2. Bé, però ha estat decisió del diari o seva.

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  2. Don Gregorio, ahora que como dice usted está libre, ¿por qué no escribe su autobiografía?

    Creo que lo que nos ha mostrado de su vida en esta bitácora muestra claramente que es lo posee un extraordinario interés y debería usted contarla.

    Por ejemplo, me gustaría saber cómo llega usted a saber búlgaro y Bulgaria. Porque además, hasta hace nada pertenecía al otro bloque. Aunque eso es un detalle. Lo importante es su vida completa.

    Piense cuando sus nietos cuando sean adultos maduros. ¿No le gustaría que supiesen realmente quién fue su abuelo? ¿Tiene usted mejor forma de contárselo que por escrito?

    Una última pregunta, para rematar. ¿Nos privará usted al resto de la humanidad de tan suculento relato? (Quede claro que no es curiosidad o interés por sus intimidades.)

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    1. Querido don Pablo, aún reconociendo que sus palabras me han sabido más dulces que los churros de mi desayuno, he de confesarle que yo de cerca desmerezco mucho.

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    2. Don Gregorio, no pretendo adularle, ni siquiera alabarle. No es que considere que no haya mucho loable en su vida y su persona (no soy ciego ni tonto). Todo lo contrario. Sin embargo, no creo que sea el momento, ni el lugar, ni la persona adecuada para hacerlo. De cerca, me temo que soy áspero. Me gustaría poder llegar persuadirle. Aunque realmente, sólo quiero que considere con detenimiento lo que escribo a continuación.

      Se excusa usted de la escritura de su vida alegando «de cerca desmerezco mucho». Con la inteligencia, la exigencia propia, el dinero y otras muchas cosas, creo que nos pasa lo siguiente: el resto va bastante más justo de lo que uno considera que es el mínimo inexcusable. No es que el resto tenga menos, es que no sabemos muy bien lo que tenemos nosotros. No porque lo despreciemos, sino porque no tenemos la distancia adecuada (respecto a nosotros mismos) para apreciar su magnitud.

      La historia, el paso del mundo de generación en generación —no su escritura— supone la transmisión del sentido a los que vienen después. Aunque la descripción anterior sea al menos farragosa, creo que apunta a un asunto legítimo. Usted ha vivido el mundo no precisamente como un indocumentado intelectual. Disculpe la obviedad, apunto a la total relevancia de su autobiografía.

      Si fuese cuestión de ser un gigante intelectual para escribir, deberíamos no haber dicho ni pío después de Platón. También tendríamos que parar el discurrir humano a su muerte.

      Su autobiografía es relevante para que muestre usted el sentido de su vida. Con sentido, no me refiero a finalidad, sino a lo que ha aprendido de ella. Dicho también de un modo muy tosco, lo relevante es «su visión de la jugada». Perdóneme, porque lo que quiero mostrar es algo muy concreto y no me expreso bastante mal. Si me apura, no se trata tanto de publicar, como de escribirla.

      En un cierto modo, toda biografía es El mundo de ayer —la autobiografía de Stefan Zweig—: explicarle a los que vienen después lo que había antes. Porque después sólo quedan piezas inconexas de antes, sin sentido. El sentido del mundo que usted ha vivido, de su vida, sólo lo puede contar usted.

      Probablemente esta entrada toca aspectos que están en el límite. No tiene sentido seguir escribiendo más. Sólo le pido que considere aquello que trato de describir con torpeza. No pretendo influir en su decisión, sino sólo no sustraer de su vista elementos importantes para su consideración.

      [Pido disculpas si hay errores en el texto anterior, pero la ventana que deja Google para editar y ver lo editado es mínima. Ni siquiera pretendo corregirlo aquí.]

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  3. ¿No ha leído usted "L'Art d'être grand-père" de V.Hugo? Yo lo tengo ahí preparado para el día en que me hagan abuelo.

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  4. "Ser abuelo no me fastidia en absoluto. Le que me fastidia es estar casado a una abuela."
    (Groucho Marx)

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    1. "... estar casado CON una abuela." (Galicismo gordo - marié à)

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    2. Por ultracorrección había leído "cosido" a una abuela...

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    3. Anglicismo, "married to", que el gran Julius hablaba inglés.

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    4. Galicismo, Héctor, porque la frase la traduje del francés.

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  5. Tristan Bernard decía algo así como (cito de memoria): "Lo que hace que los nietos y los abuelos se entienden tan bien es que para los primeros la vida no es seria todavía y para los segundos ha dejado ya de serlo."

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  6. Pertenezco a la entonces rara generación de padres-abuelos, porque teniéndolos tan mayores van camino de tener hijos cuando yo críe higos. Ahora es de lo más normal, y serán legión los padres sin nietos... No sé, como, en principio, tengo contrato hasta los 113, quizás los vea cuando haya de decirles el imperativo noli me tangere..., by if the flies...

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