viernes, 4 de noviembre de 2016

El amor cristiano

Hoy han venido Emilio Manzano y los de Amb filosofia a casa y hemos hablado de un montón de cosas. También, y sin preverlo, del amor cristiano.

Les cuento.

Se dice a menudo que el cristianismo es la religión del amor, por oposición a las religiones de la ley (judaísmo e islamismo), pero la reflexión cristiana sobre el amor ha priorizado dos de sus manifestaciones, la del ágape y la philía, mientras postergaba la de eros.

El principio fundamental del cristianismo es la esencia amorosa de Dios, pero las dificultades para teorizar un Dios erotizado son reales. Desde la perspectiva helénica, no estaba totalmente carente de razón Celso cuando acusaba a los cristianos de impiedad por creer en un dios que ama, puesto que si ama, hay en él una carencia que necesita ser satisfecha con el objeto amado. Esta cuestión fue reactualizada en el siglo pasado por Anders Nygren en su famoso Eros y Ágape, defendiendo la diferencia radical entre el eros griego y el ágape cristiano. Según Nygren, Platón no sabía nada del ágape y San Pablo, aún menos de eros.

Jn 4, 16: "Dios es amor (agapé), y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él". En la traducción de San Jerónimo: "Deus caritas est et qui manet in caritate in Deo manet et Deus in eo".

San Agustín se esfuerza denodadamente por encontrar el encaje del eros griego y el ágape cristiano, pero, a mi parecer, no le salen las cuentas. Por eso acaba diferenciando entre el amor benevolente, el específicamente cristiano, y el amor concupiscente, el puramente erótico. Este último sería un amor exigente, involuntario, que surge de una carencia, que necesita poseer el objeto amado; mientras que ágape, el único amor digno de los cristianos, se caracterizaría por su benevolencia. 

Eros y ágape coincidirían en su naturaleza expansiva, pero eros saca al amante fuera de sí en busca de algo que le falta, mientras que el ágape (la caridad) no obedece a ninguna presión de la naturaleza, sino a una donación libre de uno mismo, como efusión de la propia capacidad de amar.

Tuvimos que esperar la llegada de un Papa serio, es decir, de Benedicto XVI, para que el cristianismo se replanteara este esquema. Me refiero a la formidable encíclica Deus Caritas est, del 25 de diciembre de 2005, donde leemos: "A menudo se ha radicalizado la oposición entre eros y ágape para sostener que lo propiamente cristiano sería el ágape, pero este antagonismo, llevado al extremo conduciría el cristianismo hacia una desvinculación de todas las relaciones vitales fundamentales de la existencia humana". Para plantear esta cuestión filosóficamente, el Papa necesita dialogar con Nietzsche, que había defendido que el cristianismo había dado a beber a eros un veneno que le hizo degenerar en vicio. Benedicto XVI lo hace con elegancia. Ahí es nada: un Papa dialogando con Nietzsche sobre el erotismo. El gesto es enorme. Tan enorme, que creo que a los teólogos cristianos les pasó desapercibido. Pero fue Nietzsche quien dijo también que "amar al hombre por amor a Dios ha sido hasta ahora el sentimiento más aristocrático de los hombres. Amar al hombre sin una escondida intención santificadora es una estupidez y una brutalidad".

10 comentarios:

  1. "Amar al hombre por amor a Dios ha sido hasta ahora el sentimiento más aristocrático de los hombres. Amar al hombre sin una escondida intención santificadora es una estupidez y una brutalidad".

    Pero , ¿ qué entendemos por santificación ?. La mejor forma de contrastar el Cristianismo con el resto de las religiones en este tema no es comparándola con el paganismo clásico o con los monoteísmos legalistas , sino por ejemplo con el budismo. Decía San Agustín : "Suprime las desdichas y con eso acabarán las obras de misericordia.Pero ¿se extinguirá con ello el fuego del amor? La fe y la esperanza pasarán para ceder su lugar a la vida y a la posesión; pero la caridad no pasará nunca".Ninguna otra religión sostiene esto. Henri de Lubac tiene un librito - leánlo antes de llegar a Pannikkar-, "Budismo y cristianismo", donde compara la caridad cristiana con las virtudes budistas de maitri, dana y karuna. Lubac, me parece, no distingue adecuadamente la estratificación del itinerario abierto a los creyentes en el budismo- Mahayana incluido - pero destaca muy adecuadamente las pronunciadas diferencias entre las dos aproximaciones. Lo que distingue al Cristianismo desde Nicea es precisamente la reafirmación nítida de que no hay caridad sin prójimo y esto desde el dogma de la Encarnación de Cristo, sin ambigüedad. El docetismo es una herejía. En la constitución pastoral que escribió el beato Pablo VI sobre la alegría y la esperanza- Gaudium et Spes- se dice que aquellos matrimonios que se abstienen de tener relaciones conyugales ponen en peligro su relación, pudiendo cometer infidelidades. Ratzinger puede dar enfásis, pero no me parece que innove.

    Por cierto , ya terminé con Fueyo.Ahora entiendo a Carrero Blanco.

    Karl Mill

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  2. ¿Ágape, philía, eros? ¿Amor benevolente, amor concupiscente?

    "Ama y haz lo que quieras."
    (San Agustín)

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  3. Buenos días, don Gregorio. Soy nuevo en este café, que sigo con verdadero fervor desde hace varias semanas. No puede imaginar cuánto lamento no haberlo conocido antes.

    Muy interesante, como siempre, su reflexión. A mí me gustaría señalar tan sólo la lectura que al respecto realiza José Antonio Marina en "¿Por qué soy cristiano?". Según él, tal vez la traducción de "ágape" o "caritas" como "amor" no ha sido la mejor. Entre otras cosas porque "amor" no es una palabra demasiado usual en nuestra lengua y porque inevitablemente aparece cargada de contenidos afectivos de lo más variados. Quizá sea mejor traducirla como "acción bondadosa" o en modo de perífrasis verbal como "hacer el bien" que es el resumen que se hace de la vida de Jesús en Hechos 10:38 (aunque ahí no aparece la palabra "ágape") Entender el ágape como "hacer el bien" permite explicar la insistencia de Jesús en "amar a los enemigos" que evidentemente no puede ser entendido en los términos usuales de amor, sino en el sentido de hacerles el bien o no devolver mal por mal. En definitiva, se trataría de ampliar el círculo moral de aquellos a los que hacemos el bien porque los queremos (eros o philía) a aquellos por lo que no sentimos eso. En el fondo ahí se encuentra la revolución ética del evangelio. A mí me resulta interesante la lectura que hace Marina de la "Carta a Diogneto", cuando entiende que los creyentes son la mano de Dios, los que realizan el Reino. De ahí que "Dios es amor" pueda entenderse como "Dios se hace vivo cada vez que hacemos el bien".

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    1. Juan Carlos, gracias por sus amables palabras.
      Entiendo lo que quieres decir, pero me parece que la concepción del ágape que defiendes ya ha estado mediada por la "benevolencia" (primero de San Agustín y, después, de Santo Tomás). En el griego moderno se mantiene viva la tensión concupiscente del ágape antiguo ("agapi mou").
      El "eros" griego reunía varios significados porque, en el fondo, el amor es indefinible ya que tiene, como dice Platón, el rostro del objeto amado. Como se pueden amar diferentes cosas de diferentes manera, la conceptualización del amor no es una tarea fácil. Platón lo intentó y nos lo muestra como una fuerza religadora (que une, que crea totalidades), pero era consciente que cuanto más nos elevamos en la búsqueda de un amor conceptual, más nos alejamos del amor concreto a la persona que amamos.
      En cualquier caso el amor es una fuerza que nos obliga a salir de nosotros y dirigirnos hacia algo o alguien exterior con la intención de formar una unidad. Y ahí es donde me parece que enraíza el ágape cristiano.
      Pero ¡pobre el que pretenda decir la última palabra sobre el amor!

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    2. Muchas gracias por su respuesta, tan fundada como siempre. Sería interesante saber cómo se entendía el concepto de "amor" en el arameo de la época, pero me temo que no podremos llegar hasta allí.

      Y tan indefinible el amor... por eso Sócrates pone en boca de Diotima (según cuenta Platón) el mito del nacimiento de Eros, como hijo de Poros y Penía, en el precioso relato de "El Banquete".

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  4. Benedicto XVI és una fuente de sorpresas. Y demuestra lo poco que entienden los que juzgan a la Iglesia como un partido político y el papa secretario general. Benedicto XVI tambien reinvidico a Teillard de Chardin -un jesutita al que se prohibio dar clases a principios del siglo XX por oler a panteismo - creando Cardenal a un sacerdote belga Julian Ries estudioso de Tellard, al que tuvieron que hacer Obispo de urgencia para poder ir a Roma y convertirse en Cardenal.http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/03/26/actualidad/1364258178_780644.html

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  5. Quien quiera saber lo que es el amor tiene que leer menos a los filósofos que a los místicos (de todas las religiones) y sobre todo a los místicos poetas (san Juan de la Cruz, Rumi, Kabir...).

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  6. "Un en tant qu’un ne donne pas l’amour, deux en tant que deux ne donne pas l’amour, mais deux en tant qu’un donne nécessairement un amour naturel, volontaire et ardent."
    (Maître Eckhart. Le livre de la consolation divine).

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  7. No olvidar el diálogo entre Jesús y Pedro (Jn 21, 15 y sgs.): "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Repondiole: sí, Señor; tu sabes que te quiero", etc. Las tres veces el Maestro habla de agapé y el discípulo de philía. Hasta ahí llegan los papas...

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    1. ¡La de vueltas que le he dado yo a a Jn 21, 15-16!:
      - Simón, hijo de Juan, ¿me quieres (agapas me) más que éstos?
      - Sí, Señor, tu sabes (oídas) que te quiero (philo se).
      - Apacienta mis corderos.
      - Simón, hijo de Juan, ¿me quieres (agapas me)?
      - Sí, Señor, tu sabes (oídas) que te quiero (philo se).
      - Apacienta mis ovejas.
      - Simón, hijo de Juan, ¿Me quieres (phileis me)?
      - Señor, tú lo sabes (oídas) todo. ¡Ya sabes que te quiero (philo se)!
      - Apacienta mis ovejas.

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