jueves, 14 de noviembre de 2024

Añoranza del lago de Brienne

 I

Cono soy un neurótico, he cogido el tren de las 9:30 en Ocata para llegar con holgura de tiempo a la reunión que tenía prevista a las 11:30 en la sede de Enciclopedia Catalana, en la calle Venezuela de Barcelona. Para las 10:10 ya estaba en la puerta. Como la mañana era una de esas espléndidas mañanas de otoño que parecen de primavera, he aprovechado para desayunar (mal) en un bar y dar una vuelta por el barrio. A las 11:30, con rigurosa puntualidad, he hecho acto de presencia. Puntual, sí, pero con un día de adelanto. La reunión no era el jueves sino el viernes. Me pasan cosas de este tipo con frecuencia. Gracias a Dios peco de un marcado exceso de puntualidad y no de impuntualidad. Para sacarle partido a la mañana me he cortado el pelo, me he arreglado la barba y he ido andando hasta la estación de Sant Adrià.

II

A resaltar los juegos de sombras de los plátanos medio deshojados proyectadas sobre las paredes de las casas y la superficie de las aceras.

III

Necesitaría una semana entera de plácida indolencia, en una cabaña en la montaña con vistas maravillosas, nubes rimbombantes pasando sobre mi cabeza y mañanas regaladas como la de hoy. Y no leer, no escribir, no contestar al teléfono, y dedicarme por entero a ver pasar nubes, como Rousseau en el lago de Brienne, de famosas aguas cristalinas. Dicen que esas aguas alivian penas y amarguras, aligeran el espíritu y esponjan el alma.

IV

Vivo estos cambios turbulentos de la presión atmosférica con molestias diversas en el estómago y en los oídos. Las gotas frías pasan por mi cuerpo como una onda radiactiva y me dejan encogido y triste... pero no he de dejar que me venzan. El mejor argumento contra la derrota es una agenda activa.

Los extrañados

 I

Camino de la librería La Central recordé de repente que allí cerca hay una pastelería con nos dulces buenísimos de cabello de ángel. Y allí me fui. Había previsto otra cosa: pasar por una librería de viejo cercana, pero la memoria del paladar impuso su autoridad y acabé entre los dulces. ¿Estoy moderando mi fidelidad a las librerías de viejo?

II

A la salida me encontré con una joven a la que había conocido en Molpeceres en una especie de seminario que impartí sobre el Frankenstein de Mary Shelley. Fue ella la que me reconoció a mí y estuvimos hablando de las casualidades de la vida. Me contó que estaba haciendo un master en la UB y los apuntes que tomó en Molpeceres le estaban sirviendo de mucho. Le explique que iba a la presentación de Los extrañados, de Jorge Freire.

III

Tras abandonar a la joven me encontré con Teresa Sala, profesora de la UB, a la que hacía un montón de años que no veía. Por supuesto, hablamos de las casualidades dela vida.

IV

La presentación del libro creo que fue amena y ágil. Era la primera vez que veía a Jorge Freire cara a cara, pero curiosamente nuestros caminos se habían cruzado, sin permitirnos encontrarnos, una enorme cantidad de veces. Nos conocíamos a distancia. Salieron a relucir, por supuesto, las casualidades de la vida. Entre los asistentes, Miquel Seguró y la joven de Molpeceres.

miércoles, 13 de noviembre de 2024

En detrimento de lo real

 I

Anda el invierno enseñándonos las orejas entre amenazas de tormentas. Llevamos semanas bajo cielos revueltos y amenazas de gotas frías y tras el desastre de Valencia nadie parece dispuesto a jugar con los avisos de alarma. Estamos condenados a vivir cada vez más asustados, porque estamos condenados a advertirnos de las acechanzas de lo posible. Y lo posible siempre crece en detrimento de lo real.

II

Llovía ayer por la tarde cuando llegué a la estación de Sants y decidí ir andando hasta Catalunya Ràdio, donde me esperaba un reencuentro con Sílvia Cóppulo para una larga entrevista para su programa El divan. No sé si los que lo oigan lo encontrarán o no interesante, pero lo cierto es que nos reímos mucho. Es extraña la afinidad, la proximidad, incluso, que sientes con ciertas personas. Son presencias que cobijan.

III

Esta tarde le presento a Jorge Freire, a quien tanto aprecio, su último libro, Los extrañados. Es un libro magnífico. A ver si la gota fría nos deja en paz y podemos hacer la presentación que el libro merece porque aquí, en Cataluña, cuando hay tormentas lo primero que se resiente es el transporte público.

martes, 12 de noviembre de 2024

El Machu Picchu

 I.

Me pregunta B. desde París por qué me he saltado en este casi-diario la experiencia del Machu Picchu, que, a su parecer, fue el punto culminante de nuestro viaje al Perú. La respuesta es que cuando vives con rapidez, la memoria va empujando a lo vivido hacia atrás. Pero hay otra razón y es que el Machu Picchu, con toda su monumental grandeza, fue un pelín decepcionante.

II

El día comenzó con un madrugón. Nos levantamos a las 4:00 porque un coche tenía que llevarnos hasta la estación del tren de Ollantaytambo para coger allí el tren panorámico que nos llevaría lleva al pueblo de Aguas Calientes, un pueblo invadido por el turismo (por ese turismo que pretendemos no encontrar cuando hacemos turismo). El viaje en tren, remontando la orilla izquierda del río Vilcanota mereció la pena porque era una entrada progresiva en la selva. A nuestra derecha una joven española estuvo todo el trayecto pendiente de su móvil. No recuerdo haberla visto ni una vez mirando por la ventana. A nuestra izquierda, al otro lado del río Vilcanota, veíamos caminar con envidia a los esforzados aventureros que hacían a pie el camino inca para llegar a Machu Picchu como hay que llegar, andando. Ellos entraron a la ciudad por su puerta natural, en lo alto de una montaña, de manera que se encontraban a la ciudad a sus pies. Nosotros tuvimos que subir a un autobús en Aguas Calientes para llegar a la entrada adaptada a los turistas.

III

Sí, sin duda, el lugar impresiona, sobre todo por la relación que mantiene con las cimas de las montañas que lo rodean. Es un lugar para mirar hacia arriba, hacia el cielo, y sentirte un poco un ave que anida en el nido sagrado de los Andes. Pero yo no tuve tiempo de abandonarme a la imaginación, porque algo muy concreto me mantuvo muy pegado a mi estricta realidad: los voraces mosquitos, que me acribillaron. Habitualmente suelen pasar de mí y prefieren otras sangres. Los de Machu Picchu se cebaron en mí, dejándome los brazos como un campo de batalla.

IV

Con respecto a los incas, tuve siempre la impresión de que lo que nos contaban con vehemencia los guías turísticos era en gran medida una invención de su propio mito del buen salvaje.

V

Represamos al hotel cuando ya era noche cerrada, agotados. En fin, que nos sometimos a la maldición del turista moderno.

domingo, 10 de noviembre de 2024

A veces te echo de menos...

 I

El sábado pasado mi mujer y yo fuimos en coche hasta Lérida. Esta es una época ideal para viajar en coche por las carreteras de la Cataluña interior. El otoño tiñe los paisajes con una dulce luz pastel y entre los verdes vivos de los pinos, los verdes amarillentos cansados de las hojas de los olmos y abedules y los brotes nuevos de los cereales, todo parece estrenarse. Además la luz, que ilumina en noviembre con discreción, alarga los paisajes hasta horizontes remotos y algo irreales. Hay como un toque de fantasía en la realidad.

II

Nos paramos a comer en Cervera, que nos recibió envuelta en una niebla espesa. Es un placer viajar sin prisas, pararte a tu antojo, detenerte en lo pequeño para admirar lo grande. Sentir a la camarera (que carecía de cualquier atisbo del sentido de la prisa) ofrecerte "lo pa, carinyos", y disfrutar de una "escudella" calentita mientras afuera la niebla sigue su curso. Al dejar Cervera volvió la luz de la tarde y con ella la alegría del viaje.

III

Lerida nos recibió con un frío soportable. En el Carrer Major, a rebosar de gente, una castañera colombiana -sí, colombiana- nos vendió un cucurucho de castañas (las primeras del año). Poco antes habíamos pasado por delante del restaurante Paisa, que sirven comidas típicas de Colombia. Muchos negros jóvenes y muchas familias de marroquíes.

IV

Hoy he pasado la mañana en Almenar, un pueblecito al norte de la ciudad de Lérida, entre gente amable y magníficos profesionales, hablando de la lectoescritura, defendiendo que hay que leer en defensa propia y desarrollando mi tesis de que leer es situar un texto en su preciso contexto. Sin información contextual (lo que no está en el texto, pero lo explica) no hay comprensión lectora:

V. 

Como ayer apareció en el diario ARA un artículo mío titulado Elogio del ladrón de peras, me esperaba alguna broma en esta tierra de hortelanos y frutales, pero no me que regalaran una caja de peras. Ha sido un detalle no carente de emoción.






viernes, 8 de noviembre de 2024

Entre el exceso y la locura

 I

Cena en el restaurante El Deseo de Madrid tras la presentación, amenísima, del libro de Nuno Crato Elogio del libro de texto en la universidad Camilo José Cela. Buena gente, buen ambiente, buena cena e, inevitablemente, Trump sobre la mesa. Alguno de los presentes explicaba su triunfo electoral por la falta de educación del electorado norteamericano. Si no, no entendía como un patán como él podía haber dado una paliza electoral a Kamala Harris. Se me ocurrió decir que el electorado norteamericano ha tenido tradicionalmente mucho mejor olfato electoral que el europeo y que, en todo caso, los que le han dado el triunfo a Trump son, mayoritariamente, los que le dieron el triunfo a Biden hace 4 años. Si eran inteligentes al elegir a Biden, ahora lo son con más experiencia. 

II

Cuando más hablo sobre las elecciones norteamericanas con unos y con otros más clara veo la disyuntiva a la que se enfrentaron los electores: tenían que elegir entre el exceso y la locura. El problema el que para unos era el exceso para otros era la locura. 

III

Conté la anécdota de aquel político que tras dar un mitin electoral fue efusivamente felicitado por una de sus entusiastas seguidoras que le dijo. «Toda la gente de bien está con usted», a lo que el político respondió «Pues con ellos no tengo suficiente»

IV

A muchos europeos parece que les gustaría que los americanos delegaran sus votos en ellos porque, por lo visto, conocemos sus intereses mejor que ellos.

V

Y hablando de libros de texto, esta joya:



A resaltar: 




miércoles, 6 de noviembre de 2024

Por de pronto...

I

Según Maeztu, de haber padecido los franceses un 98, «habrían gritado: "¡Nos han hecho traición!" Los alemanes hubieran demostrado la decadencia de la civilización [...]. Alguna aristocracia anglosajona nos dejaría dicho que el mundo, ingrato, no la merecía. Cuando a los españoles nos acontece algo grave, lo primero que se nos ocurre es echarnos, por de pronto, la culpa».

II

Y hoy no tengo ganas de añadir nada más.

Tontoleando con Hispanoamérica

Cuando oí a un indio de Bolivia el verbo «tristear», pensé que teníamos que importarlo a España. ¿Y qué me dicen del verbo «tontolear» con e...