sábado, 30 de agosto de 2025

Tontoleando con Hispanoamérica

Cuando oí a un indio de Bolivia el verbo «tristear», pensé que teníamos que importarlo a España. ¿Y qué me dicen del verbo «tontolear» con el que los costarricenses se refieren a los singulares quehaceres de los enamorados? ¿Y del «cantinflear» mexicano? Las vetas del español están tanto en La Paz como en Vallecas. ¡Pura vida! En Montevideo la hija adolescente de unos amigos me aseguró que había aprendido a hablar en español y para demostrármelo me soltó, elevando la voz: «¡Jo, tío, eso mola! Pero es superdifícil, o sea. Que no te vacilo, ¿eh? Que no voy sobrado, literalmente». Ni en Bolivia me he sentido boliviano; ni en México, mexicano; ni en Montevideo, uruguayo. Pero en ningún lugar de Hispanoamérica me he sentido extranjero de la manera como me puedo sentir extranjero en París, Londres o Berlín. España no ha terminado la conquista de América, de hecho tiene que estar siempre conquistándola, como hacen los enamorados con las mujeres que aman.

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