Comienzan a anunciarse las jornadas de puertas abiertas en los centros educativos. Los carteles publicitarios de los centros muestran a niños y niñas (sobre todo, niñas) bien alimentados, bien vestidos, sanos y con caras sonrientes, como si estuviesen en un descanso entre dos apasionantes actividades de un parque de atracciones. Por supuesto no se ve ni un libro -o al menos yo no lo he visto- ni ninguna actividad que requiera hincar los codos.
Una escuela que se anunciase entre nosotros prometiendo "Hard work", como lo hacen no pocos centros privados en Inglaterra, podría quedarse sin alumnos.
El mensaje que transmiten mayoritariamente nuestros centros educativos podría resumirse así: "Traiga a sus hijos aquí, que se sentirán felices". Cada familia puede pedir a la escuela lo que le dé la gana, ahí ya no me meto; así que si quieren una escuela feliz, que la busquen. Pero si alguna vez la encuentran entre el humo publicitario, descubrirán que para alcanzar la precaria felicidad asequible al hombre se necesitan más codos que para estudiar matemáticas.