viernes, 14 de mayo de 2021

Cansancio

Me he levantado esta mañana cansado. Como si hubiese pasado la noche corriendo. Toda la actividad desplegada en Madrid parece pasarme ahora una onerosa factura. Sin embargo, no he podido dedicarme a mascar la nada -que es a lo que se dedica algún personaje de Delibes en su inactividad-, porque por la mañana tenía un Zoom con una periodista de Radio 3 y por la tarde una entrevista en el programa La Tarde de la Cope, con Fernando de Haro. He llegado a casa reventado. Aún así he sacado fuerzas de flaqueza para perder contra mi voluntad una partida a las damas con mi nieto B.

La diferencia entre un buen y un mal entrevistador es que el bueno te arranca los titulares, mientas que al malo se los tienes que servir tú en bandeja. Josep Maria Espinàs me advirtió hace tiempo que hay periodistas a los que tienes que responderles lo que te parezca, sea la que sea la pregunta, si pretendes que la entrevista salga bien.

Una mala noticia. Este año los dos cerezos de nuestro jardín habían florecido con una generosidad esplendorosa y nos prometían una decente cosecha de cerezas (o sea: un par de docenas). Por las razones que sean, sólo quedan 3. Las otras se han secado en las ramas sin apenas alcanzar a tomar forma. Nuestros cerezos son uno de esos amores fatales que te frustrarían un poco si te correspondieran plenamente.

jueves, 13 de mayo de 2021

Vuelta a casa

Epifanías matritenses:
 

Epifanía de la luz y de la gente. 

Recuerdo especialmente dos largos paseos: el del sábado por la mañana temprano y el del domingo por la tarde. Decía Hegel que la revolución francesa había perforado como un topo el pesado reino de la tierra y se había abierto paso hasta la luz del día. A veces siente uno exactamente eso, que la propia alma se ha sacudido el barro y la oscuridad y se ha abierto el paso hasta la luz del día. Entonces caminas con los ojos muy abiertos, sin prisa por llegar a ningún sitio, porque ya estás donde quieres estar.


Epifanía del silencio:

Comenzó a llover y buscamos refugio en el Café Gijón, que nos pilló al lado. Estaba casi vacío e impresionaba el silencio de un lugar tan habitado por las voces.

Le pregunto a un camarero: ¿Sabe usted cuál era la mesa de Ruano?

Respuesta de compromiso, sin mirarme siquiera: Yo llevo poco tiempo aquí.

Epifanía del sol tras la tormenta.

Se ha hablado tanto de los cielos y las luces de Madrid que es difícil no enturbiar su esplendor con las palabras. La luz no parecía venir del cielo, sino emanar de las piedras mismas.

Epifanía de la teoría de las ausencias.

El Teatro de la Comedia. Para mí, ese era el lugar en el que hablaron Ortega, Unamuno y tantos otros en aquel tiempo en que los filósofos se hacían oir.

Epifanía de la buena gente. 

Resulta que Jaume Vives, una persona luminosa y rodeada de ángeles, estaba en Madrid y me he encontrado con él en la puerta del hotel.

Otras epifanías

En El Subjetivo: Asignaturas y disciplinas.

En Aceprensa.

Jueves 13 de mayo. Las 18:18. Estoy en casa.

Sigo en pie

A las 10:00 envío el artículo de mañana del Subjetivo.

A las 11:00, en la calle Marqués de Mondejar, al ladico de la plaza de toros de las Ventas, hemos organizado un congreso educativo para finales de año. Creo que ha quedado la cosa apañadita.

A las 14, comida con Martí Saballs, Paco González y Olga San Martín en el Martinete, en la plaza Marqués de Salamanca. Comida exquisita y compañía perfecta.

A las 16:30, café con Josefina Stegmann en la plaza de Santa Ana. Josefina ha tenido un día atareado, pero es una mujer fuerte.

A las 19:00 charla en la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno sobre La abolición del hombre de C.S. Lewis. Muy bien,

A las 21:00 cena con la noble gente de la Fundación. 

Mañana vuelvo a casa, pero antes me espera un breve encuentro con una de las personas más especiales que conozco, Jaume Vives.

martes, 11 de mayo de 2021

Hoy, mermelada

Otro día intenso.

Y satisfactorio.

He comenzado la mañana merodeando por un par de librerías de viejo, haciendo tiempo, porque a las 12:00 me esperaban en la Editorial Encuentro con La mermelada sentimental recién salida del horno. Estoy muy contento con este libro. Ha quedado bien. En Encuentro, una editorial que merece su nombre, se han esmerado.

Nada más comenzar la reunión ha llamado Josefina Stegmann, es decir, nada fuera de lo probable. 

A las 13:00 he tenido que recorrer 50 metros para acercarme a la sede de The Objective, donde me esperaba sesión de fotos y entrevista. La mermelada sentimental recoge los artículos que he ido publicando estos años en El Subjetivo. Por lo tanto, era obligado que llevase un prólogo de Peyró. Ayer, alguien bastante más joven que yo, pero con buen criterio y fina inteligencia, dejó dicho con una copa de verdejo en la mano, en el hotel Urso, que "Peyró es el mejor de nuestra generación".

A las 14:30 me esperaban -a 300 metros de distancia- en la Fundación Botín, para ir a disfrutar de la comida casera a La Cocina de María Luisa. Comida tranquila, rica y cordial en la que no han faltado ni risas ni proyectos ambiciosos. 

He vuelto caminando hasta el hotel, pero no tanto por hacer ejercicio (que también) como por husmear en otra librería de viejo, próxima a la puerta de Alcalá, a la que le había echado el ojo al pasar por delante de su escaparate con prisas. 

En el hotel me esperaba otra entrevista -una curiosa y entretenida entrevista metafísica, sobre el yo- y, finalmente, el descanso.

lunes, 10 de mayo de 2021

Día largo

Día largo.

A las 11:00 encuentro con Lluís Homar, Xavier Albertí, Ana Llorente y María Condor en la Plaza de Santa Ana.

A las 13:00 presentación de El recogimiento en el Teatro de la Comedia. Allí estaban, ente otros, el gran Luís Lizasoiáin y el entrañable Carlos García Gual.

A las 14:15 despedida de mi mujer, que regresaba a Ocata.

A las 14:45 comida filosófica con Javier Gomá.

A las 18:00 reunión educativa en las Cortes.

A las 20:00 charla, vino y picoteo en el hotel Urso.

A las 23 regreso al hotel.

Resumen del día: ¡Qué grande es una habitación de hotel cuando falta ella!

domingo, 9 de mayo de 2021

22.845 pasos

Dice mi mujer que hemos dado 22.845 pasos por Madrid. Pocos me parecen a mí, pero a ella le informa de estas cosas un reloj que lleva en la muñeca y ya se sabe que la tecnología siempre tiene razón. No sé cuánto supondrá esto traducido a quilómetros, pero una barbaridad, seguro.

Hemos comenzado la mañana en el Museo del Romanticismo, porque tenía yo el antojo de rendirle una visita a Paquiro, el torero:

Pero como no hay como ir a un sitio para encontrarse en otro, me he quedado sorprendido por estas dos maravillas de Alejandro Ferrant Fischermans, San Joaquín y Santa Ana (1884):


No estoy yo seguro de que Alejandro Ferrant sea un pintor romántico, pero eso es lo de menos. Lo relevante es su genialidad. Hay muchas cosas interesantes que reclaman la atención del visitante del Museo del Romanticismo pero yo he salido con la memoria totalmente ocupada por estas dos imágenes. 

El cohete chino ha caído en el Océano Índico, pero como el cielo parecía decidido a descargar algo sobre Madrid, hoy nos ha dejado caer un chaparrón discreto que nos ha pillado saliendo del Café Gijón. El camarero que nos ha atendido no sabía quién era Ruano.

sábado, 8 de mayo de 2021

Conversando

Primer día en Madrid. Sano y salvo. El cohete chino se ha convertido en una amenaza muy remota.

He pasado la mañana hablando sobre conservadurismo en la magnífica Fundación Conversación, que con tanta sabiduría dirige Armando Zerolo. He desarrollado tres ideas: que el conservadurismo es un reformismo, que el reformismo del conservadurismo hispano ha tenido desde Cánovas una dimensión decididamente social y que el conservadurismo se dice de muchas maneras (hay diferentes tradiciones conservadoras). He aprovechado la ocasión para proponer que el PP cambie su logo: debieran sustituir la gaviota por un berberecho.

En el ABC de hoy aparecen unas declaraciones que me arrancó la listísima Josefina G. Stegmann, que tiene la rara habilidad de llamarme siempre cuando me resulta imposible atenderla. Esta vez, cuando viajaba en el AVE que me traía a Madrid. Y, sin embargo, siempre consigue arrancarme alguna muela sin dolor. En esta ocasión quería que le dijerse mi opinión sobre la prohibición del lenguaje inclusivo en las escuelas francesas. Esto es lo que Josefina dice que yo le dije: "Los franceses no aceptan la degradación escolar del canon. Y eso signifoica que aman la escuela como el lugar en el que el niño se convierte en ciudadano gracias al acceso a una cultura común. Esa cultura no puede ponerse en desbandada ante los intentos de dinamitarla por parte de quienes quieren llevar la revolución al lenguaje. El lenguaje es la razón común, no la razón de parte".

Ha aparecido hoy en El Tribú la última entrega de mi Locutori.

Os podría hablar de la dulce serenidad del amanecer y de como los tonos pasteles se apoderan de las fachadas en el atardecer de Madrid, de las gentes que invaden las terrazas de bares y restaurantes, de lo hermosa y acogedora que es esta ciudad, que ha hecho de la inclusión su esencia. Pero estoy tan cansado,...

Tontoleando con Hispanoamérica

Cuando oí a un indio de Bolivia el verbo «tristear», pensé que teníamos que importarlo a España. ¿Y qué me dicen del verbo «tontolear» con e...