lunes, 31 de diciembre de 2018

Designar el tiempo

“Antiguamente no había figuras de letras con que escribir, y para cumplir esta necesidad de entenderse los hombres en ausencia,  usaban pintar una culebra deleznable para designar el tiempo, y por la envidia una serpiente, y por escribir el rey pintaban una abeja haciendo miel en la colmena.” 

- Cristóbal de Villalón, El Scholástico (uno de los libros que me llevaría a una isla desierta).

Mi deseo para el 2019...


... que sepamos hacer de la necesidad, virtud.

domingo, 30 de diciembre de 2018

El tiempo regalado

Para mí, el libro del año, desde un punto estrictamente biográfico, ha sido El tiempo regalado de Andrea Köhler. Veo, además, que aparece en varias listas de "libros del año". Quiero agradecer desde aquí a los meticulosos y certeros artesanos de Libros del Asteroide el regalo que me hicieron al pedirme que firmara un prólogo que, en el transcurso de su escritura, acabó tomando forma de epílogo.  El libro lleva ya adelante su quinta edición entre el eco de las reseñas favorables.


Que un ensayo sobre la espera haya tenido tanto éxito en estos tiempos de novolatrías e impaciencias, podría querer decir que necesitamos compensar las prisas con las pausas, las innovaciones con las permanencias, las carreras con los paseos, el vértigo del movimiento con la pausa de la contemplación, etc. 

He escrito más de una vez que una de las características de nuestro tiempo es la confusión entre lo bueno y lo nuevo; que hemos cargado axiológicamente lo nuevo hasta el punto de que está usurpando el venerable sitial que le teníamos reservado a lo bueno. Sin embargo, este libro me ha hecho pensar sobre las permanencias antropológicas de una manera un poco más optimista. Y por eso, sobre todo, le doy las gracias también a Andrea Köhler.

viernes, 28 de diciembre de 2018

¿Murió Alejandro envenenado por Aristóteles?

Esto es lo que sugiere el sardónico Voltaire en su Diccionario filosófico:

"Plutarco nos refiere que oyó decir a un tal Agnotemis, el cual a su vez lo había oído decir al rey Antígono, que Aristóteles envió una botella de agua de Nonacris, ciudad de la Arcadia; que ese agua era tan fría que mataba de repente a los que la bebían; que Antipatra envió dicha agua en un casco de pezuña de mulo y por esto llegó fresca a Babilonia, que Alejandro la bebió y que murió al cabo de seis días, víctima de continua fiebre".

jueves, 27 de diciembre de 2018

Los deberes, de nuevo

Algún día tendré que recoger mis más notables entrevistas en los medios. Cuando lo haga, la de esta tarde ocupará uno de los primeros lugares. La cosa ha ido, más o menos, así:

- ¿Cómo quieres que te presente?
- Yo soy maestro.
- ¿Pero no eres también pedagogo?
- Sí.
- Pues te presentaré como pedagogo.
- Tú me has preguntado cómo quería ser presentado.
- Me interesa saber qué opinas de los deberes escolares.
- Que los hay buenos y malos.
- ¿Pero no crees que hay excesivos?
- No conozco a ningún maestro empeñado en amargar la vida a sus alumnos. Sí conozco a unos que ponen mejores deberes que otros.
- Hay padres que están en contra.
- Hay dos clases de padres. Unos son los quieren que sus hijos sean felices; otros, los que saben lo que quieren.
- ¿Qué opinas de la prohibición de los deberes?
- ¿Han prohibido también las extraescolares? 
- No
- Entonces es un brindis al sol.
- ¿Por qué?
- 9 de cada diez niños españoles hace actividades extraescolares. ¿No son deberes? Además, los niños de familias ricas siempre, siempre están haciendo deberes, porque viven en un medio de continuos estímulos intelectuales. ¿Hay que prohibir esos estímulos a los pobres?

He dicho -y resaltado- una cosa más: que lo que más me gusta de los deberes es la palabra "deberes".

Meditación sobre Caperucita Violeta




miércoles, 26 de diciembre de 2018

Afinidades electivas

Escribo esto con la satisfacción de haber encontrado en un blog de mikrologías que sigo con aprecio  -aunque me falte el conocimiento cara a cara con su autor- una afinidad electiva compartida: la de Nicolás Ramiro Rico.

Los que vivimos fuera de la Academia podemos permitirnos el lujo del huroneo -o del escarabajeo, que diría Unamuno-, guiados por una brújula caprichosa, y detenernos allá donde nos plazca y decir, sin complejos, "esto nos gusta" (lo que no gusta es mejor, en la mayoría de los casos, callarlo), aunque la Academia lo ignore.

Nicolás Ramiro Rico es un pensador libre de la universidad que podríamos llamar franquista si supiéramos bien lo que significa hoy la última metamorfosis semántica de esta palabra, pero es también la prueba también de que en cada párrafo de algunos pensadores de aquella universidad encontramos más libertad y hondura intelectual que en las obras completas de algunos profesores universitarios que hacen del antifranquismo su excusa para no pensar más que consignas.

Tontoleando con Hispanoamérica

Cuando oí a un indio de Bolivia el verbo «tristear», pensé que teníamos que importarlo a España. ¿Y qué me dicen del verbo «tontolear» con e...