lunes, 29 de febrero de 2016
Sí a la nueva educación
Para mí la nueva educación, la que de verdad aporta al mismo tiempo novedad y evidencias perfectamente constatables de éxito para los pobres (los ricos no necesitan éxito escolar, ya tienen agendas), es la que están llevando a cabo Eva Moskowitz en la Success Academy, en Harlem, o Jonathan Molver y Max Haimendorf en la King Solomon Academy, en un barrio muy deprimido de Londres. En ninguno de los dos centros, basados en el modelo de las KIPP, se considera ni imposible ni indigno llegar a ser "una comunidad de alumnos que aprenden de manera entusiasta y que se muestran apasionados persiguiendo la excelencia académica".
De la Success Academy ya hemos hablado en este Café, AQUÍ.
De la King Solomon Academy os traigo estos dos más que interesantes artículos: ÉSTE y ÉSTE.
No, la cultura del esfuerzo no es ni un cuento ni una conspiración ideológica de los ricos contra los pobres. Es la única manera que tienen los que van en el furgón de cola de llegar a la cabeza del tren.
domingo, 28 de febrero de 2016
El caso de John F. Tinker
Después de 20 horas de viaje, el autobús cruzó el Mississipi siguiendo la carretera que atraviesa los bosques de coníferas de Iowa. Afuera hacía frío, pero adentro había un ambiente caldeado por la euforia. Los viajeros regresaban de la manifestación que había congregado a más de medio millón se personas en Washington el día de Acción de Gracias de 1965 para pedir el fin de la Guerra de Vietnam.
Dos adolescentes de 15 años, John Tinker y Christopher Eckhardt, alumnos del instituto de Des Moines, hacían proyectos en sus asientos para seguir la consigna del senador Kennedy, que quería que la protesta se mantuviera viva a lo largo de la Navidad. Decidieron que el día 16 de diciembre irían a clase con brazaletes negros.
Llegado el día, John Tinker consideró sensato hablar con sus profesores antes de manifestar públicamente su repulsa a la guerra, dado que la dirección del centro había prohibido cualquier señal externa de protesta, pero su hermana, Mary Beth, de 13 años, optó por la desobediencia. El profesor de matemáticas, Richard Moberly, la echó de clase al verla con el brazalete. John, entonces, se solidarizó con ella e imitó su gesto, corriendo su misma suerte. Los dos hermanos presentaron inmediatamente una denuncia contra el centro.
El juez Roy Stephenson falló a favor del instituto, pero los Tinker recurrieron y llevaron el caso hasta el Tribunal Supremo, que dictó una sentencia a su favor el 24 de febrero de 1969, creando así una jurisprudencia que marcó época, y no sólo en Estados Unidos. Siete de los nueve jueces consideraron que la Primera Enmienda garantiza la libertad de expresión de profesores y alumnos, porque ninguno de ellos abandona su derechos constitucionales en las puertas del centro. Las escuelas -añadían de una manera que a mi me parece excesivamente grandilocuente- no pueden ser "enclaves totalitarios". Obviamente es así, ¿pero quiere decir esto que los profesores no deben disponer de ninguna autoridad que al menos module lo que un alumno puede entender en un momento dado por libertad de expresión?
Uno de los jueces, Hugo Black, redactó un voto particular poniendo en duda que los tribunales pudieran arrogarse el derecho a decidir cómo debe transcurrir una jornada escolar. Con su conducta, los Tinker habían perturbado la atención de sus compañeros. El ejercicio del derecho de la libertad de expresión -decía- no nos hace impunes, sino responsables. Las cosas que se dicen de cualquier manera en cualquier lugar no están necesariamente protegidas constitucionalmente. Pero, insisto, el juez Black fue el único en ver las cosas de esta manera.
En compañía del cielo de Ocata
He descubierto que el cielo de Ocata es altamente sensible a la música que oigo cuando salgo a pasear por la playa. Así que me he decidido a escuchar de nuevo el Concierto para la mano izquierda de Ravel, pero esta vez con la gran Alicia de Larrocha y, como era de esperar, el cielo, no ha tardado en seguir el compás. El mar no es otra cosa que el cielo boca abajo.
sábado, 27 de febrero de 2016
Ha muerto José Benardete
Ha muerto José Benardete, el hermano mayor del gran helenista Seth Benardete y de Maír José Benardete. Este último fue durante muchos años profesor de español y de estudios sefarditas en el Brooklyn College.
José Benardete, profesor emérito de filosofía en la Universidad de Syracuse, nos deja un libro importante, de los que ya sólo escriben los filósofos norteamericanos, Greatness of Soul: In Hume, Aristotle and Hobbes, as Shadowed by Milton's Satan:
Pero José Benardete era también uno de los profesores más populares de Syracusa. Tanto es así que sus alumnos han ido recogiendo numerosas anécdotas sobre él, algunas tan increíbles que sólo pueden ser ciertas, en esta página.
Las publicaciones de José Benardete AQUÍ
viernes, 26 de febrero de 2016
Tarde de invierno en la playa de Ocata
He salido a eso de las 4 a dar un largo paseo por la playa, con la intención de llegar hasta Vilassar de Mar. A la ida he ido escuchando las Escenas románticas de Granados. Ayer me enteré de que su mujer le prohibió interpretar esta obra porque el músico la vivía con tanta pasión que la acababa somatizando. Me gusta Granados pero digamos que no me he sentido muy excitado por su romanticismo.
A la vuelta he cambiado las Escenas románticas de Granados por el Concierto para la mano izquierda de Ravel y a éste no hay manera de no somatizarlo. Hasta el cielo se ha puesto a la altura de su música.
El heroísmo de la inteligencia
Hans Magnus Enzensberger describe en Tumulto el encuentro de un grupo de intelectuales europeos con Jruschov a mediados de agosto de 1963. Subrayo estas palabras:
"Sartre no asume ningún riesgo, se mantiene a la expectativa, por no decir manso como un cordero, una actitud que contrasta por completo con la que adopta en Francia, donde de buen grado ofrece ante el poder pruebas de valentía exentas de riesgo."
Más adelante subrayo estas otras, que describen el viaje en barco de un grupo de intelectuales por el Támesis:
"Alguien preguntó dónde se había metido el invitado de honor. Después de que lo buscaran largamente, lo encontraron en un rincón oscuro de la popa, con la radio pegada en la oreja. Esperaba un mensaje de Estocolmo. El mensaje llegó, pero no iba dirigido a él, sino a Miguel Ángel Asturias... Esto tenía que ofender a cualquier chileno... Todos hicieron lo posible por consolar al poeta, pero al final hubo que llamar a un médico de urgencias para que lo atendiera, se había desmayado."
Más adelante subrayo estas otras, que describen el viaje en barco de un grupo de intelectuales por el Támesis:
"Alguien preguntó dónde se había metido el invitado de honor. Después de que lo buscaran largamente, lo encontraron en un rincón oscuro de la popa, con la radio pegada en la oreja. Esperaba un mensaje de Estocolmo. El mensaje llegó, pero no iba dirigido a él, sino a Miguel Ángel Asturias... Esto tenía que ofender a cualquier chileno... Todos hicieron lo posible por consolar al poeta, pero al final hubo que llamar a un médico de urgencias para que lo atendiera, se había desmayado."
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Tontoleando con Hispanoamérica
Cuando oí a un indio de Bolivia el verbo «tristear», pensé que teníamos que importarlo a España. ¿Y qué me dicen del verbo «tontolear» con e...