sábado, 6 de abril de 2013

Quintano, Aub, Luri y los lémures noruegos


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

   Gregorio Luri ha sacado a colación lo que escribió Max Aub en el prólogo de su “Campo francés” a propósito de la guerra civil española:

    –Un suceso de esta importancia sólo podía acontecer en un país tan fuera de la realidad como España.
    
Sólo este país de individualistas (retribuidos por el Estado) podía competir con los lémures noruegos en la puesta en marcha de un suicidio colectivo.
    
Los lémures noruegos son las criaturas escogidas por el crítico literario Harold Bloom para designar en su mundillo a los intelectuales de lo que él llama la Escuela del Resentimiento, que imitan a aquellos roedores: cuando uno se lanza por el precipicio, todos le siguen.
    
Nuestra idea del Estado no es superior a la que pueda tener un lémur. Toda relación con el mundo (y para nosotros el centro del mundo es el Estado) es de naturaleza personal: un caballero se enfada por una multa con el Estado y tira hacia el precipicio seguido de sus correspondientes lémures.

viernes, 5 de abril de 2013

El segundo manuscrito


El segundo manuscrito es el diario que el pintor Joaquim Renart (1879-1961) escribe entre el 18 de julio y el 31 de diciembre de 1936. Es una obra mayor y no entiendo por qué las editoriales catalanes la tienen olvidada en las estanterías de una biblioteca. El autor se dedica a mirar a su alrededor para encontrar, con finísima percepción, las claves de lo que está pasando en la metamorfosis de las costumbres cotidianas y lo hace con elegancia, sagacidad y buena prosa. Es el diario de un buen pintor. Sabe mirar y poner la pincelada adecuada a cada matiz.

El diario comienza con la muerte y el entierro del polifacético Apel·les Mestres, que expiró la madrugada del domingo 19 de julio. Renart recuerda que más de una vez le había oído decir "Cuando me muera caerán rayos y truenos”. Los rayos truenos que le llaman la atención a Renart no son los de la rebelión militar, que la considera casi irrelevante, dando por supuesto que en pocos días estará derrotada, sino los de la revolución que está sacudiendo Barcelona, una ciudad históricamente muy dada a tirar la casa por la ventana en cuanto se le antoja que los tiempos están cambiando.

"La Barcelona de hoy es imponente”, escribe. Observa la gran cantidad de coches que recorren alegremente las calles repletos de gente armada, los pañuelos blancos de los balcones, el saludo generalizado del puño en alto, la quema de conventos e iglesias. El cielo de la ciudad está cubierto de una neblina de humo. La radio da insistentes señales de optimismo, pero se oyen continuamente tiros por las azoteas. Todo el mundo parece tener un fusil en la retaguardia. Todo el mundo quiere ser de alguna sigla. “¿Quién describirá todo esto con la seriedad y la grandiosidad del momento que ahora vivimos?”

Cerca de su casa se encuentra uno de los refugios del ocio de la burguesía barcelonesa, el Círculo Ecuestre. Lo ha ocupado la UGT: "Ahora el Círculo se siente ocupado por gente armada que se explaya por los jardines y sale por las ventanas y balcones. Hay tranquilidad. Sólo se oye el rumor de las conversaciones.  Se ven mujeres y niños. La chimenea humea. Se adivina orden en el interior. Por la mañana temprano algunos hombres riegan el jardín, planta por planta y maceta por maceta. Es un espectáculo casi franciscano, de una paz fantástica, que contrasta con las columnas de humo de los incendios vecinos y del ruido de coches que pasan con gente armada, en una lucha cruenta en la que se juega la suerte de un pueblo".

Recojo algunos de los muchos apuntes que me han llamado la atención:

El 24 de julio: "Los militares aún no se han rendido."

26 de julio: “Todo un mundo patas arriba en ocho días. La gente invade las calles. Se detiene en los lugares donde cayeron las víctimas, observa los impactos en puertas y ventanas, los árboles caídos, la rotura minuciosa de vidrios y los incendios. En ocho días todo ha envejecido, es como una revisión de todo el pasado”.

30 de julio: La tormenta de hoy ha puesto una nota de gran espectáculo natural en el espectáculo cruento de los hombres. Cielo gris, lluvia fuerte, pedregada,  truenos y relámpagos y después un sol maravilloso que tenía toda la belleza de la serenidad y todos los ingredientes de la tormenta: mitad alegría y mitad dolor”.

31 de julio: “Nos hemos acostumbrado... de manera que las noticias más dolorosas son simplemente otras noticias más”.

2 de agosto: “Hace quince días de la sublevación militar. Todos decimos lo mismo, esta situación no puede durar”.

13 de agosto: “Las Ramblas están llenas de paradas con los libros del momento. Los quioscos también. Los periódicos, todos ellos vibrantes, tienen la misión de enaltecer y levantar al pueblo. Eso está bien. Pero la literatura de un tono bajísimo, de novelas, folletos y pornografía… No confundamos la revolución con la inmundicia”.

19 de agosto: “La revolución ha traído unas mujeres tan guapas que es un encanto… Por las calles se las ve sin sombrero, sin tintes ni colorines, mostrándose como son. Van cómodas, ligeras, frescas. Muchas de ellas sin medias, sin guantes de rejilla, ni cadenas, ni colgantes. Pasean con gracia su feminidad. En este tiempo todas parecen modistillas y trabajadoras un poco frescales, lo lucen todo en igualdad y democracia. No sé si las viejas se han cerrado en casa. De esta revolución quedará también la visión de las mujeres guapas, bien airosas y con la cabeza bien levantada.”

30 de agosto. “Por el Paseo de Gracia ha pasado el cortejo fúnebre de un aviador caído en el frente. Una muchedumbre imponente, hombres y mujeres en filas nutridas que seguín el coche fúnebre con un ataúd rojo… Todo muy trágico, muy de hoy, muy 1936”.

26 de septiembre: "El hombre es algo fantástico. Se acostumbra a todo, se adapta a todo. Lo que ayer era imposible, hoy es normalísimo. La palabra imposible se habrá de borrar del diccionario. El hombre es algo fantástico. Se acostumbra a todo, se adapta a todo”.

29 de septiembre: “… el efecto deplorable de ver a tanto crío jugando con pistolas y escopetas y haciendo prácticas militares. No los familiaricemos con instintos bélicos…”

4 de octubre: “¡Pobres bestias del zoológico! Van degenerando, perdiendo vitalidad, domesticándose. A muchas de ellas se les está poniendo cara de persona”.

8 de octubre: “En el Hotel Colón han puesto en la fachada dos grandes retratos de dos grandes dirigentes rusos. En lo que era el Círculo Ecuestre han puesto en la fachada un gran retrato del líder del socialismo, Carlos Marx. En los periódicos y revistas vemos insistentemente la epopeya rusa. En las paradas de las Ramblas y de los diversos lugares de la ciudad, los libros que se venden son de Rusia o referentes a Rusia. La lejana Rusia lo ocupa todo. ¿No estamos exagerando con este vasallaje al extranjero?”

El 29 de noviembre Renart da un largo paseo por el Laberinto de Horta. En una gruta donde se representa a Eco y Narciso encuentra escritos estos versos: "De un ardiente frenesí, / Eco y Narciso abrasados / Fallecen enamorados, / Ella de él y él de sí".

16 de diciembre: “Una de les características del momento presente es el lenguaje crudo. La gente protesta porque les parece más revolucionario… La revolución es para muchos mostrar en público literatura pornográfica… Es sacar de los rincones todo aquello que puede oler a picante… Las conversaciones también son propias de este tiempo. Podríamos decir que sólo hay un tema de conversación. Pasando por la calle oímos lo mismo: ‘Le han vaciado la casa y se lo han quitado todo’.

jueves, 4 de abril de 2013

Barcelona. 1938


Me he pasado el día en la Biblioteca de Catalunya devorando con una profunda emoción dos manuscritos. Son dos diarios de la guerra civil que poseen un extraordinario valor documental y que, además, están maravillosamente bien escritos, mucho mejor que la inmensa mayoría de memorias de la guerra que circulan por ahí. A medida que iba pasando las páginas iba sintiendo más próxima la presencia de los autores. Tanto es así que, al final, me ha dominado una extraña sensación de despedida al devolverlos a la bibliotecaria.

El primero es el diario de un abogado católico barcelonés que se inicia el 1 de enero de 1938. Por él  transcurren con una naturalidad asombrosa los desastres de la guerra, las incertidumbres amorosas del protagonista, sus relaciones sociales y su trabajo en los tribunales. Las bombas son reales, pero no menos reales que esa morena asomada al balcón o a la preocupación por saber si esta tarde ha reñido o no con su novia. Cree que la quiere, pero esos días en que la encuentra fea, prematuramente envejecida y vulgar…  no pondría la mano en el fuego. Intenta ser sincero con ella, pero ella se lo toma a broma. A medida que se incrementan los bombardeos aumentan las detenciones de sospechosos de quintacolumnistas. No son menos temidos que los bombarderos enemigos los coches desconocidos que se paran ante las puertas de las casas cargados de sospechas imposibles de rebatir. En el 38 en Barcelona una sospecha es una condena a muerte… si es que se sale vivo de la checa. Su propio hermano ha sido detenido acusado de falangista. Quizás esté en la checa de la calle Vallmajor. Corre con su cuñada a llevarle ropa limpia sin saber si lo encontrarán aún con vida o si estará allí. "Vuelva usted la semana que viene", es la respuesta que reciben. En medio de la guerra el autor del diario va descubriendo las extrañezas de su propia personalidad. ¿Cómo dejar a una novia a la que ya no quieres en medio de una guerra civil? En los detenidos que tiene que defender son evidentes las huellas de los malos tratos. El fiscal pide para su hermano la pena de muerte. Lo defenderá él. Consigue 30 años de internamiento. Aumentan los acusados de espionaje. Las cosas pueden ir mejor o peor según el juez y el fiscal que te toque. Hay un fiscal especialmente cruel con los acusados. Se burla de una mujer de más de sesenta años diciéndole que por las noches se sube a una escoba y se va a dormir con Franco, pero que lo que a ella le gustan son los "curitas". Un día compra 25 gramos de tabaco por 40 pesetas. Es un precio exageradamente alto. Tiene mala conciencia, pero sabe que lo volverá a hacer. Le gusta estar con su cuñada. Se siente a su lado mejor que con su novia. El fiscal impertinente se dirige a una mujer acusada de haber robado en la fábrica en la que trabaja: "¿Pero mujer, si querías tener algo en la mano, por qué no te buscas un novio?”. En enero del 39 tiene lugar el hundimiento de Cataluña. Descubre que ha sido su novia quien lo ha dejado a él e, inesperadamente, se siente triste por haber perdido “esa chica que era tan mía”. Siguen los bombardeos pero la gente parece acostumbrada. Lunes 23 de enero: Barcelona, una ciudad muerta. Martes 24: llegan noticias de que ha caído Sant Boi. Hay mucha gente que carga con todo lo que puede y abandona la ciudad precipitadamente. Miércoles 25: Saqueo de las tiendas. Jueves 26: Barcelona liberada. “Toda la vida recordaré con emoción este día”. Se apunta como voluntario en el ejército de Franco y viaja a Castellón. El 18 de marzo viendo a su alrededor el comportamiento de las tropas del ejército en cuyas filas combate, se pregunta: "¿Y con gente así es posible hacer una nueva España?" 

Un país fuera de la realidad

Escribe Max Aub en el prólogo de su Campo francés a propósito de la guerra civil española: “Un suceso de esta importancia sólo podía acontecer en un país tan fuera de la realidad como España". Me temo que este estar fuera de la realidad es nuestra realidad histórica.

miércoles, 3 de abril de 2013

Mujeres republicanas

Me paso el día colgado al teléfono, intentando contactar con mujeres que pudieron conocer, directa o indirectamente, a Carmen Brufau o a Lena Imbert. En la inmensa mayoría de los casos me encuentro con viejecitas muy correosas con una memoria de pedernal, a las que en cuanto les arrancas una chispa, te ofrecen una acogida generosa. Una de ellas me cuenta que sigue yendo a las manifestaciones, a sus 99 años, pero que como apenas puede andar, se manifiesta en taxi. Otra me habla de los signos de los tiempos y de que son las condiciones históricas las que hacen a los hombres y no los hombres a la historia, y ahora las masas vuelven a despertar y se siente feliz porque ve sus ideas de juventud confirmadas en la protesta nuestra de cada día, que la historia nos vuelve entregar. Suelen tener muchas ganas de hablar, aunque no necesariamente de lo que yo querría escuchar, y yo las escucho embobado. Varias insisten en que las heridas más grandes, que aún sangran en la memoria, han sido las producidas por la saña del fuego amigo, de los camaradas y sus navajazos a la sombra de la revolución postergada. A una le comento la muerte solitaria en México de Carmen Brufau, al margen de la emigración y de los miembros de su partido. "Son muchos los abandonados que murieron solos", me dice, y me cuenta una historia terrible. Son mujeres muy cultas, muchas de ellas magníficas traductoras del ruso al español, que mantienen, y eso es lo que más me sorprende, una gran firmeza en la voz. A alguna de ellas la he vuelto a llamar sólo por volver a escucharla. En más de un caso, cuando pregunto por la persona que me interesa, una voz más joven me contesta al otro lado que murió recientemente. En un país más generoso que el nuestro a estas mujeres las tendríamos mantenidas de por vida en el Pritaneo, ese edificio que los atenienses reservaban para los que habían rendido grandes servicios a la Patria. En el nuestro están desapareciendo anónimamente, llevándose a la tumba jirones irrecuperables de nuestra memoria colectiva.

Richard Brautigan

Cada vez que salgo de la habitación de mi hotel aquí en Tokio
hago las mismas cuatro cosas:
compruebo que llevo mi pasaporte
mi carnet
una pluma
y mi diccionario
japonés-inglés
el resto de mi vida es un misterio total

Richard Brautigan

martes, 2 de abril de 2013

What a Constitution Can, and Can’t, Do

I was at a conference recently on the relationship between constitutionalism and liberty. There were quite a few very smart and learned people there. Two things struck me in particular from the conversations we had over several days:  first, how little faith scholars today seem to have in constitutional structures, and, second, how little faith they seem to have in the possibility of human virtue.

Bruce Frohnen
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