sábado, 31 de mayo de 2008

Sofia, presente y pasado



Por si no lo conocéis, este que continua, impasible el ademán, señalando el futuro, es el camarada Vladimir Ilich. Pero se ha equivocado de norte, tal como puede verse en la primera imagen.

viernes, 30 de mayo de 2008

Huellas hispanas

Ayer en el parking del aeropuerto de Sofia pude comprobar que no era el único español que pisaba estas tierras. Aquí tenéis el documento que lo confirma. No puedo decir que me emocionara como se emocionaba Concha Piquer al oír un pasodoble en Nueva York.

Hoy sí que me he emocionado en la sinagoga de Sofia al hablar ladino con un sefardita (es decir, él hablaba ladino y yo lo que se estila por España estos últimos siglos). Era como hablar, qué se yo, con Fernando de Rojas (es un decir). Me ha regalado un CD con "canciones sepharadicas" titulado "Alta, alta es la luna" que tienen letras como esta:
"Morena me llaman,
yo blanca nací,
de pasear galana
mi color perdí"
Me he vuelto a encontrar con lo hispano al dar de bruces con una carnicería ("Carnicería Fernández", escrito con caracteres cirílicos, obviamente) en el mercado de Sofía). La foto no tiene muy buena calidad, pero es que he tenido que hacerla a hurtadillas.

jueves, 29 de mayo de 2008

On the road II


Este post va dedicado en primer lugar a los dioses tracios, por haber protegido a quienes tantas satisfacciones me están dando; y después a la raquía, bebida capaz de hacerte mantener una amena conversación con la cabeza cortada de Orfeo; a la shopska salata, porque es la única ensalada del mundo que se come acompañada de generosos tragos de aguardiente; a las noches de los Balcanes, que concentran todas las maravillas estelares; a la phiale mesónfala del tesoro de Panagurishte, por tener este nombre; a Phlegón el paradoxógrafo, por quien sabemos que Polícrito, convertido en fantasma, devoró a su hijo, dejando sólo la cabeza, que los conciudadanos del finado expusieron en el mercado por su poder oracular. Y claro, va dedicado a Zlatina Rousseva, directora de cine, que es capaz de ponerme delante de una cámara y conseguir que la cosa funcione, y a un ser sobresaliente, Louisa Loukopoulou, una mujer sabia, muy sabia, que los dioses tracios, confirmando su generosidad, han puesto en mi camino. Louisa es investigadora del Instituto de Antigüedades Griegas y Romanas de Atenas, lo sabe todo del mundo griego y maneja al dedillo cualquier cosa que pueda saberse de las colonias griegas del Mar Negro y del Egeo tracio.

Y también me lo dedico a mi mismo, porque voy a coger ahora mismo la cama con voracidad y no voy a parar de dormir hasta templarme.

On the road

Ladera sur de los Balcanes. Shipka.

Ladera de los Balcanes (o Stara Planina), desde el encantador pueblecito de Shipka.

El valle de Kazanluk. Túmulos funerarios tracios.

Camino a Starosel

Entrando en la tumba tracia de Starosel

Sigo en ruta.

sábado, 24 de mayo de 2008

Adios, me voy a Starosel

Me voy a la tumba tracia de Starosel, en Bulgaria. Ya os contaré a la vuelta.

¿Cuánto cuesta la entrada libre?

Un amigo profesor de primaria me ha enseñado una prueba que pretende medir las “competencias básicas” de los niños de nueve y diez años y que incluye entre sus preguntas un texto sobre una exposición que especifica quién es el artista protagonista, el lugar de la misma, el horario de visitas, etc. De manera muy clara, en mayúsculas, se dice también que la “ENTRADA ES LIBRE”. A continuación el alumno debe responder varias cuestiones que supuestamente evalúan su comprensión lectura, entre las que se encuentra la siguiente: “¿Cuánto cuesta la entrada?” Quitando algún despistado que ha contestado “3 euros” por vete a saber qué razones, la mayoría ha escrito “nada”, “es libre” o algo semejante. Quien responde así ha dado la respuesta que el corrector considera correcta, pero quien responde, como hace un niño que “en este mundo nada es gratis”, ¿está dando una respuesta incorrecta? ¿Cómo hay que evaluarlo?

Estas son las respuestas que en lugar de evaluar al niño evalúan a la escuela.

viernes, 23 de mayo de 2008

Un calzoncillo en una sala de arte


Si uno va, por razones tan obvias como urgente, a un váter de una sala de arte y al abrir la puerta se encuentra con un calzoncillo en el suelo, ¿cuál debe ser su reacción? Se supone que una persona educada es capaz de interponer un espacio de reflexión entre el impulso inmediato y el gesto. Y si se encuentra un calzoncillo en el suelo de un váter de una sala de exposiciones de fama mundial, la reflexión es imprescindible.

En estas cosas conviene comportarse de la manera más prudente, no vaya uno a pasar por palurdo.

Así que ya me veis, con la puerta abierta, las piernas entrecruzadas y meditando."¡Alto ahí! ¡Esto puede no ser lo que parece, sino una instalación". Ya sabéis que el arte es muy, muy platónico. Acababa de pasearme perplejo por un par de exposiciones y aún llevaba el ánimo confundido. "Piensa -me dije- que la famosa fuente de Duchamp es una obra de arte y que tu admirado Manzoni insistía en que es arte todo lo que lleva la firma de un artista".


No me apetecía verificar si el calzoncillo llevaba o no firma, más que nada por miedo a encontrarla. Menos mal que me arrancó de las cavilaciones estéticas la urgencia corporal, porque el cuerpo tiene razones que ni la razón ni la sensibilidad estética ni la compostura ritual entienden. Hice un par de fotos para dejar constancia del hecho para la posterioridad y abrí intrigado otra puerta. Para mi alivio sólo me encontré con un váter.

¡Qué reconfortante es encontrarse con lo obvio en una sala de exposiciones!

Tontoleando con Hispanoamérica

Cuando oí a un indio de Bolivia el verbo «tristear», pensé que teníamos que importarlo a España. ¿Y qué me dicen del verbo «tontolear» con e...