domingo, 15 de julio de 2007

Antes aizkolari que practicante de taichi

Os presento un argumento, a mi modo de ver tan dialécticamente contundente como una pedrada en el entrecejo, que aclara mis preferencias por el denostado eurocentrismo. Hay veces en que me resulta imposible ponerme en la piel del Otro. Más aún: hay veces (este vídeo es un ejemplo) que la Otredad me provoca pesadillas. Sin duda de ningún tipo prefiero los arrebatos místicos de Teresa de Ávila e incluso los ejercicios ascéticos del "poberello de Asís" a esta moda anglo-zen que nos invade. Más aún: antes voy de aizkolari que de practicante de técnicas de relajación orientales. Por cierto, cuando los supuestamente expertos en medicina orientan defienden las virtudes de sus terapias, suelen reforzar sus argumentos con una coletilla de este tipo: "Una medicina con miles de años de antigüedad no puede estar equivocada". ¿Habrán oído hablar estos terapeutas a la violeta de Hipócrates? Bueno, aquí os dejo el documento, que habla por sí mismo. Os lo advierto: No se os ocurra imitarlo. Desde luego no me hago en absoluto responsable de los estropicios que el visionado de estas imágenes pueda ocasionar en vuestra conducta sexual.



La nueva máscara de Kitov

Mi amiga Ruja Popova me envia una imagen del último descubrimiento del arqueólogo búlgaro Giorgi Kitov.

Si os fijáis bien podréis ver una máscara. No sé nada más. Ni dónde la ha encontrado, ni en qué condiciones, ni el material de qué está hecha. Es lo que tiene querer comunicar últimas novedades. Pero por analogía con un descubrimiento anterior de este mismo arqueólogo podemos sospechar que se trata de una máscara de oro de algún gran dignatario tracio (quizás un rey de la tribu de los odrisios) hallada, muy probablemente, en una tumba.


Aquí tenéis al gran Georgi Kitov (él quizás no lo sepa, pero la última botella de vodka que le regaló a Alexander Fol, nos la cepillamos entre éste y yo en una cena). Lo que tiene entre las manos es la máscara de oro de 680 gr, que descubrió, junto a otros objetos, en agosto de 2004 en una tumba del túmulo funerario de "Sveticata", cerca de la ciudad de Kazanluk, una de cuyas tumbas, curiosamente, nombré en el último post.

En cuanto RUJA POPOVA me ofrezca más datos, os los transmitiré.

Completo este post a las 13:34, intrigado por una observación de Renton, que sugiere que las máscaras que encuentra Kitov muestran un cierto parecido con él. Como esta observación podría dar un vuelco copernicano a la metodología arqueológica, he buscado otro descubrimiento reciente de Kitov: un busto de bronce de un rey tracio y, sorprendentemente, el parecido existe. ¿Qué poderes ocultos conducen a los arqueólogos hasta sus hallazgos?

Kitov: olvídense de la pieza de oro (magnífica, por otra parte) que tiene en la mano
y concéntrese ustedes en las peripecias de su rostro.

Ahora comparen el rostro de Kitov con el del rey Tracio Seuthes,
cuyo busto fue descubierto por este arqueólogo.


Otra imagen de Seuthes


Kitov, en el interior de una tumba tracia. Yo ya no digo nada más.

sábado, 14 de julio de 2007

Me ha caído un meme encima

Ocho cosas que previsiblemente no sepan de mí. Me parece que este meme ya lo he hecho, pero, como me lo pide Lady Godiva, no es cuestión de andarse con remilgos:

  1. A veces de manera improvisada digo mentiras escandalosamente inverosímiles y la gente se las cree. Entonces me siento prisionero de mi propio relato y tengo que seguir adelante, temiendo defraudar a quienes me escuchan con la boca abierta. La última: Que el esguince del tobillo que acabo de sufrir había sido ocasionado por el ataque de un cocodrilo. Lo conté en el Mercado de El Masnou y se formó un corrillo de señoras compungidas interesadas por todos los detalles de la historia. Mientras improvisaba, se me iba poniendo la carne de gallina (por el exceso del aire acondicionado): fue la prueba absoluta de la autenticidad de mi relato.
  2. Las películas acarameladas, felices, tiernas y cursis me pueden hacer llorar. Por eso o voy a verlas con mi amigo Jaume Marzal, que padece del mismo mal, o me quedo en casa.
  3. No soporto el cine francés actual, me produce taquicardias y desgarramientos en las quijadas de tanto bostezar. El argentino es aún peor: me produce espasmos de cólera.
  4. A veces entro en las iglesias, me siento en un banco y me imagino que soy creyente y que tengo fe en la fuerza de la oración. Pero no rezo. Me limito a imaginarme a mí mismo rezando.
  5. Con mi mujer he ascendido al Etna, al Vesubio, al Vulcano y al Stromboli. Juntos hemos hecho cosas que de ninguna manera permitiríamos hacer a nuestros hijos.
  6. He estado solo en la tumba tracia de Kazanluk, ocupando la situación del difunto, y contemplando exaltado las hermosísimas pinturas de la bóveda. Frente al templo de Segeste, un atardecer, me apareció una enorme serpiente y en la gruta Coricia, en el Parnaso escuché -lo juro- la música de Dioniso.
  7. He conducido en Nápoles y he salido indemne. En mi lápida tiene que poner: “Aquí yace Gregorio Luri, condujo en Nápoles”.
  8. Jaume Marzal y yo acudimos una vez al asilo de El Masnou a entrevistar a un viejo marinero que pasaba allí recluido sus últimos días. Las monjitas de la portería nos confundieron con dos mendigos. Nos hicieron pasar amablemente y con toda la caridad del mundo nos dieron un par de bocadillos. Los comimos educadamente, en silencio, formales y seriecitos y nos fuimos sin decir cuál había sido el auténtico motivo de nuestra visita y, por supuesto, sin entrevistar al marinero. Eso sí, les dimos efusivamente las gracias a las monjitas.

Y ahora para que se fastidien se lo paso a:

Alicia - Arrebatos - Jordi - Petrusdom - Piedras de sopa -

Pseudópodo - Renton - Tumbaíto


Añadido del domingo a las 13:53:

Incluyo en la lista a Tonibañez por tratarme de memo, a mi, que lo quiero tanto.

Sino y revesino hispano II

He tenido estos días a mis hijos y a mi mujer en Pamplona. Así que, necesitado de algún paliativo para combatir la melancolía sanferminera, he acudido a las entretenidas páginas de "El porqué de los dichos" del tudelano José María Iribarren, que ha sido la inspiración, directa o indirecta de alguno de los posts de la última semana.

De Iribarren extraigo también la explicación del dicho –que yo oí por primera vez de labios de Felipe González- “Son españoles los que no pueden ser otra cosa”. Lo cuenta de esta manera en la página 238 de su obra:

Es frase de don Antonio Cánovas del Castillo, dicha en 1876, cuando se debatía en el Congreso el proyecto de Constitución.

Cuéntase que unos diputados de la Comisión se acercaron cierto día al banco azul para recibir sus instrucciones sobre la redacción definitiva del artículo 1º. Cánovas, recordando el texto, desvió humorísticamente el sentido de la consulta, para decir: "Son españoles los que no pueden ser otra cosa". Quienes reprochan a Cánovas tan acre y mortificante ironía a costa de sus compatriotas, olvidan que no lanzó la frase en discurso alguno, ni en pública intervención, sino en la intimidad de un diálogo, en ese tono conversacional que a veces induce a sacrificar cosas serias a un chistoso alarde de ingenio, o a un escape de mal humor.”

Bueno… lo que Iribarren considera eximente, a mi se me antoja agravante. Con frecuencia es en la intimidad de los tuyos, lejos de los focos y los altavoces públicos, cuando se dice abiertamente lo que por políticamente incorrecto no ha de publicarse a viva voz. En cualquier caso, viendo el panorama estatutario actual, la frase de Cánovas tiene algo de profético.

Por cierto mis hijos han vuelto sanos y salvos de los encierros y las marabuntas callejeras, que ya andaban con mono de Ocata. Mi mujer se demora hasta el lunes, empapándose de navarrismo. Espero –y esto es también un ruego, si me lees- que vuelva con chistorras de Vera, algún Ronkari e Idiazábal y media docenica, al menos, de fardelejos (Bacallà Salat, aquí, a mi derecha, como de costumbre tumbada a la bartola sobre la alfombrilla del ratón, asiente con un maullido).

viernes, 13 de julio de 2007

El sino hispano, I

Oyendo hablar a un hombre, fácil es
acertar dónde vio la luz del sol:
si os alaba a Inglaterra, será inglés;
si os habla mal de Prusia, es un francés,
y si habla mal de España, es español.

Joaquín Bartrina (1850-1880), barcelonés.

La consciencia, la inconsciencia y la conciencia

Cuando Edgar Morin, filósofo laico, francés y socialista, defiende la necesidad de una “ciencia con consciencia”, todo el mundo está de acuerdo. Por el contrario, cuando Juan Antonio Martínez Camino, secretario general de la Conferencia Episcopal Española sostiene que "Una ciencia sin conciencia no es ciencia, es un peligro para la sociedad”, inmediatamente se levantan todo tipo de suspicacias críticas y, sobre todo, irónicas.

¿La diferente reacción se deberá a la diferencia existente entre la “consciencia” y la “conciencia”? ¿A la que existe entre "consciencia" e "inconsciencia"? ¿Es una cuestión de incultura, mala leche, ganas de tocar las narices o estricto fariseísmo moral? ¿La cosa esta de las jeremiadas no era un vicio ancestral de la derecha?

Dicho esto añadiré que respecto a las investigaciones con células madre del nuevo ministro de sanidad español, no tengo, en principio, nada que objetar. Pero tampoco estoy completamente seguro de tener una opinión bien formada.

Sobre Nietzsche

Maurice Boudot: “Nietzsche ha devenido una palabra mágica, una manera, para pensadores impotentes, de injertarse ‘textículos’ de mono”

Tontoleando con Hispanoamérica

Cuando oí a un indio de Bolivia el verbo «tristear», pensé que teníamos que importarlo a España. ¿Y qué me dicen del verbo «tontolear» con e...