Los que, de verdad, no descansan nunca, son los tontos. Eso sí que es deprimente.
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Le escribo a un amigo que acaba de enviudar: «Como soy incapaz de imaginarme la vida sin mi mujer, no encuentro manera de ofrecerte una pala...
Los que, de verdad, no descansan nunca, son los tontos. Eso sí que es deprimente.
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