domingo, 10 de noviembre de 2024

A veces te echo de menos...

 I

El sábado pasado mi mujer y yo fuimos en coche hasta Lérida. Esta es una época ideal para viajar en coche por las carreteras de la Cataluña interior. El otoño tiñe los paisajes con una dulce luz pastel y entre los verdes vivos de los pinos, los verdes amarillentos cansados de las hojas de los olmos y abedules y los brotes nuevos de los cereales, todo parece estrenarse. Además la luz, que ilumina en noviembre con discreción, alarga los paisajes hasta horizontes remotos y algo irreales. Hay como un toque de fantasía en la realidad.

II

Nos paramos a comer en Cervera, que nos recibió envuelta en una niebla espesa. Es un placer viajar sin prisas, pararte a tu antojo, detenerte en lo pequeño para admirar lo grande. Sentir a la camarera (que carecía de cualquier atisbo del sentido de la prisa) ofrecerte "lo pa, carinyos", y disfrutar de una "escudella" calentita mientras afuera la niebla sigue su curso. Al dejar Cervera volvió la luz de la tarde y con ella la alegría del viaje.

III

Lerida nos recibió con un frío soportable. En el Carrer Major, a rebosar de gente, una castañera colombiana -sí, colombiana- nos vendió un cucurucho de castañas (las primeras del año). Poco antes habíamos pasado por delante del restaurante Paisa, que sirven comidas típicas de Colombia. Muchos negros jóvenes y muchas familias de marroquíes.

IV

Hoy he pasado la mañana en Almenar, un pueblecito al norte de la ciudad de Lérida, entre gente amable y magníficos profesionales, hablando de la lectoescritura, defendiendo que hay que leer en defensa propia y desarrollando mi tesis de que leer es situar un texto en su preciso contexto. Sin información contextual (lo que no está en el texto, pero lo explica) no hay comprensión lectora:

V. 

Como ayer apareció en el diario ARA un artículo mío titulado Elogio del ladrón de peras, me esperaba alguna broma en esta tierra de hortelanos y frutales, pero no me que regalaran una caja de peras. Ha sido un detalle no carente de emoción.






viernes, 8 de noviembre de 2024

Entre el exceso y la locura

 I

Cena en el restaurante El Deseo de Madrid tras la presentación, amenísima, del libro de Nuno Crato Elogio del libro de texto en la universidad Camilo José Cela. Buena gente, buen ambiente, buena cena e, inevitablemente, Trump sobre la mesa. Alguno de los presentes explicaba su triunfo electoral por la falta de educación del electorado norteamericano. Si no, no entendía como un patán como él podía haber dado una paliza electoral a Kamala Harris. Se me ocurrió decir que el electorado norteamericano ha tenido tradicionalmente mucho mejor olfato electoral que el europeo y que, en todo caso, los que le han dado el triunfo a Trump son, mayoritariamente, los que le dieron el triunfo a Biden hace 4 años. Si eran inteligentes al elegir a Biden, ahora lo son con más experiencia. 

II

Cuando más hablo sobre las elecciones norteamericanas con unos y con otros más clara veo la disyuntiva a la que se enfrentaron los electores: tenían que elegir entre el exceso y la locura. El problema el que para unos era el exceso para otros era la locura. 

III

Conté la anécdota de aquel político que tras dar un mitin electoral fue efusivamente felicitado por una de sus entusiastas seguidoras que le dijo. «Toda la gente de bien está con usted», a lo que el político respondió «Pues con ellos no tengo suficiente»

IV

A muchos europeos parece que les gustaría que los americanos delegaran sus votos en ellos porque, por lo visto, conocemos sus intereses mejor que ellos.

V

Y hablando de libros de texto, esta joya:



A resaltar: 




miércoles, 6 de noviembre de 2024

Por de pronto...

I

Según Maeztu, de haber padecido los franceses un 98, «habrían gritado: "¡Nos han hecho traición!" Los alemanes hubieran demostrado la decadencia de la civilización [...]. Alguna aristocracia anglosajona nos dejaría dicho que el mundo, ingrato, no la merecía. Cuando a los españoles nos acontece algo grave, lo primero que se nos ocurre es echarnos, por de pronto, la culpa».

II

Y hoy no tengo ganas de añadir nada más.

martes, 5 de noviembre de 2024

Pobre pueblo, el que se cree superior a sus políticos.

 I

Pobre pueblo, el que se cree superior a sus políticos.

II

El pueblo que se cree superior a sus políticos está condenado a vivir en una curiosa mezcla de entusiasmo narcisista y decepción consigo mismo.  

III

La indignación es una muy singular categoría política. Para ser constructiva tiene que negarse a sí misma y convertirse en acción.

IV

La acción colectiva no es eficiente sin una forma u otra de delegación y jerarquización  de la propia capacidad de actuar, lo cual somete a tensiones obvias al colectivo que se cree superior a sus gestores.

V

Estamos en vísperas del duelo en el OK Corral; Harris vs. Trump. Se insiste en que las fuerzas están muy equilibradas y que el resultado final depende del partido que tomen los indecisos. ¡Pobre pueblo el que está en manos de los indecisos!

VI

De una manera u otra todos nosotros estamos en manos de los indecisos norteamericanos. Su voto tendrá repercusiones en nuestras vidas.

VII

Siendo Trump tan evidentemente grosero, ¿por qué hay tanta gente que lo considera superior a Harris? 

VIII

En unas elecciones no tiene garantizada la victoria el que es más sabio o más honesto, sino el que es capaz de generar consensos más amplios en torno a sí mismo. En este sentido el consenso es siempre la prueba de que la política es inevitablemente sofística.


lunes, 4 de noviembre de 2024

Toneladas de lodo y lágrimas

 I
Sigo con el desastre de las inundaciones de Valencia en un momento en que hay amenazas de nuevas tormentas.

II
Se piden grandes máquinas, que llegan -parece- a cuenta gotas. Grandes máquinas para paliar los efectos de la naturaleza desbordada.

III

"Solo el pueblo salva al pueblo", oigo decir. Pero se pide más ejército y más tecnología. Todo es comprensible. 

IV

¿En una guerra civil en qué lado están los salvadores?

V

Hay una verdad de la política que se muestra en los momentos de solidaridad ante los desastres colectivos y otra verdad que se muestra en los momentos de enfrentamiento civil (esbozados en los enfrentamientos a pequeña escala en las zonas oscuras de la solidaridad: los robos). Y aún hay otra verdad: siempre es posible el paso de la solidaridad al enfrentamiento.

VI

Hay como una pulsión creciendo entre las toneladas de lodo y lágrimas: la de hacerle algún sacrificio humano a la naturaleza.

VII

No tiene nada que ver con lo anterior, pero me temo que cuando comenzó a llover el día del diluvio universal probablemente más de uno celebrara que, al fin, llegaron las lluvias.

domingo, 3 de noviembre de 2024

Exagerar

 I
Lo he dicho varias veces, pero volveré a insistir en ello muchas más: lo nuestro es la exageración. Exageramos nuestros bienes y nuestros males, nuestras virtudes y nuestros vicios con las palabras más tremendas. Lo que ocurre es que las virtudes exageradas pierden pronto credibilidad, mientras que los vicios exagerados dejan un poso de frustración y amargura.

II

Vivimos días de exageración mayúscula. Las desgracias son reales y muy dolorosas. Están ahí. Hay cientos de cadáveres en Valencia, miles de personas sin consuelo, un panorama desolador. Y como ni las cosas se resuelven con la diligencia que nos gustaría ni las autoridades explican claramente a qué es debida esta falta de diligencia, concluimos que «España es la vergüenza de Europa».

III
Como las exageraciones son sustituidas pronto por otras exageraciones, lo que queda es el tono, mientras el contenido varía. La exageración acaba aburriendo al espectador.

sábado, 2 de noviembre de 2024

El culpable es el/lo otro

 I

Las grandes catástrofes, como la guerra o los desastres naturales, muestran verdades políticas que la normalidad tiende a ocultar. 

II

Por una parte, lo más miserable se pone de manifiesto sin máscaras. Pienso, por ejemplo, en el vecino que sale a ayudar y los ruines aprovechan su ausencia de casa para ocupársela. Pero pienso también en tantas personas como se han jugado la vida en situaciones de extremo riesgo para ayudar a sus semejantes. Y en los que se limitan (nos limitamos) a ver el espanto con nuestra conciencia en nuestras inútiles manos caídas.

III

Y pienso, sobre todo, en los más que comprensibles cabreos. La desesperación política necesita responsables políticos. No digo que no los haya. Probablemente los hay, y deberán, si es así, rendir cuentas. Pero la inevitable y políticamente necesaria exigencia de responsabilidad a las personas nos permite ignorar la imposibilidad de pedir responsabilidades a la naturaleza. Nadie pudo prever que caerían más de 400 litros por metro cuadrado en tan poco tiempo.

IV

En definitiva, es más consolador sospechar que el culpable es el otro que lo otro. Ante el otro, mi desgracia era evitable; ante lo otro, mi vulnerabilidad es absoluta. Ante el otro, el consuelo (por precario que sea) de la ley; ante lo otro, la fragilidad sin consuelo.

V

Si soberano es quien tiene capacidad de decretar el estado de excepción, la naturaleza es más soberana que la política. Y por eso mismo es más irracional.

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...