jueves, 18 de marzo de 2021
miércoles, 17 de marzo de 2021
Libertad y orientación
El martes 23 de marzo a las 18:00 en la Fundación Botín:
Defenderé esta tesis: El hombre libre, cuando fracasa, no le echa las culpas a nadie.
jueves, 11 de marzo de 2021
¿Qué ha cambiado para siempre?
Me preguntaron en Política Exterior qué había cambiado con la pandemia para siempre. Esta fue mi respuesta:
El escritor francés Armand Gatti hizo un viaje a Pekín, junto a un grupo de intelectuales europeos maoístas, a finales de los años sesenta del siglo pasado. Todos fueron recibidos por el Gran Timonel, Mao Zedong, que les autorizó a hacerle preguntas. Gatti se interesó por el futuro. ¿Cómo veía el gran líder el porvenir? Mao metió su mano en un bolsillo, sacó una carpeta, buscó una hoja en blanco, la arrancó y se la entregó.
Quizás Mao estaba queriendo decir a Gatti lo que Napoleón le dijo a Goethe en Erfurt: “¿Para qué queremos ahora el destino? ¡La política es nuestro destino!”.
Pero resulta que no. La política puede creerse soberana mientras la naturaleza permanece dormida, pero cuando a esta le da por sublevarse, es ella la que decreta los estados de excepción. La naturaleza nos dice su verdad inapelable con frecuencia, pero, por naturaleza, la política tiene los oídos taponados de ideología. El insigne Herr Professor Gottlieb Erlöser Panaceo nos lo advirtió en su obra Del cuádruple principio de la insuficiencia de la razón.
Con lo difícil que es adivinar el pasado (como bien saben los historiadores) y nos ponemos a adivinar el futuro. Hay, sin embargo, una razón poderosa para ello: los hombres somos seres futurizadores. Por eso jugamos a predecir las consecuencias de hechos cuya llegada fuimos incapaces de imaginar, como la pandemia de la Covid. En mi humilde opinión, estos tiempos de pandemia nos han dejado dos enseñanzas claras.
La primera es que la moral kantiana está bien para los tiempos en los que la naturaleza calla, pero cuando grita, descubrimos que el principio categórico que nos exige tratar a todo hombre como un fin y no como un medio está por encima de nuestras posibilidades. Así que recurrimos a la moral de urgencia del utilitarismo. Es lo que hemos hecho sin debate, como si no quisiéramos enfrentarnos al hecho de que la moral utilitarista es una moral sacrificial: nos dice a quien hay que sacrificar sin crearnos problemas de conciencia. ¿Recuerdan lo ocurrido en la primera ola con los ancianos?
La segunda enseñanza es el olvido inmediato de la primera.
Volvamos a Gatti. Durante meses, conservó aquella hoja en blanco como una reliquia dialéctica entre las páginas de un libro. Un día sus hijos sacaron el libro de la estantería, encontraron la hoja y la llenaron de garabatos indescifrables.
sábado, 6 de marzo de 2021
Temperamento
Álvaro de Albornoz, El temperamento español, 1921.
No es justo don Álvaro con la realidad española de la época, pero sentimos en ese regusto esteticista de la frase retórica que se retuerce melancólicamente sobre sí misma, algo propio de ese temperamento español que el ilustre escritor andaba buscando fuera de sí.
jueves, 4 de marzo de 2021
miércoles, 3 de marzo de 2021
Lo que se le puede pedir racionalmente a la escuela
"En particular", me dice, "me ha interesado explorar los límites morales y prácticos que (imagino) debieran existir y servir para morigerar las expectativas de cambio social que típicamente se atribuye a la escuela desde la cultura occidenta".
"La inquietud de fondo", añade más adelante, "está en cuestionar el arraigo de la idea de que el cambio social y cultural deba provenir principalmente de las instituciones educativas, cuando ciertamente no son estas las únicas en tener esa oportunidad"
Le he contestado lo siguiente:
Querido amigo,
La cuestión que plantea usted es de la mayor relevancia y, sin embargo, por paradójico que parezca, ha merecido muy poco interés. ¿Qué es lo que podemos esperar racionalmente de la escuela?
En frase atribuida a Victor Hugo (yo tengo mis dudas sobre su autoría) se sostiene enfáticamente que “cada escuela que se abre es una cárcel que se cierra”. Obviament no es cierto. En absoluto. Recuerde usted que el pueblo más culto de Europa a comienzos del siglo XX era el alemán y, sin embargo, la patria del idealismo se rindió incondicionalmente al bárbaro de Hitler (para desesperación de Dewey, por cierto).
Respondía a esta tesis optimista un escritor español, Felipe Trigo, en un librito titulado Socialismo individualista (1912) de esta forma: “La instrucción, aumentada en toda Europa, ha conseguido nada más cambiar la proporción de criminales instruidos, sin alterar la cifra de delincuentes. Bien sé yo esto. De ahí que igual me abstenga de gritar con los ilusos que cierra una prisión cada escuela que se abre”.
El idealismo pedagógico de la escuela republicana francesa (véanse los escritos de Cousin) nunca se vio correspondidos por la realidad. Los pueblos no aprenden moderación, ni adquieren el sentido de la prudencia, en la escuela, sino en sus experiencias colectivas. Por ejemplo, en sus experiencias de la derrota. Ahora bien, estas experiencias no se transmiten de generación en generación. Deben ser aprendidas siempre de nuevo.
Otro escritor español, Gumersindo de Azcárate, se preguntaba: “¿Ha producido la educación en Alemania la tranquilidad y el contento social? (...) ¿Ha sido una panacea para los males sociales de los Estados Unidos? Según un escritor americano, las nueve décimas partes de los jóvenes encerrados en las penitenciarías han asistido a escuelas: 'nuestros hijos, dice, tienen su pobre cerebro lleno de toda especie de cosas (...), pero no hay sitio en él para las verdades más sencillas del honor, del deber, de la moralidad." (Gumersindo de Azcárate, Resúmenes y juicios críticos, 1883).
Le añado que ni tan siquiera está clara la relación entre educación y crecimiento económico. Federico Mayor Zaragoza aseguraba cuando era secretario general de la UNESCO que "el nivel de educación de un país determina las condiciones de ese país para participar en el desarrollo mundial, beneficiarse de los avances del conocimiento y progresar él mismo mientras contribuye a la educación de los otros. Esta es una verdad autoevidente que ya nadie discute". Bueno... yo no tengo una fe ciega en las supuestas verdades políticas. De hecho, William Easterly desmontó esta tesis en un libro titulado The Elusive Quest for Growth.
A la escuela le podemos pedir racionalmente una contribución rigurosa al enriquecimiento de la cultura común. Pero hay que ser muy humilde a la hora de profetizar sobre sus resultados colectivos.
Sobre a arte de ler
Estaba paseando por el acogedor jardín botánico de Valencia cuando me ha llegado la prueba de la traducción al portugués de este libro. La v...
