miércoles, 2 de julio de 2014

Rémi Brague, católico sin complejos

Reseña de En medio de la Edad Media de Rémi Brague en el Culturas de La Vanguardia:
Rémi Brague (París, 1947) es uno de los filósofos más relevantes de la actualidad. Ejerce como profesor de filosofía musulmana en la Universidad de la Sorbona, de historia del cristianismo europeo en la Ludwig-Maximiliän Universität de Munich, donde ocupa la cátedra Romano Guardini, y dirige el centro de investigación Tradición del Pensamiento Clásico de la Sorbona. Domina el griego, el latín, el árabe, el hebreo y varias lenguas modernas, entre ellas el español. Pero sus intereses filosóficos desbordan su posición académica. Es un fino lector de Baudelaire, Nietzsche, Heidegger o Leo Strauss. 
Entre sus obras podemos resaltar Europe la voie romaine, editado en catalán por Barcelonesa d'Edicions (Europa, la via romana, 1992) y en castellano por Gredos (Europa la vía romana, 1995); La sagesse du monde (La sabiduría del mundo, Encuentro, 2008); La Loi de Dieu (La ley de Dios, Encuentro, 2011); Au Moyen du Moyen-Age (En medio de la Edad Media, Encuentro, 2013); Le propre de l’homme (2013) y Les ancres dans le ciel (2013). Esta última obra amplía un seminario que impartió en la Fundació Joan Maragall y que fue posteriormente publicado por Cruïlla con el título de La infraestructura metafísica (2010).   
La cuestión central que recorre toda la obra de Brague la podemos formular así: ¿Por qué nos resulta tan difícil, a nosotros, que somos la primera generación que cree haber sobrevivido a sus dioses, ser nihilistas a tiempo completo? Una vez muerto Dios debiera haber desaparecido el miedo, pero sospechamos que el diablo aún sigue vivo y notamos que la fe siempre tiene hambre. Ya no creemos en el hombre, pero nos asusta el antihumanismo; no nos entendemos como herederos de la Ilustración, pero sospechamos que la antiilustración puede ser una forma de barbarie; no queremos ser santos, pero no podemos vivir sin considerarnos portadores de valor. Como no podemos ser buenos por convicción, intentamos serlo por defecto, abrazados a nuestra última virtud, la tolerancia, que es una virtud que nos impide matar… pero que no nos garantiza el anhelo de vivir.  
No hay manera de celebrar la muerte de Dios, porque no hay manera de librarnos de la sujeción a la ley. Cuando creemos librarnos de leyes superiores, nos descubrimos encadenados a leyes inferiores. 
Rémi Brague, siguiendo en su proyecto a Leo Strauss, busca las claves de la comprensión de lo que nos pasa remontándose más allá del moderno proyecto ilustrado, hasta la ilustración medieval. Por eso no es estrictamente hablando un medievalista. Lo que a él le interesa es el presente y, más en concreto, el presente de una Europa dispépsica que está viendo desaparecer a los cristianos… aunque bastante menos rápidamente que a los europeos. 
Quienes conozcan a Brague, no necesitarán argumentos para leer En Medio de la Edad Media. Quienes quieran conocerlo encontrarán en esta obra –incluyendo la oportuna  entrevista inicial-, una magnífica vía de acceso al pensamiento de un católico sin complejos, que posee “un gusto inmoderado por la provocación”. 
Y ahora un comentario sobre el texto en la edición catalana de Culturas. Como es bien sabido, los primeros en declararse independientes en Cataluña han sido los traductores automáticos de los diarios bilingües. Hoy por hoy no hay nadie más soberano que ellos en Cataluña. En cuanto se les antoja, te montan un estado de excepción. En este caso al traductor no le ha dado la gana de aceptar el nombre de "Barcelonesa d'Edicions" y lo ha corregido como "Barcelonina d'Edicions. Pero lo que más me ha sorprendido es que tampoco ha querido respetar el título francés de una obra de Rémi Brague, "La sagesse du monde" y, vete a saber por qué ocultos, pero en todo caso autónomos motivos, lo ha transcrito por "La sagesse du peli". ¿Por qué? Esta es la pregunta que nunca debe uno dirigirle a un soberano.

The Theological Politics of Irving Kristol

Ahora que los neocons están de vuelta, nada más apropiado que volver a leer a su padrino, Irving Kristol, cuya hornacina mantengo siempre reluciente en este humilde café.

Por ejemplo:
Kristol began with an anecdote. He said that a recent conversation with a friend, a prominent rabbi, had reminded him of the distinction between the "prophetic" tradition in Judaism and the "rabbinic" one. The former are the rebels against the law, the critics of society's failure to live to the highest and strictest ethical standards; the latter are the followers of the law. The two tendencies, Kristol went on, are present in all of the world's major religions. "I assume the tension between the prophetic and the rabbinic — or the orthodox and the gnostic — to be eternal." 
To a gnostic, the world is a very bad place. Horrible things happen to innocent creatures. There is no satisfactory explanation for the problem of evil. Society is unequal. It does not live up to our high expectations. Laws are unjust or ignored; institutions are archaic and corrupt. Human beings fail to realize their potential. These unsatisfactory conditions of life provoke a revolt. "The gnostic...tends to say that the proper and truly authentic human response to a world of multiplicity, division, conflict, suffering, and death is some kind of indignant metaphysical rebellion, a rebellion that will liberate us from the prison of this world." 
Such a rebellion is directed at both the religious and civil law. "These gnostic movements tend to be antinomian — that is, they tend to be hostile to all existing laws, and to all existing institutions," Kristol said. "They tend to engender a millenarian temper — that is, to insist that this hell in which we live, this 'unfair' world, can be radically corrected."
The orthodox view is different. Whereas the gnostic sees the world as unholy and corrupt, the orthodox sees it as benign, as blessed by God, as something to be sanctified through the law or through the imitation of Jesus and the saints. Whereas the gnostic sees human beings as innately good and society or the world as evil, the orthodox sees human beings as innately sinful and society and the world as natural and morally neutral. The orthodox obey the commandment to be fruitful and multiply, to marry, have children, and keep a home. In gnostic sexuality, by contrast, a woman might participate in an orgy, but it would be "obscene" if she became pregnant as a result. 
Christianity, Kristol said, emerged out of a gnostic rebellion against Judaism. Christians rejected the Mosaic law and embraced Jesus as the messiah. But for Christianity to become successful, for it to last, for it to spread beyond the Eastern Mediterranean, the Church fathers had to manage the transition from gnostic movement to orthodox faith. "They had to convert it into a doctrine for the daily living of people, into something by which an institution could spiritually govern the people." This they were able to do, in part, Kristol noted, by appropriating the Hebrew Bible as the "Old Testament."

Es un artículo largo, pero muy interesante, porque ofrece algunas claves para comprender por qué el presente sigue siendo el tiempo del neoconservadurismo.

Sartre y Camus ....

A veces me encuentro con frases de Camus que me parecen de  una perfecta cursilería y que dudo que Sartre hubiese podido escribir (y esto lo digo en honor de Sartre). En cierta forma parecen darle la razón a éste cuando criticaba a Camus por ir siembre con un pedestal bajo el brazo (lo cual no significa que Sartre fuera ajeno al vicio pedestalario).

- "Conseguí amar de forma simultánea -y esto no es fácil- a las mujeres y a la justicia"

- "Estaba a la vez en armonía con la vida, adaptándome a ella completamente sin rechazar ninguna de sus ironías, de sus grandezas o de sus servidumbres"

martes, 1 de julio de 2014

Los deberes en la República Pedagógica de las Almas Hermosas

Veo que las almas cándidas están protestando contra los maestros que ponen deberes para el verano. No entienden que se maltrate a los niños de esa manera, cuando lo que deben hacer es jugar, que es una actividad esencial para su desarrollo. 

Dejaré de lado a las maestros sádicos que más que poner deberes condenan a los niños a galeras, porque no es la norma la que debe rendir cuentas a la excepción, sino al contrario. El problema de las almas cándidas es que son incapaces de entender que la diferencia entre los hijos de familias culturalmente ricas y los hijos de familias culturalmente pobres radica en que mientras los primeros no paran de hacer deberes y de repetir conocimientos, los segundos están condenados a repetir curso.

Me explico. El niño que crece en el interior de una familia culta, siempre está haciendo deberes. Vive inmerso en un lenguaje complejo y bien estructurado que le permite incrementar rápidamente su vocabulario (y cuanto más amplio es el vocabulario de un niño, en mejores condiciones se encuentra para aprender cosas nuevas), sus padres le piden su opinión sobre sus experiencias y le animan a razonarla, lo llevan con ellos a visitar museos y exposiciones, al cine, al teatro, reciben en casa visitas de amigos cultos... En estas familia se lee y comenta la prensa, hay un montón de libros y la lectura es un hábito familiar normal, etc, etc. Estos niños no paran de repetir y ampliar en casa lo que hacen en el colegio.

El niño que crece en el interior de una familia culturalmente pobre, siente que la escuela y su familia pertenecen a dos mundos diferentes, sin puentes de comunicación entre sí. Nada de lo que hace en casa refuerza lo que hace en la escuela, así que para reforzarlo, le hacen repetir curso. Pero es igual, como el lenguaje del saber no tiene nada que ver con su lenguaje coloquial familiar, de poco le servirá la repetición por sí misma.

Esta es la realidad elemental. Sin embargo las almas pedagógicamente cándidas aseguran que los deberes son clasistas, porque los niños culturalmente ricos disponen de la ayuda de sus padres para hacerlos, mientras que los niños culturalmente pobres si tienen dudas, no pueden contar con la ayuda de ningún familiar. Hay aquí implícita una lógica totalitaria que asusta, porque para ser coherente con esta tesis, se debiera obligar a los niños lectores y a los que odian la lectura a leer los mismos libros al año, porque si se deja a los lectores a su aire, son capaces de acabar creando diferencias culturales entre las personas adultas.

Hay dos maneras de equilibrar la balanza: O les imponemos a los cultos la hipotética exigencia democrática de la igualdad universal en la ignorancia, o estimulamos en los ignorantes el deber moral de ser cultos. Y lo demás es cuento. Pero los psicopedagos de la República de las Almas Hermosas seguirán erre que erre, condenando a los pobres culturales a seguir siéndolo, aunque para compensarlos, les exigirán saber cada vez menos y así (supuestamente) podrán aprobar más.

Ideología y distorsión

Una ideología política -sí, incluso la nuestra- también se define por su capacidad para hacer creíble entre los suyos una distorsión grosera de las posiciones del contrario.

Sobre a arte de ler

Estaba paseando por el acogedor jardín botánico de Valencia cuando me ha llegado la prueba de la traducción al portugués de este libro. La v...