miércoles, 29 de febrero de 2012

Ando dándole vueltas...

Sí, ando "dendaliando", que decía mi madre, sobre la cosa esta de Internet, que hasta hace dos días se presentaba como la versión 2.0 de la teología de la liberación. Los dados a rendirse a cualquier novedad ya daban por hecho que eso que llamamos hombre estaba destinado a sufrir tales modificaciones por efecto de las nuevas tecnologías, que en poco tiempo no lo conocería ni la Eva que lo parió. La verdad es que llevamos ya bastante tiempo con la monserga cansina de los cortes epistemológicos y otras zarandajas que van decretando la muerte del hombre para promover neohombres de lo más curiosos, en un cambio incesante hacia no sé sabe muy bien dónde. ¡Pero quiá! Lo único que ocurre es que lejos de verse modificada la humanidad del hombre por efecto de sus tecnologías, no hay tecnología que no acabe humanizada. No, el hombre no es un Dios con prótesis, sino que nuestras prótesis amplifican nuestra humanidad.  Con frecuencia para mal.

Entiendo que la humanidad del hombre en ningún otro sitio se pone de manifiesto más diáfanamente que en su asombrosa capacidad para la degradación, que es esa tendencia tan nuestra a vivir a la altura de las más bajas de nuestras posibilidades. Por eso siempre estamos sorprendiéndonos a nosotros mismos.

Pondré un ejemplo que me parece definitivo. Hasta ahora los jefes de policía de todos los países del mundo tenían una esperanza secreta: fichar a toda la población. Pero sabían que para llevarlo a cabo se necesitaría un policía detrás de cada ciudadano tomando notas diarias. Sin embargo, gracias a las nuevas tecnologías y a las pomposamente llamadas "redes sociales" este sueño se ha hecho realidad a un coste ridículamente barato. No hace falta poner un policía detrás de cada ciudadano, puesto que los ciudadanos autónoma y gozosamente rellenamos nuestra propia ficha y mandamos todos nuestros datos a la red, a que disponga de ellos quien quiera. Y los renovamos continuamente. Hemos enviado al Gran Hermano al paro.

A veces personas bien intencionadas se quejan de la invasión de la intimidad por parte de las nuevas tecnologías. Es exactamente al revés. Orwell nunca pudo imaginarse hasta qué punto las redes sociales permitirían una sobreexposición de todo tipo de intimidades. 

Si la historia nos demuestra algo machaconamente es que todo anuncio de un hombre nuevo acaba frustrado por el hombre viejo, que se entromete el muy desvergonzado a decir la suya allá donde encuentra la boca de un hombre.

No me quiero poner tremendo porque probablemente tenía más razón que un santo el gran Mariana cuando advertía de que “el que aborrece el pecado, aborrece a los hombres”

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¡Que sepan ustedes que yo también estoy a favor de todo lo bueno y en contra de todo lo malo!

Scripta manent.

martes, 28 de febrero de 2012

EuroVegas

Hace unos años me pasé el verano recorriendo con mi Agente Provocador el sudoeste de los Estados Unidos y, por supuesto, visitamos Las Vegas y compartimos casi todos los rituales que el lugar demanda. No es un sitio en el que me gustaría vivir, pero en absoluto me arrepiento de haber visitado este monumental parque de atracciones para adultos, que tiene todo lo que tiene que tener un parque de atracciones para adultos: juego, sexo y religión. Los americanos saben hacer estas cosas sin complejos. Nosotros, los europeos, como queremos ser moralmente superiores a los norteamericanos, vamos a visitar Las Vegas sólo de pasada y regresamos a Europa ensalzando el Jardín de las Tullerías, que eso sí que es un parque de atracciones a la altura de nuestro ego. A mí Las vegas, como monumento a lo que el hombre puede dar de sí cuando está decidido a no tener complejos, me parece una obra de arte que está muy por encima del nivel medio de lo que se expone en ARCO, por ejemplo.

Ahora resulta que quieren montar una especie de sucursal de Las Vegas en España y andan los promotores negociando con Aguirre y Mas a ver quién les da más (perdonen ustedes el fácil ripio). Y a los catalanes, que les puede la estética, les da vergüenza negociar estas cosas compitiendo con Madrid. El inefable Ramoneda ya ha dictado sentencia: Que se quede ese engendro la Aguirre, que está más acorde con las aspiraciones culturales de esa señora. En Barcelona se quiere otra cosa, algo de más categoría estética o moral. Algo, en definitiva, que al contemplarlo te llene de satisfacción. Queremos, como mínimo, un EuroVegas diseñada por Gaudí. Si no es así, si de lo que se trata es de llenar el delta del Llobregat de pirámides y efigies, que se lleven la cosa a Madrid.

Pero Mas hará todo lo posible porque este parque de atracciones para adultos se quede aquí. Sabe que los principios son muy caros. Está bien que los países pequeños los jaleen de vez en cuando, pero a la hora de la verdad, lo que éstos tienen es intereses comerciales. Digo esto pensando más en Europa que en Cataluña.

Por cierto, en el viaje a los Estados Unidos al que hacía mención al principio, me perdí una sola vez. Fue en el interior del hotel de Las Vegas en el que nos alojábamos. No había manera de encontrar la salida.

The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore

sábado, 25 de febrero de 2012

¡Languille!

Durante unos segundos los párpados se movieron con contracciones arrítmicas y convulsiones. Cuando los movimientos espasmódicos cesaron, el doctor Beaurieux gritó con una voz fuerte y clara “¡Languille!” y la cabeza pareció obedecer la llamada, pues abrió los ojos y miró con intensidad y sin contracciones al médico durante un par de segundos. Después comenzó a cerrarlos muy lentamente y acabó vaciándose de todo rastro de vida. El doctor Gabriel Beaurieux redactó meticulosamente su informe, dejando constancia de que aquel 28 de junio de 1905 la cabeza guillotinada del condenado a muerte Henri Languille había respondido a su llamada. Confirmaba así el gran número de anécdotas de los tiempos de la revolución francesa que aseguraban que la guillotina no segaba de golpe la conciencia. Musil, tenía que ser él, el escritor del hombre que ha cambiado sus atributos por sus posibilidades, se preocupaba por saber si alguna de estas cabezas alguna vez se preguntó “¿Qué me está pasando?”

Sobre a arte de ler

Estaba paseando por el acogedor jardín botánico de Valencia cuando me ha llegado la prueba de la traducción al portugués de este libro. La v...