martes, 7 de noviembre de 2006

El oficio del hombre enamorado

Carta de Antonio de Guevara a su amigo Juan de Moncada (y así nos olvidamos un poco del tripartito). Estamos por 1540):
Espectable señor y magnífico caballero:
Si os paresce que respondo a vuestras letras tarde, echad la culpa a Palomeque, vuestro criado, que es cojo, y el caballo que le distes es manco y el camino es largo y el invierno es recio y yo también estoy siempre ocupado, aunque de mis ocupaciones he sacado poco provecho. A lo que sospecho, si ese vuestro criado tardó en llegar acá y tardó en tornar allá, fue la causa el ser en el camino enamorado; y si esto es así, ya, señor, podéis pensar cuánto querrá él más cumplir con el amor que le arde en el pecho, que no con las cartas que trae en el seno. Si me queréis creer, a hombres enamorados nunca cometeréis vuestros negocios, porque su oficio no es ocuparse en negocios, ni escrebir cartas, sino de aguardar esquinas, tañer guitarras, escalar paredes y ojear ventanas.

lunes, 6 de noviembre de 2006

Trencacloscán, el nuevo País de Nunca Jamás

Montilla President. Para serlo le ha arreado tal mordisco al PSOE que le ha arrancado de cuajo la E. Así que ZP, te has quedado tras el viaje a América con un PSO, con acento en la "P". ¿Cuál es el futuro del Pso? ¿Y el presente de ZP?
Apasionante la política oculta de Cataluña. Todos jugando a ser políticos florentinos. Se publica mucho menos de lo que se cuenta y se cuenta mucho menos de lo que se hace. Con su voto el elector no sólo elige representantes, autoriza, de hecho, el diseño de estrategias a largo plazo. Estrategias que, evidentemente, nadie le consultará jamás. Todo el mundo intuye que si le salen las cosas medianamente bien al tripartito -cosa en la que no conviene poner excesivas esperanzas-, el mapa político de Cataluña puede ser radicalmente distinto al actual a cuatro años vista. Y a eso se juega.
¿Hay, de verdad, un pacto secreto Montilla - Puigcercós? ¿Cuál es, exactamente, el pensamiento político de Puigcercós? Dicen que es muy listo. ¿Significa eso que siendo listo todo lo demás sobra?
Todos juegan a medio plazo. Estamos asistiendo a los primeros compases de un baile que se promete largo. Ya veremos, al final, quién es la pareja de cada cual. Pero nadie -nadie, ni en C y U- tienen la pareja asegurada.
Me dicen que en Madrid hay quien está apostando fuerte por Ciutadans, con el siguiente calendario en mente:
1. Concurrir a las municipales en toda España.
2. Presentarse a las generales.
3. Convertirse en la alternativa a los partidos nacionalistas a la hora de formar mayorías de gobierno. Partidos caparra, creo que se llaman.
Hoy por hoy, el futuro más incierto parece el de CiU. ¡Hay que ver lo que pueden cambiar las cosas en política de un día para otro! No es que CiU no tenga quien la quiera, es que la quieren demasiado, tanto, que todos están dispuestos a repartirse sus despojos.
Pero esto puede ser así o de cualquier otra manera. Estamos en Cataluña.

domingo, 5 de noviembre de 2006

Memorias de un hombre con alzheimer III

En un extremo de la barra –recuerda vagamente el hombre con alzheimer-, bebiendo dos coca-colas y comiendo cacahuetes, dos mujeres de algo más de treinta años.

- Le había aguantado ya demasiadas cosas.
- Yo nunca te he querido decir nada, porque no pensaras que me metía donde no me llamaban, pero no sé cómo has podido aguantar tanto tiempo.
- Por mi, le dije, como si te quieres meter el taladro por el ombligo.
- ¿No me digas?
- ¡Y más ancha que pancha, me quedé! ¡No soportaba que me mirase con caras que ya no podía entender!
- ¿Y qué te contestó?
- Que no me iba a dar el gustazo. Y se fue dando un portazo. Como si eso me impresionase a mí.
- ¿Y después?
- Me di un baño y me puse a rezar para que llamara un hombre a la puerta, cualquier hombre, para tirármelo bien tirado.
- ¿Me estás hablando de verdad?
- ¡Y tanto! Llené la bañera de sales y vacié medio bote de gel. No hay nada como el agua bien caliente y espuma, mucha espuma de baño para recuperar la sangre fría. Y cuando estaba en lo mejor, suena el timbre.
- Ay, ay ay...
- Por pocas me mato al ponerme el albornoz a todo correr. Pero ¿sabes quién era?
- ¿Cómo voy a saberlo?
- El.
- ¿El?
- El mismo. ¡Y qué cara!
- ¿Qué quería ahora?
- Recoger la ropa que se había dejado en el cesto de la ropa sucia. ¿Es eso normal?
- ¿Y qué es normal tratando de hombres?
- En eso llevas razón.

El hombre que ahora tiene alzheimer sabe que esto es verdad porque él estaba sentado en el bar esperando a un amigo y anotó cuidadosamente la conversación en la página de un libro, en torno a estos versos de Jean Tardieu:

Me rodea un sueño asombroso:
camino soltando pájaros.
Todo cuanto toco está en mí
y he perdido todo límite.

Las mujeres pagaron y se fueron y el hombre que ahora tiene alzheimer continuó escribiendo: Si Cristo vino al mundo, nadie se enteró. Vivió toda su vida ignorado por sus vecinos de Nazaret. No era ni frío ni caliente. Inseguro, tímido, con caspa, aerofagia, alitosis, le picaba el cuerpo, le sudaban los pies. Torpe, brusco, soso, pelma, aburrido, pesado, insoportable. Si de verdad venía a redimir al hombre, si de verdad pretendía cargar sobre sí el dolor y las miserias del hombre, si de verdad quería conocer lo más bajo del hombre, entonces careció del más mínimo don de gentes. Vivió solo, neurótico y aburrido. Las noches se le hacían insoportables, porque se echase donde se echase a dormir su lecho era siempre demasiado grande, demasiado frío. Las mañanas eran todas idénticas, monótonas, lánguidas, como los días y las tardes. Careció de amigos, y aun de enemigos. Y cuando murió, de aburrimiento, al borde de un camino, bajo una higuera seca, nadie se dio cuenta de que había muerto, porque nadie se había enterado de que estaba viviendo entre ellos. El hombre que ahora tiene alzheimer lo ha recordado todo al abrir casualmente el libro donde todo está escrito.

sábado, 4 de noviembre de 2006

La CIA como mecenas

Bilbaopundit se hacía eco ayer de los estratosféricos precios alcanzados por una pintura de Jackson Pollock, vendida en Estados Unidos por 140 millones de dólares. “La mancha más cara del mundo”. A raíz de este post he recordado un rumor sobre el patronazgo que la CIA ejerció sobre este artista.

Antes de seguir adelante quiero dejar clara una monstruosa incorrección política: Me parece que la CIA tenía no sólo el derecho, sino la obligación, de participar en la guerra cultural, que fue el verdadero frente de batalla de la guerra fría, fomentando contravalores que pudieran competir eficazmente con la dogmática del llamado arte socialista. Y no fue casual que pudiera contar para ello con la colaboración de trotskistas y extrotskistas norteamericanos y europeos. Las teorías estéticas de Trotsky estaban en las antípodas del estalinismo. Para el stalinismo el arte tenía un valor instrumental, para Trotsky el arte era creador de valor.

Probablemente en la CIA a más de uno se le revolvería el estómago estético al defender el arte por el arte o la autonomía del artista. Pero en lo que a mi respecta, contemplo con mucha más pasión ese arte que, por ejemplo, los bloques pétreos de realismo socialista que convierten los hermosos parques de Sofia, la capital de Bulgaria, en campos de concentración estética. Vaya, que me alegro del triunfo del expresionismo abstracto.

La CIA, pues, sabía lo que se hacía al promocionar el “Free Enterprise Painting” y Pollock también al poner a una de sus obras este preciso título. Entre los representantes del expresionismo abstracto americano que contaron con este "empujoncito" podemos nombrar también a Sam Francis, Willem de Kooning, Barnett Newman, Robert Motherwell y Mark Rothko.

Los detalles de esta operación cultural pueden encontrarse en el libro de Frances Stonor Saunders, La CIA y la guerra fría cultural, Editorial Debate, 2001. Otros libros que tratan de esta cuestión son el de Christine Lindey, Art in the Cold War, y el de Serge Guilbaut How New York Stole the Idea of Modern Art.

El gran instrumento de difusión del expresionismo abstracto fue el llamado “Congress for Cultural Freedom”, del que algún día tendremos que hablar despacio, porque fue decisivo en la lucha gramsciana por la hegemonía cultural entre bloques de los años 50 y 60. Entre sus acciones se encuentra, por ejemplo, la difusión de un filósofo tan de segunda fila como Isaiah Berlin, que dudo mucho que hubiese alcanzado notoriedad alguna si no hubiera contado con el apoyo de los medios del Congreso, entre los que se encontraban “The Encounter” y, muy especialmente, Commentary, patrocinado por Sydney Hook y dirigido, primero por Irving Kristol y, después, por Norman Podhoretz.

A imitación de Commentary se creó en 1978 en Francia Commentaire, con el impulso de Raymond Aron y otros intelectuales franceses. A través de Commentaire se conocieron en Francia las ideas de Allam Bloom y Fukuyama y algunos radicales trotskistas europeos, como Michel Crozier, entraron en contacto con exradicales extrotskistas americanos, como Daniel Bell. Tampoco el antiestalinista Partisan Review fue completamente ajeno, por lo que parece, a esta operación.

viernes, 3 de noviembre de 2006

Memorias de un hombre con alzheimer II

Una vez, a aquel que era entonces el hombre que ahora tiene alzheimer, lo invitaron a una cena pantagruélica. El anfitrión era un amigo que al fin se había librado por completo de su suegra, una alimaña, una tipeja insoportable, criticona, pendenciera y perdonavidas que le controlaba meticulosamente hasta las manchas de su rompa interior. Y que cada vez que hacia las camas se pasaba media hora poniendo las sábanas al trasluz a ver qué. Pero en fin, la biología es la biología y caritativamente se la quitó de encima. Aquel amigo se sintió libre en su casa por primera vez. Y hubiera sido hasta feliz si no hubiese sido porque a su mujer no se le ocurrió nada mejor que incinerar a la difunta y exponer sus cenizas, en una urna de bronce que le costó un dineral, en el cuarto de estar, entre los candelabros de plata. Voy a tirar por lo recto y os ahorraré detalles. El caso es que, finalmente, la cosa se resolvió de la manera más insospechada. Su mujer se fue con un francés que era representante de una famosa empresa textil catalana. Pero se fue dejándole la urna. El amigo del que os hablo esperó un par de meses y, finalmente, imaginando que ya no le reclamaría las cenizas, las tiró en el vertedero del Garraf. La urna se la trajo a casa, pensando que podía sacar por ella algún dinero. Pasó un mes y recibió una llamada de su mujer pidiéndole, por favor, las cenizas de su madre. Entonces tuvo la brillante idea de invitarnos a todos los amigos a la cena pantagruélica a la que me he referido antes. Tras los postres, sacó tres cajas de montecristos, un extraordinario surtido de licores y la urna, que puso en el centro de la mesa y que se fue llenando poco a poco a lo largo de la sobremesa con las cenizas de los puros. Dos días después, tras haber conseguido darles la apariencia adecuada, se las envió a su mujer.

jueves, 2 de noviembre de 2006

No tomarás el nombre de Cataluña en vano

O sea, que si cogemos 10 ciudadanos de Cataluña que sean perfectamente representativos del conjunto, 4, simplemente, pasan de votar. Por los motivos que sea, que ahora no importan. De los restantes, 1,9 es de CiU; 1,6 del PSC; 0,9 de ERC; 0,7 del PP; 0,6 de ICV y el 0,2 dels C. Ya os advierto que estoy haciendo la cuenta de la vieja, pero es suficiente para hacernos una idea de por dónde van las cosas. Y es que llevo todo el día imaginándome que estos 10 ciudadanos se encuentran casualmente en El Café de Ocata. ¿Quién de ellos tendría la desfachatez de hablar en nombre de los catalanes o de erigirse en portavoz de Cataluña? Quienes, democráticamente, podrían formar el partido mayoritario, el de la abstención, se abstienen de hacerlo, así que descartamos a los abstencionistas como portavoces de nadie. Pero, evidentemente, tampoco quieren que nadie se erija en su portavoz. Por eso se han abstenido. ¿O no? ¿Y del resto? ¿No deberíamos someter a una sonora rechifla a quien se atreviera a tomar el nombre de Cataluña en vano? Cada vez que oigamos a alguno de ellos sacando pecho le deberíamos preguntar a ver si es el del 1,6, el del 0,7 o quién.

Viéndolos (imaginariamente) reunidos en El Café de Ocata, me pregunto ingenuamente: ¿A qué viene tanto griterío de salvapatrias?

Os lo confieso: a mi me gusta este país. Pero lo que me gusta de él es, sobre todo, lo que uno encuentra cuando ve a esas diez personas asumiendo, con naturalidad, lo que cada una es. Y esto es lo que pasa en la vida cotidiana. Porque a este país lo salva la vida cotidiana o, si lo preferís, el sentido del trabajo, que es donde acabamos cruzándonos todos diariamente con bastante fluidez y sin apenas roces.

En Cataluña mayoritariamente, muy mayoritariamente, la gente cumple con su trabajo. Y de esta manera mantiene al país vivo. Mucho más vivo de lo que sus amigos y enemigos obsesivo - excesivos se imaginan. Algunos trabajan en Cornellà y otros en Vallrromanes, pero lo que producen unos y otros suma conjuntamente en el PIB catalán.

Hay un término en el vocabulario político de los griegos que me gusta especialmente, se trata de “politeia”. No tiene fácil traducción, pero, para hacernos una idea podemos entenderlo en analogía con el americano “way of life”. Cada país tiene su "politeia" que, como decía Platón, es el alma de la "polis". Si la vida en común, para que sea posible, ha de estar hecha, paradójicamente, de diferencias, la "politeia" es el ecosistema en el que esas diferencias acaban cuajando en convivencia o (en palabras de Ortega), en mera "conllevancia" o vete a saber tú en qué. La "politeia" es la que sustenta a las leyes, a los políticos, y hasta la propia credibilidad del sistema. Pues bien, la “politeia” de Cataluña está muy, pero que muy por encima de su “política”.

"No tomarás el nombre de Cataluña en vano". Este debería haber sido el primer artículo del Estatut.

Y ya me dirá usted qué, don Subal.

Memorias de un hombre con alzheimer I

Huyendo del remanso trivial de la sala de profesores, solía refugiarse en el Dulcinea, al amparo de una copa de coñac caliente y al acecho de alguna conversación con palabras nuevas. Un miércoles de principios de junio se encontró con una mujer a la que había admirado algunos años atrás, pero en el intervalo había envejecido mucho más de lo esperado. Ella se le acercó, dicharachera como siempre, y comenzó a contarle que era feliz porque al fin se había separado de un marido que se había pasado los últimos diez años de su vida en común incrustado en un sofá, frente a la tele y adherido a la prótesis del mando a distancia. Pero su felicidad -y esto lo resaltó con especial énfasis- no había coincidido exactamente con la separación. Ésta le había proporcionado libertad, pero no felicidad. Ni tan siquiera una mayor tranquilidad. La casa de repente era demasiado grande y en exceso silenciosa, con la tele apagada, y no podía pegar ojo, tan sola en la cama. Hasta que decidió hacerle un sitio a Tadj, su perro afgano. A su lado, estirado, ocupaba el espacio de un hombre. Ahora, cuando se despertaba intranquila a media noche, al sentir sus ronquidos, tan humanos, se tranquilizaba. Estiraba la mano, sin abrir los ojos, tocaba las costillas de Tadj, sentía el flujo y el reflujo de su respiración y podía dormir a pierna suelta hasta las nueve o las diez de la mañana. Él no sabía qué cara poner mientras la oía desgranar los detalles de su historia. Ni dónde poner los brazos. No se atrevía a mirarle a los ojos y le parecía descortés mirar para otro sitio. Cuando al fin pudo librarse de ella, recordó unas palabras de su amigo Medo: Sólo los fuertes saben contar, porque han domesticado la lógica y la hacen saltar a su antojo por el aro encendido de sus caprichos. Pagó el coñac y salió con prisas del Dulcinea. Llegaba tarde a clase.

Sobre a arte de ler

Estaba paseando por el acogedor jardín botánico de Valencia cuando me ha llegado la prueba de la traducción al portugués de este libro. La v...