
De rerum natura, III 1003-1010:
“Estar apacentando siempre los deseos de nuestra alma ingrata, colmarla de bienes sin saciarla nunca, como hacen con nosotros las estaciones del año, al volver siempre y traernos sus productos y deleites diversos, sin que jamás nos saciemos de los frutos de la vida, esto es a mi entender, lo que simbolizan las doncellas de edad florida echando agua en una jarra agujereada al que no hay medio alguno de colmar jamás”
Las danaides, de Waterhouse
En segundo lugar con los charcos. Fue una mañana de verano que sucedió a una noche de tormentas cuando me dio por ponerme lírico meditando sobre "la terquedad de los charcos por reflejar el cielo". Pues va y Lucrecio se me había anticipado (¡miserable plagiario retrospectivo!), y podéis ver de qué manera.
De rerum natura IV 415-19:
"El charquito de agua, no más profundo que un dedo, que queda entre las losas en las calzadas de los caminos, parece abrir bajo tierra perspectivas tan hondas como alto es el abismo que separa la tierra del cielo; de modo que en él creerías ver nubes y cuerpos celestes, milagrosamente ocultos en un cielo subterráneo."
¿No es para desesperar? ¿Cómo puede uno pretender escribir nada medio decente si tiene que competir con el fantasma eterno de Lucrecio?

Así que, vista mi lamentable falta de recursos, no tengo más remedio que seguir robando fotos ajenas para adornar un poco mis miserias. Y, por supuesto, solicitaros, amablemente, un poco de caridad.
















