jueves, 14 de enero de 2016

El futuro pasado

- A ver... antes de que las neurociencias nos dijeran cómo se aprende, ¿cómo aprendía la gente?
- Pues me temo que o bien no aprendían nada relevante o bien que las neurociencias nos acabarán diciendo lo que ya sabía cualquier maestro eficiente.



13 comentarios:

  1. incluso los que ni eran maestros ni tan eficientes, en apariencia, lo sabían, mi madre sin ir más lejos...

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    1. Exactamente. Nuestras madres estaban al tanto de los descubrimientos de las neurociencias del futuro. ¡Menudas eran ellas! La mía, por ejemplo, sabía muy buen cómo templar mis emociones con sólo enarbolar la zapatilla.

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  2. a mi también me perseguía mi madre con la zapatilla, y un día que me pilló. no me dio, ya no tuvo que perseguirme más.

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    1. Yo lo que no entiendo es por qué en los museos de etnología o de antropología no hay una sección entera dedicada a aquellas zapatillas.

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  3. Mi padre era un adelantado en cuanto a lo políticamente correcto: siempre aclaraba, antes de mostrar la zapatilla, que daba solo "con la parte blanda".Luego no daba con ninguna o lo intentaba y no acertaba, pero como estrategia pedagógica era infalible.

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  4. ¿Quién se inventó la leyenda de que si te frotabas las manos con ajos porros la tabla del maestro, cuando te daba en las manos, se partía? Puedo jurar que era falso. Probablemente fue un maestro.

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    1. Doy fe de que más de una vez llegué yo a la escuela con las manos apestando a ajos, pero aquellas reglas estaban hechas de una madera insobornable. En cualquier caso, el problema no era que te arreara el maestro, sino la que te caía en casa después si se enteraban. Hasta tres veces intenté yo irme de casa a vivir por esos campos las aventuras soñadas, pero al atardecer tenía que volver porque tenía hambre.

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  5. Quizá la neurociencia puede contribuir a que mejore la formación de los maestros para que encontrarte uno eficiente no sea la excepción o cuestión de suerte. Puede ayudar a que los profesores, además de saber ellos sumar, sepan cuál es la manera más eficaz de hacer que otros aprendan. Puede servir para determinar cuál es la edad idónea para introducir los idiomas o la lectura. Puede ayudar a detectar dificultades de aprendizaje de manera temprana. En suma, puede dar base científica a muchas de las cuestiones que hemos estado resolviendo hasta ahora únicamente mediante el debate o la intuición.

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    1. Esta sumisión de las cosas humanas a sus causas eficientes me parece bastante escandalosa. La eficiencia no la decidirá la formación, sino los resultados estos dependerán, como dependen ahora, de la imagen que tengamos de los que es un hombre educado, es decir, de las causas finales. Creo, además, que el sentido común no necesita el respaldo de la neurociencia, sino al contrario, es la llamada neurociencia la que debe someterse al criterio del sentido común. Entre el debate y la intuición, por cierto, se encuentra la práctica exitosa.

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    2. Y añado que hasta ahora disponemos de más neuromitos que de certezas. Yo tiendo a pensar que:
      1) el cerebro es una unidad funcional.
      2) cualquier extrapolación del funcionamiento de una estructura neuronal al comportamiento debe ser bien contrastada y sometida a un severo criterio de demarcación.

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  6. Estimado Gregorio, por supuesto que la eficiencia no la decide la formación, pero la formación sí es mejorable y una mejora de la formación puede trabajar en pro de la eficiencia. Hay profesores y maestros que saben mucho de su materia pero no saben cómo enseñarla o sólo saben una manera de hacerlo que no necesariamente es la más eficiente; hay profesores por cuyas clases han pasado niños con dislexia u otros problemas y ellos sólo los consideraron lentos o peor, torpes. Contamos hoy con procedimientos científicos que nos permiten ver cómo reacciona el cerebro ante los distintos estímulos y eso no es ningún mito. Por citar un ejemplo, las investigaciones de los doctores Kuhl y Meltzoff en el Instituto de ciencias del cerebro y el aprendizaje de la Universidad de Washington. No estoy hablando de Ken Robinson, por favor. No creo en absoluto que la neurociencia pueda determinar el aprendizaje, pero sí ayudarnos a entender cómo se produce, y por tanto ser de utilidad en la enseñanza.

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    1. Planteas un debate sumamente interesante: ¿se puede saber mucho de algo sin saber cómo enseñarlo? Boileau decía que ce qui se conçoit bien, s'énonce clairement" (me lo acaba recordar mi amiga B. desde París). Personalmente creo -y cada día con un poco más de firmeza- que nuestro principal problema didáctico es precisamente ese: concebir bien lo que se ha de enunciar. No quiero dar una impresión equivocada: ¡adelante con la neurociencia! Pero cuando se dice que "si x, entonces y" nos movemos en un campo ambiguo. Un enunciado mucho más científico es: "si x, entonces no s puede dar y". Y para llegar a este punto creo, honestamente, que a la neurociencia le falta aún un trecho.

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  7. Respecto a la primera pregunta, creo que sí, siempre y cuando entendamos que hay una distinción entre los contenidos y la forma de transmitirlos. Coincido contigo, a la neurociencia le falta un gran trecho porque es una ciencia nueva, y desde luego hay en torno a esta cuestión una cantidad de charlatanería que no le beneficia, especialmente cuando se utiliza como excusa para reducir el esfuerzo del que tiene que aprender poniendo toda la carga en el emisor. Pero creo que no es justo decir que, cómo ya se producía aprendizaje antes, poco puede aportar esta nueva ciencia, que es lo que he entendido en tu primer mensaje y me ha animado a intervenir, ya que soy asidua lectora pero el desacuerdo es una espoleta mucho más eficaz que la coincidencia. Lo que me lleva finalmente a agradecerte el blog en general y, en particular, que me hayas dedicado unos minutos para charlar. Un lujo para mí.

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