miércoles, 16 de diciembre de 2015

Leer

Me han invitado de un centro a dar una charla sobre la importancia de la lectura. Les he contestado que de acuerdo, siempre que entiendan que no tengo ni idea de cómo crear un habito lector que vaya más allá de los 11 años en los niños (en las niñas es más fácil). Es relativamente sencillo entretener a los niños con las historias de los libros infantiles. Lo que es difícil es transformar ese entretenimiento en un hábito de lectura asentado. Yo sospecho que si la lectura sirve para entretener, los libros no pueden competir con otros entretenimientos que están al alcance de los adolescentes. Para que se convierta en hábito ha de ser entretenimiento más otra cosa. Entender bien esa otra cosa es la clave para construir una auténtica didáctica de la lectura.

8 comentarios:

  1. La lectura expresiva (bien hecha) suele ser un incentivo de primer orden, pero tampoco garantiza la continuidad de la afición en el tiempo. ¿Habremos de concluir que a leer solo se aprende leyendo, y persistiendo en el empeño? Mi hábito lo construí así, a fuerza de perseverancia, aunque ya era muy mayor, 15 años, cuando leí mis dos primeros libros: Eternidades, de JRJ y La rebelión de las masas... ¡Menudo disparate!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Benditos disparates, aquellos de los libros que nos sobrepasaban! Los leímos, sin embargo, de cabo a rabo porque creíamos que había en ellos algo importante que hacía digno nuestro esfuerzo. Esta es, precisamente, mi tesis: hay una lectura que nos hace pasivos (meramente receptivos, pasionales) y una lectura que nos hace activos (que nos convierte en agentes lectores).

      Eliminar
  2. Siendo muy pequeño, mi padre me llevaba a los conciertos del Teatro Principal de Zaragoza. También me ponía discos (de vinilo, claro) de música "clásica" (reivindico el término "música culta", por cierto), que escuchábamos juntos. Así conocí a Beethoven,Mozart, Bach, Brahms... Recuerdo a mí padre silbar el tema del concierto para violín de Beethoven y tararear la Sinfonía Italiana de Mendelssohn. No creo que entonces fuera capaz de valorar esas grandes obras como merecen y seguro que alguna vez hasta me costó terminarlas. Pero suelo pensar que gracias a ese esfuerzo inducido hoy soy músico y que si no hubiera confiado en el buen criterio de mi padre, muchas de las cosas que ahora soy capaz de apreciar me las habría perdido.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Alberto, estás tocando el meollo del asunto. Tu padre te familiarizó con la música culta y cualquier persona sabe que hay distintos tipos de música y que no todas tienen el mismo valor. Sin embargo con la literatura lo que se valora es el libro. ¿Te imaginas que en música se valorara el objeto material de la partitura por encima de su contenido? Pues eso es lo que pasa con toda normalidad en la literatura. Y de la misma manera que escuchando muchas veces "Paquito el chocolatero" es difícil llegar a Mahler; leyendo según qué cosas es imposible llegar a San Juan de la Cruz.

      Eliminar
    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

      Eliminar
    3. Se me ha caído una "c" en Tchaikovsky.

      Eliminar
    4. Vaya, qué torpe. He eliminado el comentario anterior. Bueno, que estoy totalmente de acuerdo.

      Eliminar
  3. Me gusta ese escepticismo. Un libro hoy no puede competir como entretenimiento, en general. Los hay muchos y mejores. Negar esa evidencia es no ver la realidad. La mensajería, twitter y demás inciden en ello. La prensa se viene abajo, se está haciendo prensa deportiva, y cada vez más digital pero en un sentido audiovisual. Lo instantáneo, sin esfuerzo, con poca reflexión. Con más medios que nunca y solo una minoría seguirá resistiéndose por el placer de conocer y hacerse preguntas. ¡Qué decirle a un adolescente! Puff

    ResponderEliminar