viernes, 4 de diciembre de 2015

El postureo pedagógico

¡Viva el pensamiento dual! Nosotros lo hacemos todo bien y los otros lo hacen todo mal. 
¿Cuándo comenzó a valorarse este zafio maniqueismo, esta bazofia intelectual, este infantilismo crítico, esta memez engolada, este narcisismo ridículo, esta pedagogía a la violeta? 



13 comentarios:

  1. Yo tiraria hasta la postguerra norteamericana, 1945. El hombre-organización y todo eso.

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  2. Sobre las formas y no de los contenidos, del post en particular y del post-ureo en general.
    Cuando la "moda" se convierte en "uniforme", el liberalismo se convierte en comunismo....lo digo por lo de "debería estar de moda" y sino....marginaooo o out-sider!!! Es decir, la Moda propia de la sociedad liberal, pero como no la sigas, te enván a Siberia!

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  3. Desde luego, a veces se le antoja a uno que es un verdadero milagro que en España no esté actuando ya el primer asesino en serie especializado en pedagogos de la historia criminal. Confieso que a veces fantaseo con la idea, sobre todo cuando hojeo los libros de texto de mis hijos, cuando les ayudo con los deberes, cuando constato que estos canallas (a quienes Dios confunda), con la inestimable ayuda de unos maestros tan ovinos como colaboracionistas, han acabado convirtiendo los hogares en el gran bastión de la instrucción tradicional, dicho en fino, "conductista" (mientras van a tumba abierta con el fracasado experemimento constructivista). Fui un niño que iba a clase con ropa zurcida, cuyo padres eran analfabetos funcionales, currantes mondos y lirondos. Vértigo me da cuando pienso en lo que habría sido de mí en un sistema educativo completamente dominado por esta clase de granujas. Lo siento si parezco excesivo, pero es que ayer leí el artículo que publicaba en ABC Andrés Ibáñez.

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    1. Se expresa usted muy bien. Ese es también mi caso: una familia muy humilde. En casa había 1 libro. Y también he pensado con frecuencia en la suerte que tuve con aquellos maestros. El ascensor social se está acabando porque a los pobres les decimos que sean emotivos y felices.

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    2. Y tiene razón en otra cosa: si al escuela se niega a transmitir conocimientos, asumamos este papel en casa.

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  4. Tabula rasa, ignorando que para saltar hay que tener primero un pie firme en el suelo. Siempre inventando la sopa de ajo en todo. En diseño, el sector que mejor conozco, "design thinking", "diseño colaborativo", "diseño emocional", "diseño estratégico", en el mejor de los casos simples pleonasmos.
    Por cierto señor Luri, ¿en mi ignorancia, qué me puede decir del aclamado César Bona? también forma parte del postureo pedagógico o va por libre? Gracias.

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    1. Belart, me da la sensación de que Bona es un buen maestro. En el maestro hay un componente artístico e incluso carismático. Hay maestros que son capaces de entusiasmar a los niños con cualquier actividad que les propongan y parece que Bona es uno de ellos. Pero precisamente por eso estos maestros no se pueden formar en las facultades. Suelen tener un defecto: que son bastante incapaces de trabajar en grupo. Y esto es lo que parece que ha llevado a Bona a abandonar la enseñanza. Podría decir algo más sobre su relación con las editoriales, pero creo que hay que contribuir a mantener el mito.

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    2. Muchas gracias. Es lo que imaginaba, pero también tenía en cuenta lo que comenta Alberto Royo.
      Del todo de acuerdo, el carisma se tiene o no, hay personas que saben transmitir al instante su entusiasmo, y otras que nunca lo consiguen.

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  5. No es pot dir que tot el que hi ha en l'apartat "Ins" sigui bo o que l'apartat "Outs" sigui totalment dolent. O a l'inrevés. Caldria saber escollir i saber orientar per a escollir bé el que convé a cada moment i a tractar-ho correctament: per exemple, l'ús de la xarxa d'Internet o treure més profit de l'avaluació. Fer una classe ben feta avui dia és agotador, sobretot a l'ESO i al Batxillerat.

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  6. Yo también intuyo que Bona es buen maestro. Más cuestionable me parecen sus ideas sobre educación, basadas en el desprecio al conocimiento, que se resumen en su expresión habitual "meter datitos en el cerebro". Es decir, me parece más peligroso como asesor y como modelo (aquello del "perfil del docente del siglo XXI") que como maestro.

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  7. Gracias por tus últimas publicaciones, amigo Gregorio!! Una cosa que creo que hemos olvidado es que un buen maestro debería, además de conseguir el interés de los chicos por la materia, transmitirles una cierta pasión por saber, y hacerles reír y disfrutar de lo que hacen; y cuando uno los ha perdido de vista en el aula, que le busquen para saludarle y para sonreírle y para explicarle como les van las cosas. Ese ha conseguido algo.
    Por eso estoy de acuerdo en esa gran versatilidad que tiene que tener el maestro, digno de gestionar un circo de tres o cinco pistas: rigurosos, digno, carismático, circense. Que sepa animar al desanimado y conducir al entusiasta. Es difícil, pero quizás por eso sería tan importante la formación inicial y, aun más, el ingreso a la carrera docente.
    Anécdota: el otro día una directora de colegio (ambos de prestigio) explicaba que había tenido a un alumno de prácticas al que consideraba incapaz de estar en una aula. Incluso peligroso. Cada uno sirve para lo que sirve. Tras suspenderle las prácticas para evitar males mayores y porque objetivamente "no se'n sortia", años después le ha enviado un CV (con experiencia por supuesto) para pedirle trabajo de maestro.
    Promovemos un sistema de maestro-aprendiz, donde los maestros sean personas solventes y experimentadas (+55/60), que dediquen parte de su jornada a ser buenos tutores de jóvenes aspirantes a maestro?
    Gracias de nuevo por sus reflexiones, leídas y promovidas...

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  8. Querido Josep Manuel. Usted tiene de por vida barra libre en este café. Conviene distinguir entre el buen maestro y el maestro posible. El primero es un artista y normalmente no necesita método, porque él es el método. Sabe empapar de dignidad todo lo que hace en clase. Es el ejemplo claro de que se educa por impregnación. El problema es que en Cataluña se necesitan más de cien mil docentes y no hay manera, en ningún campo, de conseguir tanto artista. En este caso los límites de la capacidad artística han de ser compensados con competencia técnica, es decir, con conocimiento del oficio.

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