jueves, 2 de octubre de 2014

San Carlos Marx, padre antes que revolucionario

Entre ida y vuelta a Gerona en el AVE me he podido terminar la biografía de Marx, de Sperber. Del AVE no quiero hablar.

Me ha caído bien el Marx que hace de padre conservador con sus hijas, que es lo que debe de hacer un padre que se precie. No entiendo, en absoluto, a esos padres comprensivos que evalúan la conducta de sus hijos desde un principio moral tan pedestre como el de "todos hemos sido jóvenes". ¡Claro que todos hemos sido jóvenes! Precisamente por eso nuestros padres hacían de padres -que es lo que nos toca hacer a nosotros a partir del momento que tenemos un hijo.

A lo que iba. A Marx le dio un disgusto su hija Laura, la más guapa de sus tres hijas, cuando se enamoró de Paul Lafargue. Tomó inmediatamente cartas en el asunto y se dirigió al novio directamente para dejarle claro que lo de hacer de revolucionario estaba bien, pero que la futura seguridad económica de su hija le interesaba mucho más.

"Si deseas proseguir tu relación con mi hija -le escribió-, tendrás que renunciar a tu manera de cortejar... una intimidad excesiva no es apropiada... En mi opinión el verdadero amor se expresa con la cautela, la modestia e incluso la timidez del amante respecto a su ídolo... Si pretendes justificarte por tu temperamento criollo, tengo el deber de interponer mi razón entre tu temperamento y mi hija. Si no sabes cómo expresar tu amor adecuadamente en la latitud londinense, tendrás que conformarte con el amor a distancia".

Hay que decir que Carlos Marx no se conformó en absoluto con el amor a distancia con su novia, la madre de Laura. Por lo tanto sabía de lo que estaba hablando. 

"Antes de establecer definitivamente tu relación con Laura -proseguía-, tengo que disponer de información sobre tu situación económica... Sabes que he sacrificado toda mi fortuna por la lucha revolucionaria. No me arrepiento. Todo lo contrario. Si tuviera que volver a empezar mi carrera, volvería a hacer lo mismo. Pero no me casaría."

En conclusión que don Carlos Marx tiene una hornacina a su disposición en El Café de Ocata como digno representante de la santa paternidad.

Amén.

3 comentarios:

  1. Cuentan las leyendas que Max, Artur Max, firmó con su pluma estilográfica el Decreto de Nuevo Ficus, una especie de nueva planta pero plantada por la copa en lugar de por las raíces. Y dicen, que Max, Árthur Max (con tilde en la A y estilo londinense) primero casó a la hija con el traje de luces y posteriormente, casó a Catalunya con el mismo traje...esta de vez de sombras.
    HdW

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  2. Pobre. De nada le sirvió, y así acabó la pareja, digna representante de un romanticismo trasnochado y suicida. La mejor terapia contra el amor, la pereza; y la peor contra la educación.

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  3. Es que Lafargue era cubano (lo digo a modo de disculpas), y en su Elogio de la pereza deja claro que que iba el asunto.

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