jueves, 20 de febrero de 2014

Cuando la muerte está inapetente

A veces, como hemos visto con el muchacho del post anterior, la muerte, simplemente, se muestra inapetente. Veamos otro caso.

El 23 de febrero de 1885, el asesino convicto John Lee, de Devon, fue llevado al cadalso y colocado sobre la trampilla. Pusieron la soga alrededor de su cuello. El verdugo, James Berry, tiró de la palanca. 

Pero no pasó nada. 

Dos guardias empujaron la trampilla hacia abajo, para que se tragara a Lee, pero no hubo manera. Parecía soldada. Hicieron a un lado al condenado y probaron la trampilla. Funcionaba perfectamente. Pusieron a Lee otra vez en la que tenía que ser su posición postrera. James Berry volvió a tirar de la palanca. 

Nada de nada.

Los guardias, perplejos, revisaron minuciosamente todo el mecanismo. Cuando estuvieron completamente satisfechos, repitieron el proceso. Berry tiró de la palanca por tercera vez. 

Nada.

Así que el ministro del Interior, conmutó la pena de Lee por cadena perpetua.

9 comentarios:

  1. Más RB.

    Al hombre no hay que conocerlo, aún menos definirlo. Tampoco se trata de amarlo. Es necesario, y mejor, serlo.


    http://www.youtube.com/watch?v=-BnAGysvbso&list=PL5c8gysZPLlnzlv9NiMx91b0h9wdGXOnQ&feature=share

    ResponderEliminar
  2. No estamos locos, sabemos lo que nos gusta...

    ResponderEliminar
  3. Un miércoles de estos saldrá en el suplemento cultural de La Vanguardia una reseña que he escrito del último libro de RB, En medio de la Edad Media. Iba yo por la Calle Jesús y María de Barcelona con el libro bajo el brazo cuando me encontré con Sergio Vila Sanjuan. "¿Qué lees?", me preguntó. "Al mejor filósofo católico de Europa", le contesté. Pues escribe una reseña. Y hecho está. Moraleja: Llevar un libro bajo el brazo incrementa las posibilidades de futuro.

    ResponderEliminar
  4. Ruego sepan perdonar mi ignorancia, pero quién es RB?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Perdone, don Esparver: Rémi Brague.

      Eliminar
    2. Agradecido.
      Tengo que introducirme urgentemente en la cultura francesa, me estoy perdiendo algo importante. Creo.

      Eliminar
  5. San Iervasius, zona noble pero no santa....con su paseo de la buena nueva que no es tan buena esa nueva, cuando entras en la sagrada Iglesia de IervaSus...¿has dicho Ierua Sus? sí...los 4X4 ruedan por doquier junto a los mercedes sin merced...suben rampas entran en colegios de jesuses y de marías, o de palmeras y rosales en sus ágoras celestiales, o en sus rotondas de Asclepio...son la élite de Barcelona...Y usted perdido divangando por allí con un libro bajo el brazo de un dice ¿"mejor filósofo católico de Europa"? Será mejor católico de Europa, pero ¿mejor filósofo medieval de Europa? lo dudo...pero no me hagan caso que yo dudo de todo últimamente.

    Heinrich Ambossat

    ResponderEliminar
  6. El gato de Schrödinger3:59 p. m., febrero 20, 2014

    La anécdota de John Lee me ha recordado esta otra, algo más atroz:


    «Condenaron a la horca a un hombre que se había cortado la garganta, pero a quien habían salvado de morir.

    El médico los había prevenido de que era imposible ahorcarlo pues se le abriría la garganta y respiraría por la abertura. No escucharon la advertencia y colgaron al hombre. De inmediato, la herida se abrió y el hombre volvió a la vida aunque lo habían ahorcado.

    Convocar a los regidores para que decidieran cómo resolver la cuestión llevó su tiempo. Por fin los regidores se reunieron y ajustaron el nudo por debajo de la herida hasta que el hombre murió. Oh, Mary mía, qué sociedad loca, qué civilización estúpida.»

    Esto le escribía Nicholas Ogarev a su amante Mary Sutherland, en torno a 1860, sobre las noticias de los periódicos londinenses.


    Extraído de El dios salvaje, de Al Álvarez.

    ResponderEliminar