martes, 9 de abril de 2013

Dejemos a las familias en paz


El Periódico de Cataluña
, 8 de abril. 

Los padres no han dimitido de sus responsabilidades. Más bien ocurre que por querer ser perfectos, ignoran cómo ser buenos padres, es decir, padres normales. Entiendo por padres normales los que saben sobrellevar la neurosis inherente a la tarea de educar a los hijos sin estar todo el día preguntándose si lo han hecho bien.

Lo que tienen que hacer los padres es lo que han hecho siempre los padres normales: procurar que sus hijos tengan qué comer, una cama en la que dormir, ropa limpia que ponerse; garantizar que duermen las horas que tienen que dormir, que comen a las horas que tienen que comer, que hacen un poco de ejercicio físico diariamente y que mantienen con la higiene una relación cordial. Deberían saber, además, como sabían nuestros padres, que nuestros hijos aprenden más de nuestros comportamientos que de nuestros consejos.

Lo que la mayoría de padres le piden a un maestro es también lo de siempre, es decir, lo que le piden a un mecánico, a un médico o a un lampista: profesionalidad. Lo que quieren es estar seguros de que se ocupan de sus hijos buenos profesionales y decirse a sí mismos: «tranquilo, que tu hijo está en buenas manos». Permítanme la grosería de recordar una obviedad: los padres tienen hijos; los maestros, alumnos; y la sociedad, ciudadanos. En cuestiones de educación, los padres son los aficionados; los maestros, los profesionales; y la sociedad, el examen de reválida.

No suele haber padres dimisionarios, sino padres perplejos por asistir a reuniones escolares en las que se les dice que en la clase de lengua harán lengua; en la de matemáticas, matemáticas, y en tutoría, educación en valores, mientras ven que sus hijos acabarán la ESO sin hablar inglés. Hay muchos padres cansados de asistir a entrevistas en las que se les repite que su hijo es un buen chico, pero que se distrae mucho; que es inteligente, pero no estudia; que tiene buen fondo, pero relaciones sociales difíciles. No aceptarían fácilmente que un médico se limitase a entregarles un diagnóstico. Pongo el ejemplo del médico porque la labor docente tiene más similitudes con la clínica que con la mecánica.

No es la dimisión, sino una cierta decepción, lo que explica que toda la retórica que desplegamos a favor de la participación escolar de las familias en los centros educativos sea respondida de manera casi podríamos decir que anecdótica en las elecciones a los consejos escolares. Lo más cómodo, para no cambiar nada, es decir que los padres no están interesados en participar en la escuela, pero la realidad es que hemos caído prisioneros de nuestras buenas intenciones. Y haremos lo posible por salvarlas.

Se suele decir que hay una alta correlación entre la participación de los padres en los centros y los resultados de los hijos. Yo creo que la correlación real es la que existe entre la satisfacción de los padres con el centro educativo y los resultados de los hijos. Ninguna familia debería llevar un hijo a una escuela a la que no pueda referirse espontáneamente como «nuestra escuela».

9 comentarios:

  1. elogio de la lucidez diría yo de este artículo, aunque a los de la AMPA antes APA no les gustará. La verdad es que en este ámbito hay mucho que decir y usted lo ha relatado como es, aunque ya le digo, a muchos no les gustará, pero es así.
    De la misma manera se está sobreprotegiendo a los niños hasta limites que rozan la estupidez y les idiotiza, y eso tampoco es bueno. Como añoro mis piernas llenas de mercromina de los arañazos que me daba triscando por ahí, o cuando iba sólo con 12 años en bici de Sabadell a Sant Feliu de Codines. Eso ahora, es impensable, a mis padres entre esto y que para merendar me daban 'pa amb vi i sucre' ya les habrian quitado la custodia y uno estaria en algun centro de la Generalitat.

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  2. Los padres ya tienen 'prou feina' hoy día con sacar la casa adelante, además.

    Sobre este tema he vivido situaciones demenciales, una maestra y la dama del EAP más psicóloga y asistenta social me decían que no podía hacerse nada con un chico pakistaní porque la familiar 'no colaboraba', no sabía ni el idioma.

    Hace muchos, muchos años en una reunión en la cual salía el tema, hecha con gente de los esplais un excelente jesuíta -no puedo decir otra cosa ya que era jesuíta- dedicado a la educación insistía en qué se debía hacer lo que se pudiese por los niños y dejar a las familias en paz, más o menos eso sobre lo que usted insiste.

    De la situación tiene todo el mundo la culpa pero los de arriba, más, han propiciado el tema hasta límites absurdos. Desde hacía mucho tiempo yo sólo llamaba a los padres para darles buenas noticias, la verdad. Les ha amargado la vida a muchas familias tanta reunionitis.

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  3. Hablando con un amigo médico, me dice: la gente nos aguanta cosas que no se las aguantaría a un mecánico.

    Ya de paso,

    http://www.dallasinstitute.org/docs/2013Feb9LCowan.pdf

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  4. Francesc: Gracias. Las reacciones que me van llegando de los padres son más bien favorables. Pero de todo tiene que haber en la viña del Señor.

    Júlia: A mi me gusta mucho dar charlas a los padres. Nos lo pasamos muy bien. Mi único objetivo es tranquilizarlos ironizando: resulta que todos lo hacemos mal, pero intentamos ocultar nuestros fallos pensando que los demás lo hacen mejor. ¡Pamplinas!

    Claudio: Efectivamente.

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  5. Gregorio, el lunes me alegraste el día.

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  6. Ahí, ahí, "nuestra" escuela... Esa es la única posesión que desdeñamos y, sin embargo, que debería ser la única de la que deberíamos enorgullecernos. Tengo la impresión de que la escuela, hoy en día, no es más que el antiguo cuartel, pero sin sargentos chusqueros ni los "malos tratos" que convertían, como lo querían las familias, a los niños en hombres. Hemos sustituido la mili por los institutos pero sin recursos coercitivos indispensables para inculcar ciertos hábitos sociales básicos, como el respeto y la disciplina, sin los cuales es difícil trasladar ningún conocimiento. Nos falta, para que se pueda dar esa posesión, el auténtico amor al saber, despojándolo del utilitarismo con que lo consideran las familias. Jamás estudié para medrar socialmente, quizás por ello soporte tan estoicamente las adversidades de estas y cuantas crisis se nos vengan encima. Jamás les he exigido a mis hijos buenos resultados académicos, sino que disfrutaran con lo que estudiaban. Cada pueblo tiene su historia, sin embargo, y resulta difícil apartarse de los valores dominantes. Pero hay que hacerlo.

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  7. Asistir a las reuniones del kole? Una reunión donde se pueda leer entre lineas " Se aceptan sugerencias que no se tendrán en cuenta", de poco vale. EL colegio donde van mis hijas, tienen su propio codigo del honor. Es un sistema dentro del sistema. El ampa del kole (donde vivimos nosotros ) se dedican a hacer actividades donde lo más importante es que asistan los papas mamas. En nuestro kole se organiza una lectura donde los niños que van al kole, no pueden leer, sino van con los papas mamas.

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  8. El día que nos pongamos a decir lo que pensamos de verdad sobre nuestras prácticas escolares, nos vamos a llevar una sorpresa tremenda.

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Carmen Brufau, de nuevo