jueves, 8 de noviembre de 2012

¡Qué cosas tiene la historia!

"El día 4 [de mayo de 1937] algunas barriadas barcelonesas se hallaban en manos de la F.A.I. Tal ocurrió en Sants, donde los 'bakunistas' se habían apresurado a proclamar el comunismo libertario y a la entrada de la cual, frente a la misma Plaza de España, ondeaba un gigantesco cartel con esta leyenda: 'República Independiente de Murcia. Aquí termina Cataluña. Prohibido hablar en catalán'"

Rafael Miralles, Memorias de un comandante rojo

5 comentarios:

  1. Había leído aquello de que en la Torrassa había un cartel que decía 'aquí acaba Cataluña y empieza Murcia', no sabía que en la Plaza de España ya empezaba 'lo otro'. No se quiere recordar ni comentar esa mala relación ni como influyó en el resentimiento de esos inmigrantes que quizá explica muchas barbaridades, es un tema todavía espinoso.

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  2. Yo también pensaba en la Torrassa al recordar esta anécdota. Todo catalán lúcido se da cuenta de que la falla (geológica) en este país se produce aquí, recorre todo el siglo pasado y ya veremos cómo se manifiesta ahora. Al lado de casa, dos números más allá, veo una bandera española en la terraza de dimensiones notables. Vive una vecina de la que dirías aquello de "pues parecía una persona muy normal" (hago broma, eh? Tal como está el patio...)

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  3. Pues mis padres que vivieron esta época contaban que muchos de estos murcianos inmigrados eran más catalanistas que muchos catalanes. Y viendo la actualidad parece que las cosas han cambiado poco.

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  4. De mozo fui miembro una vez de la selección nacional de natación juvenil, ¡un murciano entre mayoría de catalanes!, y disfruté de una estancia de una semana en Barcelona. La madre del campeón de España y de Cataluña, a la que le había caído en gracia, me invitó a comer a su casa. A los postres, el hijo mayor se empeñó en leer una composición –llamarla poema, ni que fuera satírico, sería un insulto para esta palabra- en la que se describía a los murcianos –estamos en 1968- como los invasores de una serie de ciencia-ficción en la que los alienígenas se caracterizaban por tener el dedo meñique tieso. Asistí horrorizado a una muestra de xenofobia y racismo que la familia reía complacida y que yo me negué a secundar. Desperté a muchas cosas entonces. Y como en el cuento de Monterroso, aún sigo aquí dispuesto a seguir donde estoy y a no permitir que ciertos capitalistas de la tierra, exhibiendo títulos de propiedad carcomidos por la ficción histórica, me la arrebaten, siquiera sea en honor de aquellos murcianos ultrajados. En efecto, Júlia, es una cara oscura, tenebrosa incluso, pero que está ahí. Todos tenemos agravios, por uno y otro lado, pero no creo que removiéndolos, agitando los fantasmas de la irracionalidad identitaria, salga nada bueno de ello.

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  5. Desde luego que no, Juan, sin embargo escucho a menudo barbaridades sobre la nueva inmigración que no me hacen ninguna gracia, tenemos muy mala memoria.

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