lunes, 22 de octubre de 2012

¡Que innoven ellos!

Siguiendo con el comentario anterior, lo que más me sorprende de todo el discurso postpedagógico imperante es que se acepte sin ningún tipo de crítica la sustitución del Bien por la Innovación. 

Eso de que "hay que innovar" se ha impuesto como un imperativo categórico. Por lo tanto, si la innovación es lo mejor de lo mejor, quien la ponga en duda es un tarado cronológico. O sea, yo.

Ustedes perdonarán mi impertinencia, pero desde el bunker pedagógico pensamos que hay innovaciones buenas, innovaciones ni-fú-ni-fá e innovaciones desastrosas y que conviene disponer de algun criterio no muy innovador que permita distinguir las unas de las otras para seleccionar lo oportuno para cada caso.

Que conviene cambiar lo que va mal, es cierto, pero no parece una estupidez sugerir que hay que intentar cambiarlo por algo que vaya mejor. Esto era algo elemental hasta hace poco, pero ahora lo que es elemental es que hay que cambiarlo por algo innovador. 

Lo que a nuestra escuela le falta no son ganas de innovar, sino capacidad reflexiva, prácticas reflexivas.




Me voy a Jaén