viernes, 26 de octubre de 2012

Caridad y Justicia

Como Amancio Ortega ha donado una buena cantidad de dinero a Cáritas, una inefable literata del país (¿por qué por el mero hecho de escribir malas novelas a algunos se los considera intelectuales?) ha hecho pública su indignación moral clamando al cielo de la verdad que "la caridad no es justicia y que, de hecho, la caridad solo puede existir en ausencia de la justicia". A  mi la caridad me impide decir crudamente lo que pienso de semejante estupidez y, sobre todo, de la señora que la ha expelido, pero, desde luego, no se me ocurrirá decirle al próximo que me tienda la mano pidiéndome un céntimo que en lugar de reclamarme a mi caridad, vaya a reclamarle a la historia la justicia que le niega, y que si mientras tanto se muere de hambre, la culpa será de la injusticia y no de mi falta de caridad.

Hay, sin embargo, un fondo de razón en el exabrupto justiciero de la intelectual: la caridad existe en ausencia de la justicia. Y la justicia está ausente. Y no sólo eso, sino que los intentos de implantarla por decreto han puesto más de manifiesto que nunca la necesidad de la caridad.  

Esa manía de querer sustituir las pequeñas justicias parciales, minúsculas e imperfectas por una JUSTICIA con hipermayúsculas que nos acompañe como nuestra sombra de la cuna a la tumba,  conduce a destruir las primeras, pero no a implantar la segunda. 

Ninguna justicia puede ser sensible al dolor que nos interpela desde los ojos de aquel a quien hemos afirmado como nuestro hermano, por la sencilla razón de que ninguna ley puede obligarme a ser el guardián de mi hermano. 

Don Amancio, tiene usted mi más profundo reconocimiento.

Me voy a Jaén