sábado, 29 de septiembre de 2012

D'Ors entra en la Barcelona franquista

A todo esto en San Sebastián y en todas las colonias de refugiados catalanes reinaba una excitación desmedida. Los bulos y las noticias eran desorbitados -yo siempre he sospechado en nuestra idiosincrasia un cierto andalucismo-; la histeria, general.
En pocos días, todo el mundo adoptó un cierto aire de cazador tartarinesco, que es el atuendo -psíquico y físico- que el catalán adopta cuando se dispone a emprender cualquier cosa poco corriente o que él considere aventurada.
(...)
Mi admirado Eugenio d'Ors -humorista siempre- se enfundó en un colosal (aunque no demasiado reglamentario) uniforme falangista y se abrochó... ¡unos leguis!; pero no unos leguis cualquiera, sino unos aparatos de pomposa pantorrilla de cuero, que eran exactamente iguales a los que mi abuelo compró para el chófer que condujo nuestro primer coche en 1919. Su extraño atuendo le valió, poco después, el que don Pablo Font de Rubinat le desconociera, y al requerirle don Eugenio, le contestó el célebre bibliófilo:
- Perdóneme usted que no le haya reconocido, pero como va vestido de bombero...

José María Fontana, Los catalanes en la guerra de España

D'Ors desempeñó el cargo de Director General de Bellas Artes de la España franquista. En condición de tal le gustaba viajar en un coche norteamericano enorme, pero viejo, que se estropeaba continuamente y él mismo se diseñaba uniformes un tanto churriguerescos. Jacint Reventós recuerda en Dos infants i la guerra una visita de d'Ors a su familia, que residía temporalmente en Salamanca. Se presentó con su coche y un "imponente uniforme de un color verdoso y lucía sobre el pecho unas enormes flores de lis". Remataba todo con una boina roja de un tamaño descomunal.

D'Ors solía decir que si bien le gustaban los uniformes, lo que de verdad le entusiasmaba eran los multiformes.

Me voy a Jaén