Hay alguna cosa en Manresa que me recuerda a Estella. Incluso la silueta recortada de Montserrat sobre los viejos tejados poblados de antenas le hace a uno pensar en Montejurra. Quizás por lo que tienen de vigías. Es, ciertamente, tierra de carlistas, pero la presencia del carlismo es demasiado obvia. No me refiero a eso. Pero tampoco sé bien a qué me refiero. M. ha intentado teorizarme el nacionalismo catalán del presente con un discurso de cinco minutos. Le he contestado con otro que dura bastante menos: "El nacionalismo catalán, hoy, se explica sencillamente porque Convergencia ha tenido un Jordi Pujol y el PSUC o el PSC, no". "Pero eso es demasiado simple", me ha objetado. "¿Y que le importa eso al azar?", le he contestado yo, evidentemente sin convencerlo. Nos hemos separado y he ido al ayuntamiento, donde he dado mi conferencia en la misma sala en que se firmaron las famosas Bases de Manresa. Tenía su qué, la cosa.
De mis años de escuela pública en los ochenta aprendí que el personaje más importante en la lengua y literatura catalanas fue Jordi Pujol. Era, de largo, el nombre más citado en esas clases. Esa es la razón principal por la que escribo casi siempre en castellano: aprendí que el catalán no servía como vehículo de comunicación neutro, sino que, de alguna forma, te posicionaba ideológicamente.
ResponderSuprimirNo sé si viene mucho a cuento, pero me ha hecho pensar en ello.