viernes, 2 de enero de 2009

Las palabras del alma

Vuelvo al alma en este primer día del año nuevo. Ahora que el cuerpo pesa más que de costumbre, al mismo tiempo que los propósitos de enmienda nos quieren más livianos, puede no ser completamente ocioso recuperar el hilo. Pero si lo fuese, tampoco pasaría nada.

En realidad más que del alma estamos hablando del proceso de su conocimiento en la Grecia antigua, que es, a la vez, el proceso de su profundización. Estamos siguiendo un camino que estuvo acompañado de una reflexión -y en gran parte estuvo posibilitado por ella- sobre una serie de conceptos de uso corriente que, iluminados filosóficamente, parecían indicar diferentes vías de acceso a la interioridad anímica emergente.

Uno de estos conceptos es el de "vergüenza", que ya nos ha aparecido en Pitágoras y Demócrito. En el vocabulario coloquial de la Grecia de los siglos V y IV, que es la de Sócrates, Platón y Aristóteles, se hallaba muy viva una relación semántica, de la que nosotros ya nos sentimos en buena parte ajenos, que es omnipresente en los textos platónicos y, en general, en toda la literatura griega de la época. Es la siguiente:

La justicia es a la injusticia
lo que lo hermoso es a lo vergonzoso
y lo bueno a lo malo.

La rotunda afirmación de Diotima en el Banquete platónico, que tan perplejos deja a algunos profesores de filosofía antigua, de que Eros no pretende otra cosa que la fecundación en la belleza, sólo es completamente inteligible si se entiende que la alternativa a la belleza es la vergüenza. ¿Y quien quiere sentir vergüenza de su progenie?

Lo justo, lo hermoso y lo bueno eran para los griegos antiguos diferentes manifestaciones de una armonía de base (de un objeto, una acción, una ciudad, una persona...), mientras que lo injusto, lo vergonzoso y lo malo denunciaban con su presencia una carencia de proporción y de medida ("a-metría", se lee en el Sofista de Platón) que en política, por ejemplo, da lugar al peor de los males, el enfrentamiento civil (la "stasis").

En el caso del hombre la vergüenza presenta una peculiaridad notable: es un estado del alma carnalizado, de forma que la confusión anímica se delata a sí misma por el enrojecimiento del rostro, el temblor de la voz o los microgestos que desvelan, tanto a los otros como a nosotros mismos, una pérdida de coherencia. Platón insiste en que la vergüenza es la incoherencia en el relato ("lógos") de nuestra propia vida. La vergüenza sería así (y esto no lo dice Platón, sino un servidor, que aprovecha la ocasión para un fácil juego de palabras) el "lógos" -el humano, claro- hecho carne.

La reflexión filosófica sobre la vergüenza parece tener un doble origen en los círculos de Pitágoras y de Parménides (lo cual, a su vez, nos hace sospechar, de nuevo, de la influencia órfica en todo lo relativo al nacimiento del alma en Grecia) y es heredada, como una cuestión filosóficamente axial por Demócrito y Sócrates. Patocka ha escrito páginas memorables sobre la doctrina del cuidado del alma en estos dos filósofos.

La Apología de Sócrates escrita por Platón puede entenderse, en su conjunto, como una reflexión sobre la desvergüenza. No creo que haya que tomar a la ligera el hecho (sólo en contados casos resaltado) de que Sócrates insista en la importancia del cuidado ("epi-meleia") del alma, mientras su principal acusador (Meleto) le recrimina su negligencia ("a-meleia") con los jóvenes, a los que corrompe. Es decir, Sócrates ha de defenderse ante Meletos ("el que se preocupa") de despreocuparse (de ser "a-meletós") de las cosas importantes para la ciudad, lo cual significa, para Platón, demostrar que su maestro poseía un profundo sentido de la vergüenza. Tarea difícil, sin duda. De hecho el jurado creyó a Meleto.

10 comentarios:

  1. Si la desvergüenza del narcisismo, en plena contradiccion con el logos, pero siguen y siguen, sin vergüenza alguna, la lacra de nuestra era. Ojala su granito de arena con su libro de fruto, falta hace.

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  2. Feliz año nuevo Sr. Luri. Volveré con más tiempo.

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  3. Iluminador. Muchas gracias. Ahora me doy cuenta del origen, probablemente, de la película de Bergman y antes de las conclusiones de Sartre. Y también de la acepción popular. Aunque me pregunto si esta última todavía existe...parece en desuso o en cualquier caso su significado muy diluído.

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  4. Tumbaíto: Le confesaré un triple secreto:
    1. No tenemos ni pajolera idea de qué fue, con anterioridad al siglo IV aC, el orfismo.
    2. Exactamente lo mismo sobre el pitagorismo. De hecho no podemos afirmar con rigurosidad que existieran ni Orfeo ni Pitágoras.
    3. No sabemos qué similitudes y/o diferencias existieron entre el pitagorismo, el neopitagorismo y el orfismo.

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  5. Que interesante eso último que mencionas...¿Hay algún libro que plantee estas cuestiones????

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  6. Don Cogito: AQUÏ escribí yo alguna cosa, pero hoy sería mucho más radical.

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  7. Una reflexión estupenda, señor Luri. Hasta este punto llega la conexión del cristianismo con el logos griego, pues hace del pecado original (una suerte de vergüenza de la vergüenza) el centro del hombre y su mundo.

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  8. Sí, y las "reconstrucciones" son patéticas.

    Pero el orfismo es odioso.

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  9. Conócete a tí mismo. Inevitable al hacer una introspección, un profundo sentimiento de verguenza. En un proceso psicoanalítico, se trata justamente de reconocer la falta de coherencia en el relato de nuestra vida.

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