martes, 30 de septiembre de 2008

Las vacas flacas

En épocas más sensatas que la nuestra, todo el mundo sabía que a las vacas gordas les suceden las vacas flacas. Por eso se insistía en la escuela en enseñar la fábula de la hormiga y la cigarra. Es decir, se estudiaba economía desde preescolar. Se sabía igualmente que, salvo excepciones, las épocas de bonanza se debían a la misma razón que las épocas de miseria: a la avaricia humana. De ahí que el marxismo fuera congruente con su promesa de acabar con las crisis cíclicas del capitalismo al programar la avaricia necesaria. A cada ciudadano se le dictaba la avaricia que debía producir, las instituciones del Estado la recolectaban y la injertaban en el plan quinquenal correspondiente. Y por nacionalizar la avaricia, perdieron la guerra fría frente a Reagan. Esta es una enseñanza que los americanos no olvidarán fácilmente.


Hoy, que todos nos desayunamos con informaciones económicas pero que pocos han visto una cigarra, todos sabemos que las vacas gordas son debidas a la honesta gestión socialdemócrata de la economía y las vacas flacas a la rapiña del neoliberalismo. Basta preguntar por la calle para confirmarlo.


¿Quién se acuerda hoy de las alabanzas unánimes que recibía Greenspan? ¿No llegó a decir el New York Times “Para qué queremos a Dios sin tenemos a Greenspan”? ¿Y el Finalcial Times no lo presentó como el hombre que salvó al mundo tras el 11-S? Conviene recordar, en todo caso, que fue nombrado presidente de la Reserva Federal en agosto de 1987 y permaneció en el cargo hasta febrero de 2006, es decir, que fue nombrado por Ronald Reagan, confirmado en el cargo por Bill Clinton, y cesado por George W. Bush.


Pero ahora resulta que todo el mundo nos dice que el incremento de la liquidez aboca a una crisis financiera. ¡Coño! ¿Si era tan evidente por qué no lo decían antes?


Se critica también a Greenspan –Joseph Stiglitz lleva el ariete- por no creer en la regulación y señalan que la “auto-regulación” del mercado es un oxímoron.


En marzo de 2008 Greenspan publicó un artículo en el Financial Times en el que sostenía que “We will never be able to anticipate all discontinuities in financial markets.” Y concluía diciendo: “It is important, indeed crucial, that any reforms in, and adjustments to, the structure of markets and regulation not inhibit our most reliable and effective safeguards against cumulative economic failure: market flexibility and open competition.” Pero esto es lo que está hoy en discusion.


Los proclives a la indignación moral y a predicar la ética en los negocios insinúan –como han hecho tras cada crisis- que ya nada volverá a ser como antes. Me imagino que tienen un remedio no marxista para programar la ambición. Si es así, que se lo comuniquen a ZP, que anda proclamando por Nueva York, mientras le echa la culpa de la crisis a los “neocon”, que España está a un paso de adelantar económicamente a Italia y que tenemos a Francia a un tiro de piedra.


Los griegos tenían una palabra para referirse a algo que es esencial a la vida política, la “pleonexia”, que es el deseo de tener más. “Todos queremos más”, cantábamos nosotros aunque no supiéramos griego. Así que, tal como yo lo veo, o introducimos los planes quinquenales mundiales o seguimos enseñando la fábula de la cigarra y la hormiga.

domingo, 28 de septiembre de 2008

La filosofía: entre la lechuza y el gallo

Podría decirse que la filosofía del siglo XIX se mueve entre la melancolía de Hegel, que descubre que la lechuza de Minerva siempre llega tarde, y el proyecto de la izquierda hegeliana de convertir esta lechuza en gallo. Pero éste era un proyecto plagado de equívocos pues, como ya había advertido un sabio calagurritano, Quintiliano, “gallus” tanto puede significar “gallo” como “galo” o “castrado”. Demasiada polisemia. Pero quizás las utopías se construyen a golpes de polisemia. Podríamos añadir a esta lista de equívocos relacionados con el gallo la palabra “cocktail”, pues alguien me contó -no sé si con fundamento- que su origen no es otro que “cock-tail”.


El gallo aparece, como era de esperar, en la obra principal de Marx, El Capital. Don Carlos recurre a un poeta griego contemporáneo de Cicerón para ilustrarnos sobre las esperanzas que despertó el primer maquinismo.

"Antíparos saludaba la invención del molino de agua para moler los granos, esta forma elemental de todo el maquinismo productivo, como la aurora de la emancipación de las mujeres esclavas y el retorno de la edad de oro”

La imagen es recogida posteriormente por el yerno de Marx, Paul Lafargue en El derecho a la pereza”:

“(Antíparos) cantaba en los siguientes términos la invención del molino de agua (para la molienda del trigo), que venía a libertar a las mujeres esclavas y a traer la edad de oro: “¡Ahorrad el brazo que hace girar la piedra, oh, molineras, y dormid tranquilamente! ¡En vano os advierta el gallo que es de día! Dánae ha impuesto a las ninfas el trabajo de las esclavas; mas ahí las tenéis saltando alegremente sobre la ruda; y he ahí el asta sacudida que gira sus rayos haciendo dar vueltas a la pesada piedra. Vivamos de la vida de nuestros padres y gocemos contentos en la pereza los dones que la diosa concede.”

“Pero, ¡ay! –se lamenta Lafargue-, los ocios que el poeta pagano anunciaba no han llegado todavía". Las razones del retraso ya las había explicado Marx, al apuntar que los paganos no habían comprendido “que la máquina es el medio más seguro para prolongar la jornada laboral”.


Encontramos, que yo sepa, una referencia más al gallo en las obras de Marx. Se encuentra en la introducción a La crítica de la filosofía del derecho de Hegel:

“Así como la filosofía encuentra en el proletariado sus armas materiales, el proletariado encuentra sus armas espirituales en la filosofía y tan pronto como la chispa del pensamiento haya cundido en este terreno ingenuo del pueblo, se llevara a cabo la emancipación de los alemanes a hombres. . . La filosofía no se puede realizar sin la superación del proletariado, el proletariado no se puede superar sin la realización de la filosofía. Cuando se cumplan todas las condiciones internas, el canto del gallo galo anunciará el día de la resurrección de Alemania”.
Es decir la revolución que Alemania necesitaba no era una revolución burguesa, sino una revolución proletaria como, a su parecer, se estaba anunciando en Francia.

Pero hay también en la filosofía moderna un gallo que canta tanto contra la lechuza de Minerva como contra el gallo marxiano:

“Tratan de morderme porque les digo: para gentes pequeñas son necesarias virtudes pequeñas - ¡y porque me resulta duro que sean necesarias gentes pequeñas! Todavía me parezco aquí al gallo caído en corral ajeno, al que picotean incluso las gallinas; sin embargo, no por ello me enfado yo con estas gallinas”.

Es el gallo de Zaratustra, que no es heraldo de ningún nuevo sistema filosófico, sino que sólo se anuncia a sí mismo:

“Mi propio precursor soy yo en medio de este pueblo, mi propio canto del gallo a través de oscuras callejuelas”.

“Una mañana, no mucho tiempo después de su regreso a la caverna, Zaratustra saltó de su lecho como un loco, gritó con voz terrible e hizo gestos como si en el lecho yaciese todavía alguien que no quisiera levantarse de allí; y tanto resonó la voz de Zaratustra que sus animales acudieron asustados, y de todas las cavernas y escondrijos que estaban próximos a la caverna de Zaratustra escaparon todos los animales, - volando, revoloteando, arrastrándose, saltando, según que les hubiesen tocado en suerte patas o alas. Y Zaratustra dijo estas palabras: ¡Sube, pensamiento abismal, de mi profundidad! Yo soy tu gallo y tu crepúsculo matutino, gusano adormilado: ¡arriba!, ¡arriba! ¡Mi voz debe desvelarte ya con su canto de gallo! ¡Desátate las ataduras de tus oídos: escucha! ¡Pues yo quiero oírte! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Aquí hay truenos bastantes para que también los sepulcros aprendan a escuchar! ¡Y borra de tus ojos el sueño y toda imbecilidad, toda ceguera! óyeme también con tus ojos: mi voz es una medicina incluso para ciegos de nacimiento”.

En este “óyeme también con tus ojos” resuena un verso de Quevedo que propone “escuchar a los muertos con los ojos”. Recientemente ha servido de título a un libro de Roger Chartier que se se puede encontrar por las librerías.


El gallo vuelve a aparecer en El crepúsculo de los ídolos, cuando Nietzsche nos cuenta cómo el “verdadero mundo” terminó por devenir una fábula” y desmenuza la que para él es la historia de un error.

  1. El mundo verdadero es accesible al sabio, al piadoso, al virtuoso; éste vive en él, es este mundo. (Forma más antigua de esta idea, relativamente sabia, simple, convincente. Es una trascripción de la frase “yo”, Platón, “soy” la verdad).
  2. El mundo verdadero no es accesible hoy; pero es prometido al sabio, al piadoso, al virtuoso (“al pecador que hace penitencia”). (Progreso de la idea: se hace más sutil, más insidiosa, más inaprensible, se hace femenina, se hace cristianismo).
  3. El mundo verdadero es inaccesible, indemostrable, no prometible; pero ya, por el hecho de ser pensado, es un consuelo, una obligación, un imperativo. (En el fondo es el viejo sol; pero se transparenta a través de la neblina y del escepticismo; la idea se ha hecho sublime, pálida, nórdica, “konigsberguiana”).
  4. ¿El mundo verdadero es inaccesible? En todo caso, no hemos tenido acceso a él. Y no habiendo tenido acceso a él, es desconocido. Por consiguiente, no puede servir de consuelo, no puede ser liberador, no puede obligar; ¿qué obligación podría imponernos una cosa desconocida...? (Mañana gris. Primer bostezo de la razón. Canto del gallo del positivismo).
  5. El “verdadero mundo” es una idea que ya no es útil para nada, ni siquiera impone obligaciones; es una idea que se ha hecho inútil y superflua; por consiguiente, una idea refutada; eliminémosla. (Día claro; desayuno; vuelta del buen sentido y de la serenidad; púdico rubor de Platón; caso endiablado de todos los espíritus libres).
  6. Nosotros hemos sorprendido al verdadero mundo; ¿qué mundo ha quedado? ¿Acaso el aparente...? Pero no. ¡Con el verdadero mundo hemos suprimido también el mundo aparente! (Mediodía; instante de la sombra más corta; fin del larguísimo error; punto culminante de la humanidad; incipit Zaratustra).

Pero Zaratustra, como acabamos de ver, también viene acompañado por el canto del gallo.


Más sobre el gallo y la filosofía:


El gallo del abate Damián

De gallos y filósofos

La academia de Platón

sábado, 27 de septiembre de 2008

La virtud y el queso de idiazábal

Dice Boecio: "Virtus est mentis habitus optimus", es decir, "la virtud es la mejor posesión del espíritu". Y en mi casa todos los virtuosos son bienvenidos.

Así que bienvenido, Iñaki.

Sobre todo por venir cargado de bienes espirituales de los que nos haces entrega tan generosamente.



El consejo del que ahora os hago entrega yo no tiene precio. Va dirigido a los amantes del queso idiazábal. El mejor de todos es el que se hace en el caserío Anatxoenea de Baraibar. Si pasáis por Lekumberri, no os cuesta nada acercaros hasta allí y preguntáis por la Nicasia. Os tratará divinamente y si le caéis bien, igual hasta os deja probar un poco de "gazta zaharra", que es crema de queso de oveja lacha. Y ya me diréis.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Huarte de San Juan, zoósofo. II

Distingue Huarte de San Juan en su Examen de ingenios entre el verdadero creador y el mero copista. y lo hace de tal modo que parece que los enfrente como caracteres irreconciliables. El verdadero creador es capaz de sacar de la nada ideas tan brillantes que hasta el mismísimo Platón, confundido, tuvo que recurrir a la falsa teoría de la reminiscencia para explicar su proceder. Del plagiario poco hay que decir: es un parásito de la sociedad.

“A los que carecen de invención no había de consentir la república que escribiesen libros ni dejárselos imprimir, porque no hacen más que dar círculos en los dichos y sentencias de los autores graves, y tornarlos a repetir; y hurtando uno de aquí, y tomando otro de allí ya no hay quien no componga una obra”.

Y ahora viene la observación zoosófica:

“A los ingenios inventivos llaman en lengua toscana caprichosos, por la semejanza que tienen con la cabra en el andar y pacer, ésta jamás huelga por lo llano, siempre es amiga de andar a sus solas por los riscos y alturas y asomarse a grandes profundidades por donde no sigue vereda ninguna ni quiere caminar en compañía”.

Ya lo veis, el navarrico valiente está imaginándose a Zaratustra.


Respecto a los que tienen una imaginación pobre, dice que se parecen a la oveja,

“la cual nunca se sale de las pisadas del manso, ni se atreve a caminar por lugares desiertos y sin carril, sino por veredas muy holladas, y que alguno vaya delante”.

Pero cuando los ha caracterizado en su oposición, Huarte de San Juan da un giro a su argumento y defiende que la salvación de la ciudad se encuentra en la convivencia entre estas personas dispares.

“porque así como a una gran manada de ovejas suelen los pastores echar una docena de cabras que las levanten y lleven con paso apresurado a gozar de nuevos pastos y que no estén hollados; de la misma manera conviene que haya en las letras humanas algunos ingenios caprichosos que descubran a los entendimientos óviles nuevos secretos de naturaleza y les den contemplaciones nunca oídas en que ejercitarse, porque de esta manera van creciendo las artes y los hombres saben cada día más”.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Cosas que pasan en un dia de septiembre


I

Hoy hemos operado a Bacallà Salat y estamos todos convalecientes. La pobrecita aún está medio dormida y cuando recobra un poco el sentido camina desorientada por la casa. Le han extirpado un quiste. En una semana nos dirán que no es maligno. Porque, obviamente, no nos pueden decir otra cosa.


II

A las cinco café con Cristian Palazzi, flamante nuevo director de la revista Diàlegs. ¡Dios santo, el mundo se está llenando de jóvenes talentosos!. Y su talentosa edad es el ariete de nuestra derrota, porque la edad juega a su favor! Se nos ha unido Ferrancab, el prudente, y hemos estado hablando de lo humano y lo divino. Por ejemplo, de si los filósofos idealistas han de tener el culo gordo. Unánimemente hemos convenido que no puede ser de otra manera. ¡Y si no, que se lo pregunten a Zaratustra!


III

Al pasar por la Central, claro está, he picado. El De divisionibus de Boecio y una joya, Mis libros, de Girolamo Cardano. Os hablaré de ambos.


IV

Subal me cuelga el teléfono. ¡Será...!


V

Vuelvo a llamar. Por lo visto, me había confundido con… prefiero no decirlo. Hacemos planes poéticos y me habla de una carta aparecida en La Vanguardia.


VI

Son las diez de la noche, pero la Lili, ¡faltaría más!, me dice que me espera con un ejemplar del diario.


VII

La carta es de David Palau. Me emociono, como un flan. A las once hablamos un rato por teléfono y le paso el mail de Cristian Palazzi. Los círculos se cierran según el capricho del destino.


VIII

Bacallà Salat duerme. Y es evidente que todo irá bien. Todo tiene que ir bien.


IX

Las fotos, claro, de hoy mismo.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Postales filosóficas. Freud


Andre von Morisse, Pink Freud

Huarte de San Juan, zoósofo. I

Juan Huarte de San Juan nació en San Juan Pie de Puerto, capital de la Navarra de Ultrapuertos, en 1529, es decir, 17 años después de que Navarra fuera conquistada por Fernando el Católico. Eso explica que estudiara Humanidades en Huesca y Medicina en Alcalá de Henares y acabara en Linares, donde murió en 1588, y donde está enterrado en la iglesia de Santa María.

Su “Examen de ingenios para las ciencias” (Baeza, 1575) hizo de él uno de los autores hispanos más traducidos y editados en Europa. Motivos no le faltan, porque se trata de una obra llena de sutilezas en la que la psicología y la fisiología se entrelazan hasta hacerse inseparables. Y se entrecruzan de tal modo que Huarte se adelanta a no pocas tesis de Locke y Hume.

Pero aquí no nos detendremos en esta cuestión, sino en la zoosofía del insigne navarro.

“La cantidad del cerebro que ha menester el ánima para discurrir y racionar, es cosa que espanta, porque entre los brutos animales ninguno hay que tenga tanto seso como el hombre. De tal manera que si juntásemos los que se hallan en dos bueyes muy grandes, no igualarían con los de solo un hombre, por pequeño que fuese, y lo que es más de notar, que entre los brutos animales, aquellos que se van llegando más a la prudencia y la discreción humana, como es la mona, la zorra y el perro, estos tienen mayor cantidad de cerebro que los otros, aunque en corpulencia sean mayores.”

De esta constatación deriva Huarte de San Juan observaciones jugosas. Por ejemplo, que la cabeza humana pequeña necesariamente es viciosa, porque le falta seso. Pero si la cabeza grande alcanza su tamaño por la mucha abundancia de materia mal sazonada, es fácil que todo sea huesos y carne y poco seso,
“como acontece en las naranjas muy grandes, que abiertas tienen poca médica y la cáscara muy canteruda”.
Huarte no tiene inconveniente en enmendarle la plana al mismísimo Aristóteles si le parece que dice algo contrario a los hechos. Así, si dice (no sé dónde, pero esta es otra cuestión) que ningún animal hay que tenga la cabeza tan pequeña como el hombre respecto a su cuerpo, él le replica: que abra la cabeza de un hombre y verá que los sesos juntos de dos caballos no alcanzan a tener el volumen de los de un solo hombre. Eso es lo que Huarte ha hallado “por experiencia”.

Y guiándose por su experiencia hasta se atreve a señalar las condiciones que ha de tener el cerebro
“para que el ánima racional pueda hacer con él sus razones y silogismos”.

Y hablando de Navarra: Iñaqui, si vienes el viernes, no te olvides del idiazábal tan extraordinario de Baraibar, por Dios te lo pido .

martes, 23 de septiembre de 2008

Augur de los semblantes del privado

En un país como España, tan poco dado a mantener mucho tiempo intactas sus fidelidades, lo normal es que a los encumbrados hoy se los despeñe mañana sin contemplaciones. Por eso es tan raro el caso del capitán Andrés Fernández de Andrada, cuya Epistola moral a Fabio ha atravesado los siglos manteniendo intacta su valoración. Indudablemente, motivos tiene más que sobrados. Se trata de un diamante pulido con una precisión y una naturalidad asombrosa.


Hay sólo una mención a un animal en el poema, pero por ella merece un capítulo privilegiado en nuestra zoosofía:

Más quiere el ruiseñor su pobre nido

de pluma y leves pajas, más sus quejas

en el bosque repuesto y escondido,


que agradar lisonjero las orejas

de algún príncipe insigne, aprisionado

en el metal de las doradas rejas.


Triste de aquel que vive destinado

a esa antigua colonia de los vicios,

augur de los semblantes del privado.

¿Conocéis un endecasílabo más hermoso que este último?


La colonia de los vicios es la Corte y el privado, el consejero o ministro del monarca.


La contraposición de la libertad del ruiseñor con el espíritu servil que anda huroneando sin resuello intentando interpretar antes que nadie el esbozo de un deseo insinuado en la cara del poderoso, no puede ser más expresiva. El poeta en lugar de “rostro” emplea “semblantes” resaltando la fuerza de la comparación., porque el semblante, además de la cara, es el estado de ánimo que se asoma al rostro.


Frente al servil mendicante de los signos del poderoso, el poeta ha trazado en tres versos precisos a su opuesto, aquel

que el corazón entero y generoso

al caso adverso inclinará la frente

antes que la rodilla al poderoso.

Acabo de preguntar si alguien conoce un endecasílabo más hermoso que el “augur de los semblantes del privado” y ya me doy cuenta del exceso. Yo mismo no sabría elegir entre éste y el que concluye el poema:

Ya, dulce amigo, huyo y me retiro

de cuanto simple amé: rompí los lazos.

Ven y sabrás al grande fin que aspiro,

antes que el tiempo muera en nuestros brazos.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Ocata: El final del verano













What are cherished principles for?

It’s not that I don’t believe the situation is dire. It’s not that I want to insist on some sort of ideological purity or free-market fastidiousness. I will stipulate that this is an emergency, and is a time for pragmatic problem-solving, perhaps even for violating some cherished economic or political principles. (What are cherished principles for but to be violated in emergencies?).


Shopenhauer: gatos, asnos y buitres

Shopenhauer es, por derecho propio, uno de los grandes protagonistas de la zoosofía. No hay obra suya en que no aparezcan los más diversos animales. En los Aforismos sobre el arte de saber vivir se encuentran presentes, entre otros, el gato y el asno.

En relación al primero leemos: "Semejante al gato que comienza inevitablemente a ronronear cuando se lo acaricia, también se pinta una felicidad dulzona en el rostro del hombre a quien se elogia."

Y respecto al asno, dice que los hombres que "a causa de sus afaes y anhelos viven sólo en el porvenir", mirando siempre hacia adelante "y esperan con impaciencia los acontecimientos futuros creyendo que les proporcionarán la verdadera felicidad", dejando mientras tanto escapar el presente, se parecen "a aquel asno en Italia cuyo paso se acelera mediante un manojo de heno que pende ante él anudado a una caña sujeta a su cabeza: el asno ve el heno siempre delante y cree que al ir más deprisa llegará a alcanzarlo".

Hay otro animal relevante en esta obra, pero está tomado de unos versos del Fausto de Goethe:

Deja de jugar con la pena

que como un buitre devora tu vida.

Pero este animal me intimida un poco, porque me conduce hasta la "Sorge" alemana y a sus antepasados, la "cura" latina y la "epimeleia" griega. Lo dejaré para otro día.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Strauss, Popper, Voegelin

Para Ferrancab, con sincero aprecio


A Leo Strauss ciertamente no le caía bien Popper. Cuando este último visitó la universidad de Chicago en 1950 para, supuestamente, dar una conferencia, Strauss se puso en guardia. Inmediatamente le escribió a Voegelin: “¿Puedo pedirte que me manifiestes tu opinión sobre Popper? Dio una conferencia aquí sobre el objeto de la filosofía social que fue más que despreciable (…) la más completa incapacidad de pensar racionalmente. Era muy mala.


Los separaba de manera radical la interpretación de la democracia ateniense y para ninguno de los dos era éste un tema meramente histórico, sino que formaba parte del núcleo duro de su filosofía. Popper es heredero de la tradición historiográfica que inició en Gran Bretaña Grote, miembro activo de la Sociedad Utilitarista frecuentada por J. Bentham y J. S. Mill. Fue el primer historiador que intentó seriamente revalorizar a los sofistas, y consideró a Platón y a Jenofonte como los principales responsables de su descrédito. Su propósito fue revalorizar la democracia ateniense precisamente por ser sofística. La consideraba “ejemplo en el mundo antiguo y sin parangón en el moderno”. Para Grote la defensa de la democracia ateniense llevaba aparejada la de los sofistas. Su opinión fue heredada por una línea de pensamiento que podemos representar con los nombres de R.H.S. Crossman, Dodds, Popper y Havelock.


Para Strauss, sin embargo, la filosofía política nace en Atenas con la reflexión platónica sobre la muerte de Sócrates. Su Platón es heredero del de Alfarabi.


Pero el disgusto de Strauss con Popper escondía algo más, algo tan prosaico como las rencillas profesionales. Sospechaba que no había ido a Chicago solamente a dar una conferencia, sino que su verdadero propósito era conseguir una plaza docente. Hizo cuanto pudo para cerrarle el paso.


En su correspondencia con Voegelin no se ahorra adjetivos para despreciarlo. Lo tiene por un positivista tan engolado como incompetente. “No concibo que un hombre así sea capaz de escribir algo digno de ser leído”. La opinión de Voegelin no fue más favorable. Despreció con palabras muy duras “La sociedad abierta y sus enemigos” y, especialmente, la diferencia entre “sociedad abierta” y “sociedad cerrada”, por entender que Popper la había tomado frívolamente de “Les Deux Sources de la morale et de la religión”, sin comprender el significado religioso que tenían en Bergson. “Si la teoría de Bergson sobre la sociedad abierta es histórica y filosóficamente sostenible (cosa en la que creo), entonces la idea de la sociedad abierta de Popper es basura ideológica”. Aunque Voegelin le pide a Strauss discreción con el uso de esta carta, deja bien claro que “sería faltar al deber profesional apoyar este escándalo [es decir la concesión de un puesto docente a Popper en Chicago] con el silencio”.


Strauss hizo el uso que creyó adecuado de esta carta, mostrándosela a quienes tenían competencia para decidir sobre la cuestión. “Usted ayudó a evitar un escándalo”, le agradecerá a Voegelin en una carta posterior.


Como podéis ver, sigo con la zoosofía.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Voltaire se olvida del gato

Me temo que a Voltaire no le gustaban los gatos. Bacallà Salat, sentada aquí, a mi lado, mira lo que escribo sin inmutarse. Los gatos son seres spinozianos, que no se alteran así como así por pequeñeces. Lo suyo es la teoría del Todo. O el Todo o nada.


El caso es que Voltaire le dedica una entrada al perro en su diccionario filosófico presentándolo como “el mejor amigo que pueda tener el hombre” y en este caso –y juraría que sólo en este- se permite una licencia con los mitos: “todo cuanto se refiere de la sagacidad, de la obediencia, de la amistad y del valor de los perros, es prodigioso y debe ser creído”. Él, tal irónico con todo lo prodigioso, parece que no encuentra un halago, por muy hiperbólico que sea, que no se merezca el perro.


Por esta misma razón se enfada un poco con el uso despectivo del término “perro”: “¿Por qué –se pregunta- se ha convertido en una injuria?”. Y añade: “Se dice, manifestando ternura ‘pichoncito mío’, ‘palomita mía’, y cuando estamos incomodados llamamos 'perros' a los que nos molestan”.


Tras repasar diferentes relatos míticos de motivo canino, llega al final de su artículo. Y es entonces, sólo entonces, cuando se da cuenta que su diccionario filosófico ha omitido un artículo sobre los gatos. No sé, no sé... a mi esta licencia me huele a ironía volteriana. En todo caso, lo cierto es que, tras remitir a la historia de los gatos que escribió Moncrif, concluye de la siguiente manera: “Sólo notaremos que no hay gatos en el cielo, como hay cabras, cangrejos, toros, becerros, águilas, leones, peces, liebres y perros”.


Efectivamente, el gato carece de una constelación que lleve su nombre en el cielo, pero eso, a mi modo de ver, no tiene que ver con la pequeñez del gato, que no es pequeño, sino con la del cielo. Bacallà Salat, de hecho, apenas le presta atención.


Tendré que consultar el asunto con Les gates maules.

jueves, 18 de septiembre de 2008

El cabrón

No abundan los animales en el Diccionario filosófico de Voltaire, pero como compensación, las referencias zoológicas son muy sabrosas. Es el caso de la entrada “Macho cabrío”.


Tras recoger diferentes relatos de zoofilia caprina, con practicas brujeriles incluidas, citando las “Disquisiciones mágicas” (1599) del jesuita Del Río, escribe Voltaire:

“no duda de que el diablo se transforma en cabrón y de que no concede sus favores a todas las mujeres que se le presentan. Cita varios jurisconsultos clasificados de demonógrafos, que sostienen que Lutero era hijo de un macho cabrío y de una mujer”.

Tras relatar algún caso más de encuentros zoofílicos y de imaginaciones caprino-demoníacas, concluye de manera optimista señalando que sólo la filosofía “curó a los hombres de tan abominable quimera y enseñó a los jueces que no debían sentenciar a morir entre llamas a los imbéciles”

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Una joya

Ejemplo de masa electoral norteamericana.

“Que Ibarretxe sea una persona decente y Bush un miserable no es solamente una cuestión de suerte, tiene que ver con un hecho crucial: a Ibarretxe, y como a él a cualquier presidente de un país pequeño y cohesionado, lo votan ciudadanos, mientras que a Bush lo vota una masa”.
Albert Pla Nualart, filólogo, hoy en el Avui.

martes, 16 de septiembre de 2008

La lechuza de Minerva

Ediciones Sígueme acaba de editar Reparar el mundo, obra que Emil L. Fackenheim escribió en 1982, y ha tenido la valentía de preservar la dedicatoria original: “A Leo Strauss. In memoriam”. Como ya sabéis que ando liado con la zoosofía, no voy hablar del interesantísimo contenido del libro, sino de un párrafo de la introducción en el que el autor compara filosóficamente la lechuza con el gallo.


La lechuza representa a la sabiduría porque es el símbolo de Minerva (o Atenea) la diosa de la razón que nació, ni más ni menos, que de la cabeza de Zeus. Por otra parte posee unos ojos grandes y penetrantes que le permiten moverse sagazmente por la oscuridad.Pero esto es precisamente lo que le permite a Hegel sospechar de los límites de su sagacidad.


En el prólogo de su Filosofía del derecho escribe una sentencia que será repetida posteriormente miles de veces: “La lechuza de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo”. Quiere decir que ninguna filosofía se puede anticipar al mundo, porque siempre llega tarde al futuro. “Surge en el tiempo después de que la realidad haya cumplido su propósito de formación y se halla realizada”. Según Hegel, la teoría ni va por delante de la vida ni permite que la vida se rejuvenezca, sino que, a lo sumo, le presta la posibilidad de reconocerse en un claroscuro.

Y ahora viene la reflexión de Fackenheim:

“¿Cuál es el lugar del pensamiento en la vida y cuál el lugar de la vida en el pensamiento? Hegel afirma que el pensamiento sólo puede llegar después de la vida y sólo puede comprender lo que ya es; por esta razón el búho de Minerva levanta su vuelo en el crepúsculo. Sin embargo, Marx, Nietzsche y Heidegger (y de acuerdo con algunos rumores también Hegel en al menos una ocasión), afirman que de algún modo el pensamiento precede e incluso ayuda a formar la vida; al igual que un gallo anuncia el nuevo día”.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Agora

Avui al programa AGORA del canal 33 es tornarà a parlar d'educació. El titol del programa és "Retorn a l'escola: educar o ensenyar?". I la pregunta del fòrum és la següent: "L'escola fa poc o som nosaltres que li demanen massa?"
Més informació AQUÍ

Bulgaria en el corazón

Ruja Popova me manda un mensaje lacónico: "Ayer murió Giorgi Kitov. El último caballero de la arqueología búlgara."
Descanse en paz.
Estaré siempre en deuda con él.

La nueva máscara de Kitov

Los últimos hallazgos

Nuevos hallazgos


domingo, 14 de septiembre de 2008

Una humilde propuesta pedagógica

Gracias a Henry Corbin conocemos algunos sorprendentes pensadores musulmanes modernos, como Shaykh Hâij Mohammad Karîm-Khâm Kermânî (1809-1870), que no aparecen en las historias de la filosofía musulmana más conocidas.

De Karîm-Khâm Kermânî lo que me parece más llamativo –aunque ciertamente no es que sea un especialista ni en su obra ni en su vida- es el programa educativo que le impuso su padre, Ebrâhîm-Khaân. Lo instaló en una madraza que había levantado en Kerman que aún es conocida con el nombre de Madrasa-ye Ebrâhîmî, y puso a su disposición unas estancias independientes con personal a su exclusivo servicio, de manera que pudiera dedicarse por completo a sus estudios. El método de trabajo que le impuso era bastante contundente, pero demostró ser eficaz: Debía escribir un libro sobre cada libro que leía. Y añado que la madraza disponía de una biblioteca bien surtida. De esta forma para los catorce años ya había escrito, entre otras cosas, dos tratados, uno de gramática y otro de lógica. Al final de su vida había conseguido escribir una obra enorme, recogida en 260 volúmenes que abarcan todos los campos del saber.

Ando dándole vueltas a la idea de proponerle al Conseller Maragall, que en estos momentos está empeñado en sacar adelante una Llei Catalana d’Educació, que imponga en los institutos catalanes esta metodología. Los escépticos de siempre quizás se atrevan a criticar mi propuesta alegando que no ha sido suficientemente experimentada. Menos experimentado estaba el constructivismo, y lo convertimos en ciencia oficial del Estado cuando se aprobó aquella ley orgànica, de tan amargo nombre, la LOGSE.

Total, por probar...

sábado, 13 de septiembre de 2008

Descartes y la sabiduría de los monos

Como los habituales de este café ya habrán notado, tengo cierta debilidad por el personaje Descartes. De hecho cuanto más lo conozco, mejor me cae y, al mismo tiempo, más me crece la sospecha de que no le acababan de cuadrar las cuentas de su filosofía.

No carece de interés filosófico descubrir que el Descartes que en las Meditaciones metafísicas soñaba que se encontraba vestido junto al fuego de una chimenea, en realidad dormía desnudo. ¿Tendría algo que ver con todo esto el que le diera con frecuencia a la marihuana?

Pero el Descartes que más me gusta es el irónico, y éste no se muestra tanto en sus tratados como en su correspondencia. Un ejemplo bastará para demostrarlo. Se trata de una carta que le escribe el 1 de noviembre de 1644 a Chanut en un momento en que lo estaba hostigando el predicador calvinista Voetius de Utrech.
Ojala hubiera sido tan sabio como al parecer los salvajes consideran a los monos; es decir, los salvajes se imaginan que los monos podrían hablar si quisieran, pero no hablan para que nadie los ponga a trabajar”.
Son palabras que me conducen hasta el lema de Spinoza: “Tacet”.

viernes, 12 de septiembre de 2008

La poesía es un arma cargada de pasado

Uno se despierta con cañonazos

en la mañana de aviones.

Pareciera que fuera revolución:

pero es el cumpleaños del tirano.


Ernesto Cardenal.


jueves, 11 de septiembre de 2008

Ya es de noche en Ocata

Me pregunto cuántos catalanes habrán aprovechado el puente que se ha abierto hoy para coger el AVE e ir a pasar unos días a Madrid. La Vanguardia informa que no para de incrementarse el ritmo de los viajes entre Barcelona y Madrid. Obviamente, por algo será. Yo, en cualquier caso, ahora que se acaba un día repleto de actos oficiales, quiero rendirle un pequeño homenaje a la cultura catalana con este hermosísimo poema de Gabriel Ferraté:

CAMBRA DE LA TARDOR

La persiana, no del tot tancada, com
un esglai que es reté de caure a terra,
no ens separa de l’aire. Mira, s’obren
trenta-set horitzons rectes i prims,
però el cor els oblida. Sense enyor
se’ns va morint la llum, que era color
de mel, i ara és color d’olor de poma.
Que lent el món, que lent el món, que lenta
la pena per les hores que se’n van
de pressa. Digues, te’n recordaràs
d’aquesta cambra?

El Archiduque Carlos de Austria entra en Madrid

La mañana del 28 de septiembre de 1710 el Archiduque Carlos de Austria entró en Madrid, donde ya comenzaba a ser distinguido con el apodo de “El Rey Duende”. Accedió a la ciudad por el Retiro y salió por la Puerta Verde en dirección a Atocha, donde tenía intención de oír misa antes de dirigirse al Alcázar. El día anterior se había dado orden a los madrileños de que regaran el trayecto y engalanaran sus balcones, pero no hicieron ni una cosa ni la otra. Dudaban, además, de la devoción del austriaco a la Virgen de Atocha, pues pocos días antes, cuando Stanhope entró en Madrid, habían sido robadas todas las banderas del santuario. Incluso circulaban coplillas sobre este hecho. Mientras accedía a la ciudad las campanas “más parecían doblar que repicar”, cuenta un cronista de lo sucedido.

Carlos recorría el trayecto montado en un caballo blanco y vistiendo traje negro, sorprendido por el silencio de los madrileños y la completa ausencia de motivos decorativos. Apenas había gentes en las calles. Muy pocos estaban asomados a los balcones. La subida hasta la plaza de Santa Cruz se hacía interminable en estas circunstancias. La Plaza Mayor estaba también vacía. Tras recorrerla en silencio, murmuró: “Esta ciudad está desierta”. Al embocar la Calle Mayor, no pudo resistir por más tiempo el espectáculo de la ausencia de espectáculo y sin llegar a la Virgen de Atocha, donde la Capilla Real lo esperaba para entonar un Tedeum, dio la orden de regresar. Y así, sin ver siquiera el Alcázar, abandonó la ciudad en la que quería asentar su corte.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Education at a glance 2008

La mayoría de los medios se hace hoy eco con grandes alardes de sorpresa (de una sorpresa efímera, evidentemente) del último informe de la OCDE, "Education at a glance 2008". La "nota técnica" que el informe le dedica a España merece ser leída con atención. Los datos están recogidos también de manera sumaria en un PowerPoint. Ya me perdonaréis por volver a hurgar en la herida, pero es que la realidad, como pone de manifiesto el gráfico que os adjunto, es tan contundente que resulta difícil de obviar.



martes, 9 de septiembre de 2008

Mir Damad nuestro, que estás en los cielos

Cuando el filósofo neoplatónico persa Mir Damad murió, fue, como todo ser humano, interrogado por los ángeles Nâkir y Monkir, que le hicieron las preguntas de rigor: "¿Cuál es tu fe?", "¿En que Dios has creído?”. Mir Damad no respondió de la manera esperada. Confesó que sólo había tenido un dios, Ostoqos-al ostoqsât, es decir, «El elemento de los elementos». Los dos ángeles quedaron estupefactos. Una respuesta así no tenía precedentes en los anales celestiales, así que decidieron consultar del caso directamente con Dios. Éste, que estaba perfectamente al tanto de lo ocurrido, les dijo: “Toda su vida ha tenido ideas tan raras que ni yo mismo las he entendido. Pero es un hombre justo y bueno. Es digno de entrar en el Paraíso".

Vigencia de Santayana


Estoy leyendo los Diálogos en el limbo de Santayana y me vuelvo a encontrar con su escritura elegante y precisa y con la plena vigencia de su pensamiento. Con la necesidad que tenemos de maestros, ¿cómo es que despreciamos con olímpica ignorancia a los que de verdad pueden enseñarnos? No lo sé. Y tampoco me propongo adivinarlo. Me conformo con disfrutar de la inteligencia de este filósofo cabal, de la que os ofrezco una muestra a continuación.

Una vez el mundo entero era un jardín en que un niño tierno y rubio, que se llamaba Autólogos, jugaba y parloteaba a solas. Había por cierto una anciana que cuidaba el jardín, una diosa disfrazada; pero vivía en una cueva y sólo salía de noche, cuando el niño estaba dormido, porque, como el murciélago y el astrónomo, veía mejor en la oscuridad. Tenía una afilada podadera puesta en una larguísima pértiga, con la cual podaba silenciosamente todos los árboles y arbustos del jardín, hasta las ramas más altas, cortando los vástagos muertos y haciendo caer nubes de hojas secas; y muchas veces, murmurando para sí misma agrias palabras ininteligibles, cortaba una flor, o bien un capullo, de suerte que el niño al despertar los echaba de menos y no podía imaginar qué había sido de ellos. Ahora bien, el niño, jugando, ponía nombre a todas las cosas que le agradaban o desagradaban; y a la rosa la llamaba Belleza, y al jazmín Placer, y al jacinto Dulzura, y a la violeta Tristeza, y al cardo Dolor, y al olivo Mérito y al laurel Triunfo, y a la vid Inspiración. Gran contento le daban todos estos nombres, y tanto aumentaba su interés hacia esas flores y plantas, que pensaba que tales nombres eran sus almas. Pero un día, habiéndose herido con las espinas de una rosa, le cambió el nombre por el de Amor; y esto lo movió a pensar por qué había puesto aquellos nombres determinados a cada cosa más bien que otros totalmente distintos; y el niño empezó a sentirse más viejo. Estaba rumiando este problema, y había dejado de jugar, cuando entró en el jardín un hombre envuelto en un manto negro. Era un botánico y dijo: “Poco importa qué nombres les des a las flores, porque ya tienen nombres científicos que indican sus verdaderos género y especies; la rosa no es más que una rosa, y no es Belleza ni Amor; y así todas las otras flores. Son simplemente flores y plantas, y no tienen alma”. Al oír esto el niño empezó a llorar, con gran fastidio del botánico, a quien, como era hombre ocupado, le disgustaba la emoción. “Al fin y al cabo”, agregó, “ess nombres tuyos no harán daño alguno, y puedes seguir usándolos si quieres, pues son más hermosos que los que describen verdaderamente las flores, y mucho más cortos; y si la palabra alma te es particularmente preciosa, hasta puedes decir que las plantas y flores tienen alma: sólo que, si deseas ser un hombre y no siempre un niño, debes comprender que el alma de cada flor no es más que un nombre para su modo de vida, que indica cómo despliega sus pétalos por la mañana y los cierra acaso por la noche, como tú los ojos. Nunca debes suponer que, porque la flor tenga alma, esta alma haga otra cosa que lo que veas hacer efectivamente a la flor”. Pero el niño no se consoló, y cuando el viento hubo secado sus lágrimas, contestó: “Si no puedo dar a las plantas y flores hermosas nombres que sean en realidad sus almas, y si no puedo contarme a mí mismo cuentos verdaderos acerca de ellos, no jugaré más en el jardín. Y puedes quedarte con todo él y ponerte a herborizar, pero te odio”. Y el niño se fue a dormir esa noche muy acalorado y enfadado. Entonces, tan silenciosa como la reptante luz de la luna, la vieja salió de su cueva y fue derechamente al lugar en que el niño dormía y dándole un gran tajo con su podadera le cortó la cabeza; y se lo llevó a la cueva y lo enterró bajo las hojas que habían caído esa misma noche, que eran muchas. Cuando a la mañana siguiente volvió el botánico y vio que el niño se había ido, se quedó muy perplejo, “¿A quién –se decía- le voy a enseñar ahora botánica? Ahora no hay nadie a quien le interesen las flores, pues yo no soy más que un profesor, y si no puedo enseñar a nadie los nombres exactos de las flores, ¿para qué me sirven las flores a mi?”. Tanto le agobió al pobre esta idea, que perdió el conocimiento por completo, y como, ante todo, estaba muy marchito, pronto quedó reducido a unos duros tendones y huesos, como los nervios de una hoja seca; y aun esos restos no tardaron en desmenuzarse, y así se evaporó del todo. Sólo quedó su manto negro, para delicia del trapero. Pero la diosa en forma de vieja siguió podando el jardín y no pareció que cambiara en nada sus costumbres por la muerte del niño y el botánico.

Francia y nosotros

Conviene escribir de aquello que no acabamos de entender porque frecuentemente escribiendo nos vamos entendiendo.  Creo que todos tenem...