martes, 29 de julio de 2008

Memorias de Devil Dog Road

Esta mañana, mientras amanecía, hemos recorrido la Devil Dog Road y nos hemos parado a desayunar en un lugar singular, un amplísimo edificio de madera regido por una india Hualapai muy amable, en el que se acumulaban toda clase de objetos, sin orden alguno. Una especie de almacén de su memoria familiar. Mi agente provocador, siempre sensata, ha pedido tostadas, mantequilla y mermelada. Yo, más dado a jugar a la ruleta rusa, me he dejado seducir por unos huevos rancheros. ¡Dios mío! Picaban como si hubiesen sido cocinados por el mismísimo diablo. Pero como a mi me enseñaron en casa que nunca hay que dejar nada en el plato, y que lo que se pide, se come; he tenido que desayunar entre lágrimas.

Al despedirnos la india nos ha preguntado a ver si éramos de Bilbao. Ha sospechado en nuestro acento una cierta familiaridad con el de un par de bilbaínos que unos días antes habían desayunado (y por lo visto, de manera muy muy generosa) en el local. Por lo que he podido entender, uno de ellos dio una especie de míting etílico defendiendo (prejuicio obliga) que los Estados Unidos están bien, pero que nada como Bilbao. La india sospechaba que por muy maravilloso que fuera Bilbao no podía haber nada en el mundo superior a Las Vegas y, aquí está la clave del asunto, quería saber nuestra opinión: ¿Bilbao o Las Vegas?

Difícil dilema, sin duda, pero como yo tenía la lengua ardiendo no he tenido reparos en defender una tercera opción: la de Ocata. Lo he hecho, obviamente, con lágrimas en los ojos.

Creo que la india hualapai ha llegado a la conclusión de que los que hablan como los de Bilbao son gentes de poco fiar, porque se dejan llevar con demasiada facilidad por el entusiasmo de una lengua naturalmente dada a la excitación.

Hemos seguido el viaje hasta enlazar con la mítica Ruta 66. A medida que la euforia de los huevos rancheros se ha ido desvaneciendo, me ha ido inundando un profundo sentimiento de bienestar. La felicidad debe ser muy semejante a ese estado que se ha apoderado de mí mientras conducía, sintonizando las mil emisoras ortodoxamente fieles al rock clásico, con mi agente provocador al lado y esa naturaleza inabarcable y dramática en el horizonte. De vez en cuando nos adelantan grupos compactos de moteros. En torno a Peach Spring se han hecho omnipresentes. Son hombres y mujeres ya entrados en años. Muchos superan claramente los sesenta. Recorren las carreteras disfrutando pausadamente, a sorbos, la música coral de sus Harleys y embozados en toda la parafernalia de su mitología, sin faltarles detalle. No negaré que la primera vez que te encuentras en la carretera rodeado por treinta moteros, la cosa impone. Pero es fácil descubrir que son buena gente, unos estetas del camino.

domingo, 27 de julio de 2008

Obama

Obviamente no tengo manera de saber quién ganará las próximas presidenciales norteamericanas, si Obama o McCain. Pero a lo largo de estos días por los Estados del Sudoeste (California, Nevada, Utah, Colorado, Nuevo México y Arizona) sí que he podido constatar unas cuantas cosas:

1. El electorado de Obama muestra sin reticencias su opción, mientras que el de McCain es más reservado. No es infrecuente encontrarse en las casas carteles de apoyo a Obama; es rarísimo encontrárselos de apoyo a McCain. Esto es muestra de una cierta efervescencia electoral obamista, pero de difícil evaluación.

2. Por muy extrovertido que sea el partidario de Obama, no suele salir a la calle con camisetas partidistas. Si uno se encuentra con alguien llevando una camiseta de Obama es muy, muy probable que sea un turista europeo (lo he comprobado una y otra vez: predominan los franceses).

3. Los electores de Hillary Clinton no se acaban de fiar de Obama. Y aquí se encuentra buena parte del electorado obrero blanco tradicional de los demócratas. Se da por hecho que un número importante acabará optando por McCain.

4. Los católicos y, especialmente, los latinos, parecen mirar con más simpatías a los republicanos (los latinos le deben mucho a Bush) que a Obama. La batalla por el voto católico será decisiva. Y no la está ganando Obama.

5. Obama necesita mostrar que no es cautivo del electorado negro si quiere romper esta dinámica. Y este es un juego muy, muy peligroso. Últimamente introduce en sus discursos críticas de carácter psicológico (más que social) hacia, por ejemplo, la falta de responsabilidad de los hombres negros. Esta conducta, que los analistas interpretan como un giro hacia el centro, está removiendo las aguas, hasta hace poco unánimes, de sus partidarios afroamericanos. El singular Reverendo Jackson se ha apresurado a despellejarlo. Dice que ahora está pensando como un blanco.

6. En cuanto a las propuestas políticas de Obama, su postura respecto a Irak me parece escandalosamente demagógica. También Bush desearía irse pronto de Irak, pero, evidentemente, se resiste a establecer una fecha de retirada para no dar ventajas al enemigo. Todos saben que en un futuro inmediato hay que dedicar más tropas a Afganistán e ir retirando las de Irak, porque el país está cada vez más tranquilo y el ejército irakí se muestra dispuesto a asumir las tareas del americano. Al hacer bandera de la retirada de Irak, Obama no demuestra ningún valor político, sino oportunismo.

7. Mención especial merece la relación de los europeos (de algunos europeos) con Obama. ¿Se habrán leído sus partidarios de este lado del Atlántico su programa social? Imagínense que un político europeo propusiera que el medio idóneo para distribuir las ayudas sociales estatales no es el Estado, sino las iglesias. ¿Se imaginan a Rajoy proponiendo esto? Evidentemente lo despellejaríamos vivo, con mucha más saña que la empleada por Jackson para despellejar a Obama. Pues esto mismo es lo que propone Obama, y sin embargo es recibido como “uno de los nuestros”. No me preguntéis por qué.

8. Obama se presenta en Europa como un cosmopolita, un ciudadano del mundo. Y en Europa se le aplaude la extravagancia. Si es así, debería presentarse a Secretario General de la ONU, no a presidente de un país que necesita gestionar sus propios intereses de manera polémica -como todos- en el concierto (más bien desconcierto) mundial.

9. Claro que los americanos van a elegir presidente de su país pensando en sus intereses, no en nuestros prejuicios. Y es aquí donde el nacionalismo (exactamente igual que como ocurre en cualquier país europeo) juega un papel esencial. Y respecto al nacionalismo, no hay duda: el comodín lo tiene McCain.

10. No creo que en lo que hace referencia a las cuestiones sociales McCain sea más derechas que Obama. En educación, por ejemplo, me parece más socialdemócrata. Tampoco me parece que sea un halcón en política exterior. Los apoyos que ya tiene decididos parecen menos volubles que los de Obama y, según dicen, su margen de crecimiento electoral es mayor. Pero de esto yo sé más bien poco. Lo que si sé es que los técnicos de Obama no acaban de creerse que aún no se haya despegado de McCain.

11. Si, finalmente, McCain sale ganador, el New York Times tendrá que sobreponerse, de nuevo, a sus frustraciones. Más o menos como los europeos. El diario neoyorkino seguirá sin entender que la intelectualidad que apoya a sus candidatos (a los candidatos del New York Times) no se caracteriza precisamente por su capacidad para arrastrar votos (aunque pueda proporcionar mucho dinero). Y en Europa seguiremos sin perdonar a los americanos que a la hora de elegir a su presidente piensen exclusivamente en sus intereses y no en nuestras ilusiones. A nosotros, de verdad, lo que nos gustaría es que nos nombrasen senadores vitalicios del Senado de los Estados Unidos con derecho a veto. Pero los americanos siguen empecinados con su "we, the people" y en sentirse tan orgullosos de su bandera. Y os contaré un secreto a voces: parece que donde se está dirimiendo, de verdad de verdad, la campaña electoral es en los ojales de las americanas de los candidatos. Préstenles ustedes suma atención. Un entendido en las cosas mediáticas me aseguró en Los Ángeles que cuando Richard Nixon batió a McGovern en las presidenciales de 1972 , los pins jugaron un papel decisivo. Mientras los ojales de las chaquetas de los demócrates estaban vacíos, los de los republicanos llevaban, TODOS, un pin con la bandera norteamericana. "Y ese fue el mensaje decisivo".

viernes, 25 de julio de 2008

Cielos de América

Aunque ciertamente el cielo es la patria común de todos los nefelibatas, no hay duda de que Abelunimbus es su gran sacerdote (los nefelibatas practicamos un misticismo nebuloso y ferviente que puede manifestarse o en éxtasis de quietud sublime o en espasmos de agitación entusiasta). Pensando en Abelunimbus y motivado por su comentario en el post anterior, ahí van algunas imágenes de nuestra patria común en los Estados Unidos.









El desierto inundado tras la tormenta




Kay Ryan

Dos poemas más de este poeta que acabo de descubrir, Kay Ryan, una voz singular, diferente, casi de un outsider, que saber observar la cotidianidad con una mirada tan finamente irónica que la convierte en lírica. No me siento tan osado como para traducirlos.

Expectations

We expect rain
to animate this
creek: these rocks
to harbor gurgles,
these pebbles to
creep downstream
a little, those leaves
to circle in the
eddy, the stains
and gloss of wet.
The bed is ready
but no rain yet.


Paired Things

Who, who had only seen wings,
could extrapolate the
skinny sticks of things
birds use for land,
the backward way they bend,
the silly way they stand?
And who, only studying
birdtracks in the sand,
could think those little forks
had decamped on the wind?
So many paired things seem odd.
Who ever would have dreamed
the broad winged raven of despair
would quit the air and go
bandylegged upon the ground,
a common crow?

martes, 22 de julio de 2008

Un pollo en la City Lights

La City Lights tiene tres pisos. En el sótano, que es como una caverna, está -como ha de ser- la filosofía y por allí todos andamos a tientas (tiene, de hecho, algo de cuarto oscuro), y en las alturas, obviamente, reina la gloria in excelsis de la generación beat al completo. Subí, baje, me detuve en las escaleras, arrancándoles gemidos a las viejas tablas desgastadas del suelo, buscando algo auténtico tras las cortinas o las puertas que no llevaban a ningún sitio... o quizás sí, al bar Vesuvio, que está al lado, a donde se va a comulgar el alcohol de los poetas muertos.
No oí ningún "Aullido", ni sentí los pasos de Kerouac a mis espaldas... pero no todo fue silencio. Un pollo tuvo la culpa de que aquella procesión degenerara en un pequeño parricidio poético. Un pollo que no paró de picotearme las puntas de los zapatos hasta que le retorcí el cuello y me lo metí en el bolsillo de la americana:
The chickens
are circling and
blotting out the
day. The sun is
bright, but the
chickens are in
the way. Yes,
the sky is dark
with chickens,
dense with them.
They turn and
then they turn
again. These
are the chickens
you let loose
one at time
and small-
various breeds.
Now they have
come home
to roost -all
the same kind
at the same speed.
Los versos, que no sé si os gustarán -a mi, mucho- son de Kay Ryan un poeta laureado en los Estados Unidos del que yo no había oído hablar ni pío. Ya, obviamente, no puedo decir eso. Si hay alguien interesado, el poema se encuentra en un poemario titulado "The Niagara River", editado por Grove Press en 2005.

domingo, 20 de julio de 2008

En la City Lights

He esperado al atardecer del vierner para presentarme en la City Lights Bookstore de San Francisco a dialogar con las sombras de Kerouak, Corso y Ferlinguetti. En realidad hemos hablado poco, pero la emocion ha sido muy intensa. Lo confieso... soy un mitomano irredento.

lunes, 14 de julio de 2008

Zabriskie Point

Llovia en Zabriskie Point (alguien recuerda?). En todo el Valle de la Muerte estaba lloviendo. Llovia tanto que las carreteras se han inundado y para llegar a Bishop hemos tenido que dar mil vueltas. Que nubes! Y que perfume el que emana la tierra del desierto al empaparse de lluvia!

jueves, 10 de julio de 2008

Steve Manniel, el navajo

Pido perdon por el redactado. Escribo a tod aprisa en un ordenador sin acentos y sin la consonante espanola que viene despues de la "n".
Estaba sentado esta manana en la terraza del restaurante mexicano La Fiesta, en Page, Arizona. Se me habia roto el pantalon por la parte de la verguenza al irme a atar los cordones del zapato. Ya sabeis, "crassshhh!". Mientras mi mujer iba a ver si me encontraba algun apano por las tiendas proximas, yo me dedicaba a leer el "Lake Powell Chronicle". Si no tuviera miedo a perderme, os contaria el eco que tiene Cristol entre la prensa de los navajos. Pero a lo que iba. Estaba yo sentado sobre el siete vergonzante de mis pantalones mientras un camarero, un mexicano emigrado, me servia amablemente un te helado. Al ver que era espanol, ha comenzado a interesarse por las cosas de Espana. En especial queria asegurarse de que era cierto lo que le habia asegurado una amiga de Jaen a la que conocia a traves de internet. Le habia jurado y rejurado que en Espana se podian ganar hasta diez euros a la hora simplemente cuidando ninos. Es que Espana es el Dorado?
Han aparecido nuevos clientes y el camerero ha tenido que atenderlos. Asi he podido continuar la lectura del Lake Powell Chronicle. Al dar con un articulo interesante he comenzado a escribir en los margenes del diario algunas ideas que me han asaltado. Y entonces es cuando ha aparecido Stevie Manniel, un indio navajo que se ha sentado a mi lado.
Un indio navajo, me apresuro a decir, nada epico. Nada que ver con los que tanto ha ennoblecido el cine. Estaba borracho, cosa nada infrecuente entre los navajos. Queria saber si yo era un novelista. Y como la idea me ha parecido sugerente, no he querido decepcionarlo Entonces me ha sugerido que le hiciera varias fotos, por si necesitaba describir un indio navajo en la novela que escribia entre los margenes de los periodicos. Se la he hecho.
He visto enseguida que lo que queria era dinero y para desanimarlo le he ensenado el estado de mi pantalon. El ha replicado que ese siete era la prueba de que tenia dinero, porque solo los ricos se atreven a salir a la calle de cualquier manera. El argumento me ha parecido tan bueno que le he dado diez dolares, escandalizando al camarero mexicano, que desde el otro extremo de la terraza me hacia senas indicandome que estaba loco (el indio, se sobre entiende).
Hemos hablado de muchas cosas, pues no en vano llevo varios dias recorriendo la inmensa reserva de los navajos. Al decirme que se apellidaba Manniel, he entendio Manuel y le he dicho "como Manuelito". Y al oir el nombre del indio rebelde, Manniel se ha echado a llorar, dejandome en una situacion incomoda, convertido en el centro de la terraza. El camarero mexicano continuaba con sus senas.
Manniel me ha contado su vida. Es lo que tienen algunos borrachos, que en cuanto les das confianza, te sueltan el rosario interminable de sus penas. Y, sobre todo, ha insistido en asegurarme que no todos los navajos son como el.
Inmediatamente he recordado la carretera que conduce de Cortez a Shiprock, a la entrada en el territorio navajo por el norte, desde Utah. Esta repleta de senales que aconsejan llamar a un telefono determinado en cuanto se vea a un conductor borracho. Cosa bien prudente, porque los navajos conducen unos todo terrenos descomunales, que parecen naves espaciales. Os podria hablar de una abuelita en Sheep Sping...
Sin duda todos los navajos no son asi. Los de los Montes Chuske, por ejemplo, parecen vivir en la Acadia. Steve lo ha reconocido, se ha levantado, me ha dado un fuerte, muy fuerte apreton de manos, y se ha ido. Pero para la sorpresa de todos los que estabamos en la terraza, tras dar un par de pasos, se ha vuelto. Me ha pedido el boligrafo y ha escrito su nombre y su direccion en un margen de periodico. Por la novela, claro.
Poco despues han aparecido un par de muchachas italianas. Como la terraza estaba llena, me han solicitado permiso para sentarse en mi mesa, cosa a la que obviamente he accedido. A los cinco mitutos se ha presentado mi mujer con unos pantalones que le habian costado un dolar y medio.
Le he tenido que ensenar las fotografias de Steve Manniel para convencerla de que lo de las italianas era una cosa completamente residual.

lunes, 7 de julio de 2008

Viva San Fermin

Desde Escalante, en la frontera entre Utah y Arizona, rodeado de mormones, gente sensata que cree que mientras un hombre le de a su mujer todo el amor que necesita, no debe desperdiciar ni una gota si hay sobrante... Con la falta de amor que hay en este mundo... He venido a un pueblecito que se llama Antinomia. Pero en Antonomia no hay conexion de internet. Como podreis ver en Escalante si hay, pero no se como poner acentos. En fin, que solo me acerco por aqui para dejar constancia de una conclusion obvia: En los Estados Unidos tienen naturaleza mientras que en Europa solo tenemos paisajes. Y esta obviedad creo que explica alguna cosa.
Si tuviera tiempo os contaria tambien con que pasion se vivio la final de la copa de Europa en Los Angeles. Pero me esta esperando una tarta de manzana de las de verdad con una tonelada de helado encima.
Y, evidentemente, Viva San Fermin

Yo quisiera ser vago...

En El Subjetivo