sábado, 23 de diciembre de 2006

Postcristianismo

Al primero que le oí decir que vivimos en tiempos postcristianos fue ni más ni menos que a Felipe González, hace ya bastantes años, poco después de abandonar el gobierno, y en un lugar bien curioso: en la sede de la Comunidad de San Egidio, en la Plaza de Padró, en Barcelona, al lado del obispo auxiliar de la ciudad. La tesis de F.G. era que en España más que ateísmo lo que había era un proceso agudo de postcristianismo. Después me he ido encontrado esta expresión por aquí y por allí en diferentes lugares y he acabado por hacerla mía.

Mi tesis es la siguiente: Así como otros más sofisticados –los franceses, por ejemplo- pueden permitirse el lujo de ser postmodernos, ya que alguna vez fueron modernos, en España a lo más que llegamos es a ser postcristianos. Sería un poco ridículo sentirse postmoderno tras cuarenta años de franquismo.

¿Y sabéis qué? ¡Pues que ha acabado por no parecerme mal!

En primer lugar el concepto de “postcristianismo” se refiere a un mero acontecimiento: la presencia masiva de personas que fueron educados, a su vez masivamente, en el cristianismo y que hoy no pueden hacerse cargo de la fe de sus padres. Por eso han decidido que no transmiten a sus hijos la fe que ellos recibieron con el pecho materno. Evidentemente los motivos para este cambio de actitud son muy numerosos, pero no voy a entrar en ellos.

En segundo lugar este fenómeno del postcristianismo abre también una posibilidad: La de volver a ser cristianos. No sé si cabalmente católicos, pues hasta los mismos católicos parecen dudar de seguir siéndolo. “Católico” es un término que procede del griego “cat’holos”, que significa “para todos”. Pero me parece ver abundantes indicios de que el catolicismo ha perdido su voluntad misionera. Es como si temiera ser tachado –él también- de eurocentrista, expansionista o cosas peores. No me imagino al papa en Estambul emulando a san Pablo.

A lo que iba: El postcristianismo nos permite la recuperación (también por muy diversos motivos) no tanto de la fe perdida como de una cierta actitud estética (y por ello vital) que podemos llamar cristiana. Esta vuelta al cristianismo sin pasar ni por la re-conversión, ni por el catolicismo, ni por un apostolado especialmente ferviente podría entenderse como una “teshuvá” laica.

Ahora bien, igual sólo estoy hablando por mí mismo y a vosotros os parece que no digo más que tonterías.

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Magnífico día, el de ayer en Valencia. Creo que esta es una ciudad en la que podría vivir. Cordialidad y agotamiento, pero ese agotamie...